Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Guión
El estudio de grabación era un caos perfectamente organizado.
Asistentes corrían de un lado a otro con carpetas en las manos, maquilladores perseguían actores antes de que entraran al set, técnicos colgaban focos sobre enormes estructuras metálicas y alguien gritaba por un megáfono que todos debían prepararse para la siguiente escena.
Ella caminaba por el lugar con una sonrisa despreocupada.
Vestía el mismo traje que la actriz principal usaría durante la escena de acción, aunque con algunos retoques para que, si la cámara la captaba por accidente, nadie notara la diferencia.
—¡Cinco minutos para la prueba del arnés! —gritó un encargado.
—¡Voy!
Respondió levantando la mano mientras terminaba de beber una botella de agua.
[Por favor... que esta vez no haya explosiones de verdad.]
Había aprendido que cuando un director decía "será una escena sencilla", significaba exactamente lo contrario.
Mientras esperaba, se sentó sobre una caja de utilería.
Observó el enorme estudio.
Había castillos falsos.
Calles de cartón.
Carruajes sin ruedas.
Espadas de goma.
Todo era una ilusión.
Y, aun así...
Le encantaba.
Sonrió sin darse cuenta.
[Pensar que hace diez años salí de casa con una mochila y ciento cincuenta dólares...]
Todavía recordaba el rostro preocupado de sus padres cuando les dijo que quería convertirse en actriz.
No era una profesión estable.
No era segura.
No garantizaba éxito.
Pero ella jamás había soportado la idea de vivir preguntándose "¿qué habría pasado si lo hubiera intentado?"
Así que tomó un autobús.
Después otro.
Luego un pequeño departamento compartido con cuatro personas.
Meses comiendo fideos instantáneos.
Trabajos de camarera.
Promotora.
Modelo de manos.
Extras en comerciales.
Persona número tres caminando por la calle.
Cliente del supermercado.
Mujer que gritaba cuando aparecía el monstruo.
Paciente del hospital.
Víctima número cinco.
Soldado sin nombre.
Guardia del reino.
Campesina.
Mercenaria.
Princesa de fondo.
Había aceptado absolutamente todo.
Porque cada papel era una oportunidad de seguir cerca de los escenarios.
[Poco a poco...]
Con los años empezó a practicar acrobacias.
Aprendió caídas.
Combate escénico.
Manejo de espada.
Montar caballo.
Saltar desde edificios con colchones gigantes.
Y terminó trabajando como doble de acción.
No era la protagonista.
Ni siquiera aparecía su rostro.
Pero era feliz.
Al menos...
Estaba un paso más cerca de su sueño.
—¿Sigues leyendo cosas raras?
Uno de los camarógrafos pasó junto a ella riendo.
Ella levantó un viejo montón de hojas amarillentas.
—¡Encontré un tesoro!
—¿Otro guion olvidado?
—¡Sí!
El hombre soltó una carcajada.
—Seguro es malísimo.
—Eso pensaba... pero está entretenido.
Cuando el camarógrafo se alejó, volvió a mirar el manuscrito.
Era viejo.
Las hojas estaban desgastadas.
Algunas tenían manchas de té.
Otras parecían haber sido corregidas cientos de veces.
En la portada apenas podía leerse.
"Versión Final".
Sin título.
Qué extraño.
Abrió nuevamente las páginas.
[Pensé que sería el típico drama aburrido...]
Pero no.
La historia era sorprendentemente detallada.
Narraba la vida de dos pequeños hermanos cuya madre moría cuando ellos nacieron
Poco después, su padre volvía a casarse.
Y ahí comenzaba la tragedia.
La nueva esposa era hermosa.
Educada.
Elegante frente a los demás.
Pero apenas quedaba sola con los niños...
Los golpeaba.
Los humillaba.
Les quitaba la comida.
Los encerraba durante horas.
Incluso manipulaba al padre para hacer creer que los niños eran problemáticos.
Ella frunció el ceño.
[Qué mujer más horrible...]
Continuó leyendo.
Entonces llegó el punto donde el padre enfermaba y moría.
Los niños quedaban completamente indefensos.
Y la madrastra se volvía todavía peor.
Los utilizaba como sirvientes.
Vendía las pertenencias de la familia.
Los castigaba por cualquier cosa.
Los hacía dormir en el suelo.
Ella hizo una mueca.
[No entiendo cómo alguien puede escribir una villana tan odiosa...]
Pasó varias hojas.
Los años transcurrían.
Los hermanos crecían.
Se entrenaban.
Y finalmente...
Regresaban.
La venganza era despiadada.
La capturaban.
La juzgaban públicamente.
Y...
Le cortaban la cabeza.
Ella abrió mucho los ojos.
—¡Qué fuerte!
Algunas personas giraron para verla.
Ella sonrió avergonzada.
—Nada, nada...
Volvió a leer.
[Al menos recibió su merecido...]
Lo curioso era la cantidad de detalles.
No parecía un simple resumen.
Cada personaje tenía historia.
Personalidad.
Motivaciones.
Incluso los sirvientes tenían nombre y trasfondo.
Era demasiado elaborado.
Casi parecía una novela antes que un guion.
Entonces, al llegar a la última página...
Parpadeó.
Había más.
Un pequeño separador indicaba claramente..
Epílogo.
Sus ojos brillaron.
[¡Perfecto!]
[Me lo llevo para leerlo cuando termine la grabación.]
Justo en ese momento alguien la llamó.
—¡Es tu turno!
—¡Ya voy!
Cerró cuidadosamente el manuscrito.
Lo dejó sobre una silla cercana para recogerlo después.
[Por favor, que nadie se lo lleve.]
Corrió hasta el área donde preparaban la escena.
Dos técnicos comenzaron a colocarle el arnés de seguridad.
Era una secuencia sencilla.
Debía lanzarse desde una plataforma simulando que era empujada desde una torre.
El cable frenaría la caída.
Luego cortarían la escena.
Nada complicado.
Lo había hecho decenas de veces.
Uno de los asistentes levantó el pulgar.
—¿Lista?
Ella sonrió ampliamente.
—¡Siempre!
El director levantó la mano.
—¡Silencio!
Todo el estudio quedó inmóvil.
—¡Cámara!
—¡Grabando!
—¡Acción!
Ella comenzó a correr.
Tres pasos.
Cinco.
Siete.
Llegó al borde de la plataforma.
Saltó al vacío.
Durante una fracción de segundo sintió la familiar tensión del arnés.
Pero...
No ocurrió.
[No...]
Algo sonó detrás de ella.
El cable se rompió.
Los ojos de todos se abrieron.
—¡¡¡NO!!!
Alguien gritó desesperado.
Ella sintió el viento golpeando su rostro.
Todo sucedía demasiado rápido.
[Parece que...]
[Vaya...]
[Al final...]
[Sí que fue una mala toma.]
Sonrió apenas.
Una costumbre absurda que tenía cuando las cosas salían mal.
Después...
El impacto.
Un sonido seco.
Silencio.
No hubo dolor.
No hubo tiempo para arrepentimientos.
No pudo pensar en el guion.
Ni en sus padres.
Ni en el sueño que nunca alcanzó.
Todo desapareció en un instante.
Y lo único que quedó...
Fue una oscuridad absoluta.