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ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

ARE YOU CRAZY MEN? Esta Villana No Acepta Su Destino

Status: Terminada
Genre:Villana / Mujer poderosa / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía jamás imaginó que terminaría dentro de su novela. Después de llorar por la trágica muerte del Clan Licano, despierta en el cuerpo de Elara Licano, la hija menor de la familia y una de las primeras víctimas de la historia.

Ahora conoce el futuro: las traiciones, las conspiraciones y la guerra que destruirán al clan hasta borrar su nombre.

Pero esta vez, Elara no piensa seguir el guion.

Con sus recuerdos y conocimiento de cada acontecimiento, decide cambiar el destino de su familia antes de que sea tarde. Lo que nadie sabe es que alterar una historia puede despertar peligros que jamás existieron en el libro… y ponerla frente a enemigos mucho más poderosos de lo que recuerda.

Para salvar a los Licano, Elara tendrá que desafiar al Imperio, descubrir quién los traicionará y luchar por la supervivencia del clan.

Esta vez, la historia terminará de otra manera.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los días contados

Elara no perdió ni un instante. En cuanto sus padres salieron, se acercó al escritorio de madera tallada que había en un rincón, tomó pluma, tinta y un pergamino en blanco. Tenía que anotarlo todo antes de que la emoción o el miedo le hicieran olvidar los detalles que salvarían a su familia.

Día 16 del mes del Lobo — faltan 3 días para los mensajeros imperiales.

Escribió rápido, con mano firme:

- Los mensajeros traerán una propuesta de matrimonio político entre mí y un noble del Imperio. Es trampa: buscan usarme como rehén.

- Dentro de 20 días: Rian caerá en emboscada en el Valle Oscuro. Lo acusarán de traición.

- El invierno eterno llegará antes de lo esperado. Acumular grano, leña y forraje AHORA.

- Hay un espía dentro de la fortaleza. Sabe demasiado. No confiar en todos.

Dobló el pergamino con cuidado y lo escondió dentro del forro de su vestido. Cada palabra era una sentencia de muerte evitada… si actuaba a tiempo.

Se puso de pie, se ajustó el manto y salió de la habitación. La fortaleza Licano era inmensa, de piedra gris con torres que tocaban las nubes, pasillos largos y ecos de pasos y voces. Elara conocía cada rincón por las descripciones del libro, pero caminarlo era distinto: real, sólido, lleno de vida.

Caminó directo a los almacenes. Si el grano se agotaba cuando el frío llegara, nada más importaría. Al entrar, el olor a paja y sacos de harina la recibió. El encargado, un hombre mayor de barba cana llamado Bram, se inclinó al verla.

—¿Señorita Elara? ¿Qué la trae por aquí? —preguntó sorprendido; la hija menor del clan solía mantenerse lejos de estos lugares.

—Necesito ver las existencias, Bram —dijo ella, acercándose a las pilas de sacos—. ¿Cuánto grano tenemos? ¿Para cuántas personas y días?

El hombre parpadeó, confundido, pero respondió con honestidad. Elara hizo cálculos mentales rápidos. Insuficiente. Muy insuficiente. En el libro, el hambre fue uno de los primeros enemigos del clan.

—Escúchame bien —le dijo, mirándolo a los ojos—. Dile a mi padre que hablo de una premonición. Que compre todo el grano, la sal y la leña que pueda encontrar en los mercados vecinos, sin llamar la atención. Que lo guarde en los almacenes subterráneos. Dile que es urgente. Que los días que vienen serán duros.

Bram abrió mucho los ojos. Las premoniciones no eran algo extraño en la sangre de los Licano.

—¿Y si él no me cree, señorita?

—Dile que son mis palabras —respondió ella con firmeza—. Y dile que el lobo sobrevive porque prepara su madriguera antes de que llegue la tormenta.

El hombre asintió, impresionado, y se marchó a cumplir la orden.

Elara siguió su recorrido. Fue a la torre de guardia, contó los arcos y las flechas, revisó el estado de las murallas. Todo coincidía con lo que recordaba: las defensas estaban descuidadas, nadie esperaba un ataque, y el Imperio se aprovecharía de esa confianza.

Al bajar al patio de entrenamiento, el sonido de espadas chocando la detuvo. Allí estaban.

Rian Licano, el mayor, de cabello negro y mirada feroz, con una espada en la mano que movía con fuerza y destreza. Darien Licano, el mediano, más ágil, de sonrisa fácil y ojos que parecían calcular todo. Y Zora Licano, la única mujer además de ella, con un bastón tallado con runas brillantes, observando el combate con calma.

Sus hermanos. Vivos. Reales.

El corazón de Elara dio un vuelco. En el libro, los tres morirían. Rian, ejecutado por traición falsa. Darien, cayendo en una emboscada intentando buscar ayuda. Zora, quemada viva por su magia, considerada una bruja por los enemigos.

—¡Elara! —la llamó Rian, deteniendo el combate y limpiándose el sudor de la frente—. ¿Vienes a ver cómo entrenamos?

Ella se acercó, con las piernas temblando pero la voluntad de acero. Tenía que advertirles, pero sin revelar demasiado.

—Rian —dijo, bajando la voz al llegar a su lado—. Dentro de unos días, cuando vayas a patrullar, no tomes el camino del Valle Oscuro. Toma el desvío del Bosque de los Pinos. Es más largo, pero más seguro.

Su hermano frunció el ceño.

—¿El Valle Oscuro? Es el camino más directo. ¿Por qué debería desviarme?

—Porque el peligro no siempre se ve a simple vista —respondió ella, con la intensidad de quien sabe lo que ocurrirá si no la escucha—. Por favor. Confía en mí. Solo… promételo.

Rian la miró, desconcertado por la seriedad en su rostro. Nunca la había visto así. Pero había algo en sus ojos que le hizo asentir lentamente.

—Está bien. Lo prometo. Tomaré el desvío.

Elara sintió un alivio inmenso. Una trampa evitada. Ya no todo está perdido.

Zora se acercó entonces, estudiándola con curiosidad.

—Algo cambió en ti, hermana —dijo ella, en voz baja—. Tus ojos… ya no son los de la niña que se escondía tras las cortinas.

Elara la miró, agradecida por esa perspicacia.

—Cambiará mucho más, Zora. Y necesitaremos toda nuestra fuerza para ello.

El sol empezaba a ocultarse, tiñendo el cielo de rojo y naranja. Tres días. Solo tres días antes de que todo comenzara. Elara miró a sus hermanos, a la fortaleza, a las tierras que se extendían sin fin. El tiempo corría en su contra… pero esta vez, ella ya no era una espectadora. Era parte de la historia. Ella iba a reescribirla.

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