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Turquesa Eterno: Memorias De Un Amor En Varadero.

Turquesa Eterno: Memorias De Un Amor En Varadero.

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:382
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Romance en Playa Varadero ( Cuba)

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La sombra de Camille.

Los días siguientes transcurrieron con una monotonía que Álix combatía a base de videollamadas con Marina, largas sesiones de escritura y caminatas sin rumbo por las calles de París. La ciudad le parecía ahora un decorado hermoso pero vacío, una postal perfecta a la que le faltaba el único elemento que le daba sentido.

El libro avanzaba a buen ritmo. Las palabras fluían con una facilidad que no recordaba desde sus primeros años como escritor, cuando todo era nuevo y emocionante. Escribía sobre Varadero, sobre el mar turquesa, sobre la primera vez que vio a Marina caminando por la orilla. Escribía sobre el centro de conservación, sobre las tortugas Sol y Luna, sobre la morena verde que se deslizaba entre los dedos de ella como una mascota. Escribía sobre la playa secreta, sobre la noche de la fogata, sobre el sabor del primer beso.

Pero sobre todo, escribía sobre sus ojos. Esos ojos azul turquesa que lo perseguían en sueños y en vigilia, que se habían convertido en el centro de gravedad de toda su existencia.

Una tarde, mientras tecleaba frenéticamente en un café de Saint-Germain-des-Prés, una sombra se proyectó sobre la pantalla de su portátil. Levantó la vista y se encontró con un rostro conocido que no esperaba volver a ver tan pronto.

—Camille.

—Hola, Álix. ¿Puedo sentarme?

Sin esperar respuesta, Camille se deslizó en la silla frente a él con la elegancia felina que siempre la había caracterizado. Vestía un abrigo de color camel, un pañuelo de seda al cuello y unos tacones de aguja que resonaron sobre el suelo de madera del café. Seguía siendo hermosa, no podía negarlo, pero su belleza tenía ahora para Álix algo de artificial, como una flor de plástico que imita a la perfección a una flor real pero carece de su perfume.

—¿Cómo me has encontrado?

—No ha sido difícil. Conozco tus costumbres. Solías venir a este café todos los martes cuando estabas bloqueado. Por cierto, el camarero me ha dicho que llevas aquí cuatro horas. O estás muy bloqueado o muy inspirado.

—Inspirado.

—¿Por la cubana?

—Por favor, Camille. Su nombre es Marina.

—Marina —repitió ella, saboreando el nombre con ironía—. Qué nombre más apropiado para una bióloga marina. ¿Sus padres eran poetas o algo así?

—No voy a hablar de ella contigo.

—Como quieras. He venido a hablar de nosotros.

—No hay ningún "nosotros". Lo nuestro se terminó hace más de un año y lo sabes.

Camille suspiró, removiendo el café con leche que acababa de pedir al camarero. Por un momento, su máscara de mujer sofisticada se resquebrajó, dejando ver a una persona vulnerable y herida.

—Cometí errores, Álix. Lo sé. Fui egoísta, absorbente, controladora. Te agobié con mis inseguridades y mis celos. Pero he cambiado. He ido a terapia. He trabajado en mí misma. Y cuando me enteré de que habías vuelto a escribir, pensé... pensé que quizás todavía había esperanza.

—Camille...

—Déjame terminar. Sé que fui yo quien arruinó lo nuestro. Pero también fuiste tú quien se fue sin luchar. Quien cogió un avión a la otra punta del mundo en lugar de sentarse a hablar conmigo. Quien me borró de su vida como si no hubiera significado nada.

Álix la miró fijamente. Sus ojos color caramelo, normalmente cálidos, estaban ahora fríos como el ámbar.

—Significaste algo, Camille. Significaste mucho. Pero ya no. He conocido a alguien. Alguien que me hace feliz de una manera que tú nunca conseguiste. Y no voy a renunciar a ella.

—¿De verdad crees que va a funcionar? ¿Una relación a distancia con una mujer que vive en una isla a diez mil kilómetros? ¿Cuánto tiempo crees que durará antes de que uno de los dos se canse?

—No lo sé. Pero voy a luchar para que funcione. Y si no funciona, al menos lo habré intentado. Que es más de lo que hice contigo.

Camille palideció. La verdad de aquellas palabras la golpeó como un bofetón, y durante unos segundos no supo qué responder. Luego, con un gesto altivo, se levantó de la silla y dejó unos billetes sobre la mesa.

—Cuando te des cuenta de que has cometido un error, no vengas a buscarme. Ya no estaré esperándote.

—No voy a ir a buscarte, Camille. Te lo aseguro.

La vio marcharse, con sus tacones resonando sobre el suelo de madera, y sintió una mezcla de alivio y de tristeza. Alivio por haber cerrado definitivamente una puerta que llevaba demasiado tiempo entreabierta. Tristeza por la persona que Camille podría haber sido y nunca fue.

Esa noche, durante su videollamada diaria con Marina, le contó lo sucedido. No quería ocultarle nada. La honestidad, pensaba, era el único antídoto contra la distancia.

—¿Y cómo te sientes? —preguntó ella, con esa calma que tanto le caracterizaba.

—Aliviado. Y un poco triste. No por ella, sino por el tiempo que perdí en una relación que nunca iba a funcionar.

—No fue tiempo perdido. Fue tiempo de aprendizaje. Gracias a lo que viviste con ella, sabes mejor lo que quieres y lo que no quieres.

—Yo ya sé lo que quiero. Te quiero a ti.

—Y yo a ti, francés. Y yo a ti.

1
Norys Alvarez Alfonso
❤️❤️❤️
Norys Alvarez Alfonso
Bravo 👌
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