Para salvar a su familia de la quiebra, Elena Moretti firma un contrato matrimonial de doce meses con Alessandro Rossi, el CEO más frío y despiadado de Milán.
Él es poder, oscuridad y venganza hecha hombre.
Ella solo es una pieza en un juego que comenzó hace cinco años.
Obligada a vivir bajo el mismo techo del hombre que odia, Elena descubrirá pronto que detrás de esos ojos grises se esconde un secreto devastador: Alessandro no la eligió por casualidad. Lo ha planeado todo para hacerle pagar.
Entre noches ardientes, malentendidos que rompen el alma y verdades que pueden destruirlo todo, el odio se convierte en una pasión peligrosa.
Pero cuando la venganza se mezcla con el deseo… ¿quién de los dos perderá el control primero?
Un matrimonio de conveniencia.
Un amor prohibido.
Una verdad que podría aniquilarlos a ambos.
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Capítulo 11 – La grieta en la confianza
Elena borró el mensaje y apagó el teléfono con manos temblorosas. Se quedó mirando a Alessandro, que dormía plácidamente a su lado, ajeno a la nueva amenaza que acababa de llegar. Su rostro relajado, el brazo que la rodeaba con posesión incluso en sueños… todo parecía tan real.
Pero ese mensaje había abierto una grieta.
«Pregúntale a Alessandro por la noche del 17 de junio de 2021.»
Ella no recordaba nada de esa fecha. Tenía diecinueve años, estaba en Londres, estudiando. ¿O no? Los recuerdos borrosos que había tenido desde el principio empezaban a convertirse en una pesadilla recurrente.
Se levantó sin hacer ruido, se puso una bata y bajó a la biblioteca. Encendió la lámpara del escritorio y empezó a buscar entre los documentos que habían revisado juntos. Encontró la carpeta del incendio. Allí estaba la fecha: 17 de junio de 2021.
Pasó horas leyendo informes policiales, fotos y transcripciones. En una de las fotos granuladas se veía a una chica con cabello castaño largo y máscara negra… sosteniendo un bidón. La misma imagen que Alessandro le había mostrado semanas atrás.
—¿Soy yo? —susurró para sí misma.
Al amanecer, Alessandro la encontró dormida sobre el escritorio, rodeada de papeles. La levantó en brazos con suavidad y la llevó de vuelta a la cama.
—¿Qué hacías levantada? —preguntó cuando ella abrió los ojos.
—Investigando —admitió Elena—. Recibí otro mensaje anoche.
Le mostró el teléfono. Alessandro leyó el mensaje y su expresión se endureció.
—Alguien sigue jugando con nosotros. Luca está en prisión, pero tiene gente afuera.
—¿Y si es verdad? —preguntó ella con voz temblorosa—. ¿Y si realmente estuve allí esa noche?
Alessandro la abrazó con fuerza.
—Aunque lo hubieras estado, yo sé quién eres ahora. No me importa el pasado.
Pero Elena sí le importaba. Pasó los siguientes días distante. Sonreía, respondía a sus besos, hacía el amor con él… pero había una sombra en su mirada.
Una tarde, mientras Alessandro estaba en una reunión, Elena recibió una llamada de un número desconocido.
—Elena Moretti —dijo una voz de mujer—. Soy Sofia Bianchi. Necesito verte. A solas. Hoy.
Elena dudó, pero aceptó. Se encontraron en un café discreto en el centro de Milán. Sofia tenía cicatrices visibles en el cuello y los brazos, pero su mirada era clara.
—Sé que no fuiste tú quien encendió el fuego —dijo Sofia sin preámbulos—. Pero sí estabas allí. Luca te drogó y te llevó. Quería que parecieras culpable para presionar a tu padre.
—¿Por qué me cuentas esto ahora?
—Porque Alessandro nunca te lo dirá todo. Esa noche, antes del incendio, tú y yo hablamos. Me dijiste que querías ayudar a tu padre a salir de los negocios sucios. Yo te creí… y por eso Luca me traicionó.
Elena sintió que un peso se levantaba de sus hombros.
—¿Entonces soy inocente?
—Casi. Pero hay algo más. Alessandro sabía que Luca te había llevado allí. Lo sabía desde el principio… y aun así firmó el contrato para usarte.
Elena sintió que el suelo se movía.
Cuando regresó a la mansión, Alessandro la esperaba en el salón.
—¿Dónde estabas? —preguntó con voz controlada.
—Con Sofia.
El rostro de Alessandro cambió.
—¿Por qué fuiste sola?
—Porque necesitaba la verdad. Y tú no me la das completa.
Discutieron. Fue la pelea más fuerte que habían tenido. Alessandro admitió que sabía que Elena había estado en la villa esa noche, pero que no tenía pruebas de su inocencia hasta hace poco.
—Te usé al principio —confesó—. Pero me enamoré de ti mucho antes de lo que crees.
Elena lloró.
—No sé si puedo seguir confiando en ti.
Alessandro se arrodilló frente a ella.
—Entonces déjame demostrarte que esta vez es real. Sin contratos. Sin mentiras. Solo nosotros.
Esa noche hicieron el amor con una intensidad nueva, mezclada con dolor y esperanza. Alessandro le susurró promesas al oído mientras sus cuerpos se movían juntos. Elena se entregó completamente, pero una parte de ella seguía con miedo.
A la mañana siguiente, mientras desayunaban, uno de los guardias entró corriendo.
—Señor, Luca escapó de prisión esta madrugada. Mató a dos guardias.
Alessandro se levantó de golpe. Elena palideció.
—Nos vamos de la mansión —ordenó él—. Ahora.
Empacaron rápidamente. Mientras subían al auto blindado, Elena recibió un último mensaje:
«Luca viene por ti.
Y esta vez, Alessandro no podrá salvarte… porque él también tiene una bala con tu nombre.»
Elena miró a Alessandro, que conducía a toda velocidad.
—¿Hasta dónde llega realmente tu pasado con Luca? —preguntó.
Él apretó el volante.
—Hay algo que no te he contado. Luca y yo… compartimos algo más que sangre. Compartimos un secreto que puede destruirnos a los dos.
El auto tomó una curva cerrada. En el retrovisor, Elena vio dos vehículos negros siguiéndolos.
La persecución había comenzado.
Y esta vez, la verdad podría matarlos a ambos.