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¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

¡AUXILIÓ! Soy Un Ceo, No Un Papá

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / CEO / Romance / Completas
Popularitas:392.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

Ethan Vance lo tenía todo: millones en el banco, trajes de diseñador a medida y una lista interminable de mujeres hermosas dispuestas a pasar la noche con él. Su vida era perfecta, libre de compromisos y, sobre todo, libre de niños. Para Ethan, los bebés eran "pequeñas alarmas ruidosas que arruinaban la diversión".
Pero el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido.
Una madrugada, tras una noche de fiesta descontrolada, Ethan regresa a su lujoso penthouse y encuentra un paquete inesperado junto a su sofá: una canasta de mimbre con una bebé de pocos meses y una nota que cambiará su vida para siempre.
El hombre que es capaz de cerrar tratos multimillonarios con una sola mirada, ahora está al borde del colapso nervioso porque no sabe cómo abrir un pañal autoadhesivo y su costosa camisa de seda acaba de ser bautizada con saliva (y algo peor).

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

A las siete y media de la mañana, el sol ya se colaba sin piedad por los enormes ventanales de vidrio del penthouse, iluminando las manchas de leche seca en el suelo y el desastre de pañales gigantes. Ethan Vance ni siquiera se había quitado los zapatos de charol. Tenía los ojos inyectados en sangre, la corbata deshecha y el cerebro funcionando a media máquina debido a la falta de sueño.

Frente a él, en el sofá de tres mil dólares, el bebé estaba profundamente dormido, emitiendo pequeños silbidos con su nariz gorda, flotando dentro del pañal talla seis que le cubría la mitad del pecho.

—Muy bien, mini-persona. Llegó la caballería —anunció Ethan con la voz ronca, sosteniendo el teléfono en la oreja.

Había decidido que la burocracia era la mejor solución para sus problemas. Si se encontraba una billetera en la calle, se entregaba a las autoridades. Un bebé no debería ser diferente.

Veinte minutos después, el timbre de su ascensor privado sonó. Al abrirse las puertas, dos oficiales de policía de la ciudad entraron al apartamento. El oficial principal, un hombre gordo y con bigote llamado Ramírez, miró a su alrededor con una mezcla de sorpresa y sospecha. El segundo oficial, más joven, sostenía una tabla con una planilla de reportes.

—¿Señor Vance? —preguntó Ramírez, mirando el traje italiano maltratado de Ethan y la mancha sospechosa en su pecho—. Recibimos su llamada sobre un presunto abandono.

—Gracias a Dios que llegaron —suspiró Ethan, señalando el sofá con ambas manos—. Ahí está. Alguien lo dejó en mi puerta dentro de una canasta a las cuatro de la mañana. Tiene una puntería terrible para los pañales y usa un tono de voz que viola las leyes de convivencia del edificio. Llévenselo a... no sé, a una suite gubernamental o lo que sea que tengan para estos casos.

Ramírez se acercó al sofá, miró al bebé astronauta y luego miró a Ethan con los ojos entornados.

—¿Y usted no sabe de quién es? ¿Ninguna ex novia? ¿Ningún familiar? —preguntó el oficial, sacando un bolígrafo.

—Oficial, mi lista de contactos tiene demasiadas páginas como para ponerme a adivinar —respondió Ethan, frotándose las sienes—. Solo quiero que se aplique la ley. Yo pago mis impuestos para que el Estado se encargue de estas cosas.

El oficial joven se acercó con una manta térmica gris, bastante gastada y con aspecto áspero, de esas que usan en las ambulancias. Se inclinó sobre el sofá y, sin mucha delicadeza, comenzó a levantar al bebé de la canasta para envolverlo. El movimiento tosco hizo que el niño se despertara de golpe, soltando un quejido asustado antes de fijar sus ojos gigantescos en la cara seria del policía.

Al verse fuera de su entorno y en manos de un extraño con uniforme oscuro, el bebé estiró sus manos diminutas hacia el aire, buscando desesperadamente algo conocido. Y lo único conocido en esa habitación era el hombre con olor a leche evaporada y traje arruinado.

El bebé miró a Ethan y soltó un llanto desgarrador, pero no era el grito de guerra de la madrugada; era un llanto de pánico puro, de desamparo.

A Ethan se le congeló la sangre en las venas. Un tirón violento e inexplicable le golpeó directo en el centro del pecho, como si un cable invisible lo uniera a esa criatura. Ver la manta gris y áspera cubriendo la piel del bebé y notar la indiferencia con la que el oficial joven lo sostenía bajo el brazo, como si fuera un paquete de correo confiscado, le revolvió el estómago.

—Un momento —dijo Ethan, dando un paso al frente de golpe. Su voz ya no sonaba cansada; sonaba como el CEO implacable que destruía corporaciones antes del almuerzo—. Suéltalo.

El oficial joven se detuvo, confundido, sosteniendo al bebé en el aire.

—¿Disculpe? —preguntó Ramírez, dándose la vuelta.

—Dije que lo bajes —ordenó Ethan, colocándose entre el oficial y el sofá, arrebatándole al bebé de las manos con una brusquedad que sorprendió a los dos policías.

Apenas el niño sintió el contacto con el saco maltratado de Ethan, se aferró con sus dedos diminutos a la solapa de la camisa y escondió la cara gorda en su cuello, calmando el llanto en un segundo y dejando salir un suspiro tembloroso.

—Señor Vance, tenemos que proceder con el protocolo —explicó Ramírez con tono cansado, cruzándose de brazos—. Es un menor sin identificación hallado en propiedad privada. Tenemos que llevarlo a la comisaría central para el reporte médico y luego pasará a un hogar de tránsito estatal hasta que Asuntos Infantiles decida su situación. Podrían ser semanas, meses o años si nadie lo reclama.

—¿Un hogar de tránsito? —Ethan miró al oficial, sintiendo una furia fría recorriéndole el cuerpo—. ¿Me está diciendo que lo van a meter en una celda de bebés o en un hospicio público? Mírenlo, apenas mide medio metro. No va a sobrevivir a la burocracia de este país.

—Aunque usted no quiera, señor, no podemos dejárselo —sentenció Ramírez, dando un paso adelante—. Es la ley. Usted mismo llamó reportando que no es suyo y que no lo quiere aquí. No tiene ningún derecho legal sobre el menor. Si se lo dejamos, estaríamos cometiendo una negligencia grave. Así que, por favor, entregue al niño.

El oficial joven extendió los brazos para volver a tomarlo, pero Ethan dio un paso atrás, abrazando al bebé contra su pecho con una fuerza protectora que ni él mismo sabía de dónde había salido. El instinto primitivo de propiedad y defensa se había encendido en su cerebro. Nadie tocaba lo que estaba bajo su techo. Nadie.

—Dije que no —siseó Ethan, entornando los ojos—. El apartamento es mío, la canasta es mía y el aire que respira este niño ahora mismo lo pago yo.

—Señor Vance, no nos haga ponernos difíciles. Usted no es el padre. No puede quedarse con un bebé que apareció de la nada solo porque le dio lástima de último minuto —insistió Ramírez, tocando el borde de su esposas en el cinturón—. Si se interpone en el protocolo, tendré que arrestarlo por obstrucción a la justicia.

Ethan soltó una carcajada seca, esa risa peligrosa que usaba en las mesas de negociación cuando estaba a punto de quebrar a su rival.

—¿Arrestarme? Oficial Ramírez, mi bufete de abogados tiene más empleados que toda su delegación policial. Si ustedes se llevan a este niño a un hogar de tránsito sin investigar primero el sobre que dejaron en la canasta, mañana mismo los demando por negligencia institucional, violación de propiedad privada y estrés emocional.

Ramírez miró el sobre blanco que seguía sobre la mesa. Luego miró la postura firme de Ethan, que parecía un guerrero defendiendo su territorio a pesar de estar cubierto de saliva y talco. El oficial mayor suspiró, sabiendo que lidiar con un multimillonario terco a las ocho de la mañana era la peor forma de empezar el turno.

—Está bien, Vance. Jugemos bajo sus reglas por unas horas —dijo Ramírez, señalándolo con el bolígrafo—. Vamos a dejar que un médico privado venga a revisarlo aquí mismo bajo su responsabilidad. Le damos veinticuatro horas para que sus abogados presenten una solicitud de custodia temporal o una prueba de que ese sobre lo vincula con el niño. Pero si mañana a esta hora no hay papeles legales sobre mi escritorio, me llevo al bebé con una orden judicial, ¿entendido?

—Veinticuatro horas son más que suficientes para un Vance —respondió Ethan con arrogancia, sin soltar al niño.

Los oficiales anotaron unos datos de mala gana, dieron la vuelta y subieron al ascensor. Cuando las puertas de metal se cerraron, el penthouse quedó de nuevo en un silencio sepulcral.

Ethan soltó el aire que tenía retenido en los pulmones y miró hacia abajo. El bebé lo miraba con esos ojos oscuros gigantescos, totalmente ajeno a la batalla legal de millones de dólares que se acababa de desatar por su causa.

—¿Ves lo que haces? —le reclamó Ethan al niño, con la voz temblorosa por la adrenalina—. Acabo de amenazar a la policía del Estado por tu culpa. Definitivamente eres una pésima inversión.

El bebé solo soltó un balbuceo, acomodándose mejor en el pecho del CEO. Ethan suspiró, sacó su teléfono con cuidado de no moverlo y marcó el número de su asistente personal.

—¿Giselle? Cancela la reunión de Londres de las nueve —ordenó Ethan con tono firme—. Y búscame a la niñera más profesional, agresiva y experta de esta ciudad. La quiero en mi penthouse en una hora. Tengo un problema de veinticuatro horas que resolver.

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Dalyla🖤
excelente historia me encantó desde el primer capítulo maravillosa sin duda alguna gracias autora por esta increíble obra ❤️
ysabel cecilia contreras
En este momento los hermanos de Julia están en peligro tanto
ysabel cecilia contreras
Un hacker y listo
ysabel cecilia contreras
Yo entiendo la confusión de Ethan que ni cuenta se dió de que era niña 🤣🤣🤣🤣el dió por hecho que era barón 🤣🤣está de infarto 👏👏👏
paula andrea perez noreña
Muy buena novela...gracias autora 👏👏👏
Denise Mesa
jajajajja ajajjw. no no mori de la risa
Estéfani Pinto Laime
Como lo culpa al pobre 🤭🤭🤭
Estéfani Pinto Laime
Eso estuvo buena 😂😂😂
Grego villadiego
felicidades muy linda novela
Doris Torre
excelente 👌
Ruth Stella Osorio
Gracias por su novela excelente
Norym
mi primer libro de tu autoría escritora , vamos a ver cómo pinta, por los comentarios parece linda historia. muchas gracias
Gloria Farfan Vallejos: me encanta el comienzo
total 1 replies
Fernandina Espeleta
Muy hermosa tu historia me gusto toda de principio a fin felicidades escritora ♥️💋🌹
Alejandra Mabel Miño
Muy bella historia felitaciones
Adriana Sanchez
La mamá o debe dinero a gente peligrosa o quien sabe.🤔🤔
Adriana Sanchez
Hasta que por fin leyó la nota, es su hija por eso le parece familiar, solo falta confirmar con el ADN.🤔
Adriana Sanchez
Me encanta, pero no va a hacer una prueba de paternidad o investigar quien dejo al bebé dentro de su departamento 🤔🤔
Adriana Sanchez
Como muchas veces pasa, muy inteligentes con un mega coeficiente y ko se le ocurre llamar para pedir ayuda, o simplemente denunciar que le dejaron un bebé, aunque como entraron a su departamento, porque el bebé lo dejaron dentro 🤔🤔.
Laura Paredes
🥰🥰
Angelyn Estrada
Maravillosa historia 💯
me fascinó de principio a fin
100% recomendada
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