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Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Me llamaron inútil, pero soy la dueña de todo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:262.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Dejó atrás una vida de lujos, una empresa familiar multimillonaria y un apellido de peso para convertirse en la esposa de Andrés: un hombre bueno, pero incapaz de defender a su propia familia.

Durante años, su suegra la humilló. Su cuñada la despreció. Le dijeron mantenida, inútil, una carga. Le exigieron dinero, sacrificios y silencio. Y Valentina aguantó. Por amor. Por sus hijos. Por la esperanza de que algún día Andrés abriera los ojos.

Hasta que un día dejó de aguantar.

Lo que nadie sabe —ni la suegra que la insulta, ni la cuñada que la menosprecia, ni siquiera el marido que la dejó ir— es que Valentina Montero es la accionista mayoritaria del Grupo Montero, la misma empresa donde Andrés trabaja como simple empleado.

Ahora, desde las sombras, Valentina reconstruye su vida, protege a sus hijos y observa cómo la verdad empieza a salir a la luz. Porque tarde o temprano, todos van a descubrir quién es realmente la mujer a la que llamaron inútil.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

El día de la boda de Gabriel por fin llegó. Desde temprano, la casa de la familia de Rosario ya estaba llena de ruido y movimiento.

Una carpa grande se alzaba en el patio delantero. Luces colgantes brillaban con elegancia. Flores blancas y doradas decoraban cada rincón. Un teclado sonaba desde la mañana. Varias señoras iban y venían cargando charolas de comida. Los niños correteaban entre las mesas, riendo.

La boda era mucho más vistosa que la de Valentina. Muchísimo más.

Valentina caminaba junto a Andrés y Santiago, cargando a Mateo en brazos. Llevaba un vestido color café con leche, el uniforme que usaba la familia del novio. Sonreía con cortesía cada vez que saludaba a los familiares de los anfitriones. Pero en silencio, sus ojos lo registraban todo. La decoración hermosa, el estrado nupcial imponente, la cantidad de platillos que se extendían en fila. Todo aquello había costado una fortuna.

Mientras tanto, sobre el estrado, Gabriel y Rosario se veían radiantes. Rosario sonreía de oreja a oreja con un vestido blanco cubierto de lentejuelas. Gabriel lucía orgulloso al lado de su esposa.

Doña Carmen no dejaba de sonreír con cara de satisfacción. De vez en cuando se acomodaba algún accesorio en la ropa, que de por sí ya estaba impecable.

—Qué bonita está la decoración.

—¡Vaya, qué elegante quedó todo! —se oía comentar a los invitados.

Valentina escuchaba en silencio. Hasta que, sin querer, captó la conversación de unas parientes de Rosario cerca de la mesa de comida.

—Dicen que gastaron más de nueve mil dólares.

—¿Qué? ¿Tanto?

—Sí. Y todo lo puso la familia del novio.

Valentina, que estaba sirviéndose algo de beber, se quedó inmóvil.

¿Nueve mil dólares? Si la dote que entregó la familia de Gabriel fue de unos siete mil... ¿de dónde salió el resto?, pensó.

Antes de que terminara de procesar el dato, una de las señoras bajó la voz:

—Parece que todavía le deben como dos mil quinientos a la organizadora de bodas. Que los pagan después del evento.

Valentina giró despacio. El pecho se le apretó de golpe.

¿Deuda? ¿Por qué endeudarse así por una fiesta?

Mateo le jaló el broche del vestido con suavidad.

—Mami... quelo helado.

Valentina volvió en sí y le sonrió.

—Sí, cariño. Pero poquito.

Durante el resto de la fiesta, las palabras de aquellas señoras le dieron vueltas en la cabeza. Un mal presentimiento empezó a crecer. Y por alguna razón sentía que ese asunto no había terminado.

La tarde siguiente, la casa de Valentina se sentía mucho más callada que de costumbre. Después de la gran fiesta del día anterior, el ambiente parecía haberse quedado sin energía.

Santiago dibujaba boca abajo en el piso, mientras Mateo tomaba su mamila sentado en el sofá, abrazando a su dinosaurio de peluche.

Valentina estaba sentada en el suelo doblando ropa limpia. Las manos se movían mecánicamente, pero la cabeza seguía dándole vueltas a lo que había escuchado en la boda sobre los costos y la deuda con la organizadora. Desde la mañana sentía una inquietud que no lograba sacudirse.

Al poco rato se escuchó el motor de un auto deteniéndose frente a la casa. Valentina se asomó por la ventana. Andrés había llegado más temprano de lo normal.

Antes de que él terminara de entrar, la voz de doña Carmen lo llamó desde la reja.

—¡Andrés! —El tono era fuerte y apresurado.

Valentina dejó de doblar al instante. Andrés, que apenas se estaba quitando los zapatos, salió de nuevo a recibir a su madre.

—Pase, mamá —la invitó.

Pero doña Carmen negó de inmediato.

—No. Mejor vamos atrás.

Su respuesta fue seca y su cara estaba tensa. Ni rastro de la sonrisa del día anterior, cuando no paraba de recibir halagos de los invitados.

Valentina empezó a sentir una punzada en el estómago. Se levantó despacio y espió por detrás de la cortina de la sala.

Vio a doña Carmen caminar con paso rápido hacia la terraza trasera, seguida por Andrés con cara de desconcierto.

Valentina frunció el ceño. Su instinto le decía que esa conversación iba a ser sobre dinero. Otra vez.

Se acercó a la puerta de la cocina que daba a la terraza. No tenía intención de espiar, pero la voz de doña Carmen era lo suficientemente fuerte como para colarse dentro de la casa.

—¡Todo es culpa de la familia de Rosario! ¡La mamá esa es una metiches insoportable! —se quejó doña Carmen, furiosa.

Valentina se quedó quieta detrás de la puerta.

—¡Y encima la organizadora de bodas ya está cobrando como loca! ¡Apenas pasó un día y ya está encima! —continuó la mujer, alzando más la voz.

Andrés se restregó la cara con agotamiento. Recién llegaba del trabajo y ya le caía otro problema encima.

—¿Y cuánto falta, mamá? —preguntó bajito.

—Dos mil quinientos.

Andrés levantó la cabeza de golpe.

—¿¡Dos mil quinientos!? —le salió casi un grito de la sorpresa.

—¡Sí! —respondió doña Carmen irritada, como si esa cantidad no fuera gran cosa.

—Pero si nosotros pusimos siete mil de dote. ¿Cómo que no alcanzó? —insistió Andrés, esta vez más bajo.

Doña Carmen chasqueó la lengua con impaciencia.

—Que dice que el dinero se fue en un montón de cosas.

Las manos le revoloteaban mientras hablaba.

—Que la decoración creció. Que la comida salió más cara. Que Rosario quería esto y aquello. Que la familia de ella tiene muchas exigencias. Y Gabriel no les pudo decir que no.

Valentina, escuchando detrás de la puerta, empezó a apretar los puños despacio. El pecho le ardía.

La frase que vino después le hizo hervir la sangre:

—Así que ahora necesito que tú pagues lo que falta de la organizadora.

Andrés enmudeció. La cara se le puso rígida al instante. La mandíbula se le endureció.

—Mamá... —la voz le salió pesada— ya no tengo dinero.

—¿Cómo? —Doña Carmen lo miró como si no entendiera—. ¿No que ganas bien?

Andrés soltó el aire con brusquedad, agachando un momento la cabeza.

—Mamá, mi sueldo ya se va todo repartido entre ustedes. Lo que me queda para Valentina y para mí es una parte mínima. Dos tercios de mi sueldo son para ustedes. Y los ahorros también se acabaron.

Doña Carmen arrugó la frente.

—¿Se acabaron en qué?

Andrés soltó una risa hueca. Una risa agotada y llena de frustración.

—¿De dónde cree que salieron los cinco mil quinientos de la dote de Gabriel, mamá? ¡Pues de esos ahorros!

El cuerpo de Valentina se tensó detrás de la puerta. Los ojos se le abrieron enormes. El corazón le empezó a golpear tan fuerte que le dolía el pecho.

¿Los ahorros se acabaron?

Se le cortó la respiración. Durante unos segundos no se movió. La mente se le hizo un caos. Porque ella y Andrés habían acordado aportar solo mil ochocientos dólares para la boda de Gabriel. No cinco mil quinientos. Y mucho menos vaciar todos sus ahorros.

El cuerpo de Valentina se fue enfriando poco a poco. Las manos le temblaban mientras trataba de contener la rabia que le subía a la cabeza. Eso significaba que Andrés, a sus espaldas, había tomado todos los ahorros de los dos sin decirle nada.

Ahorros que habían juntado con esfuerzo, para cualquier emergencia o necesidad grande. Ahorros que también eran para el futuro de sus hijos. Para las necesidades de su propia familia.

Y ahora, todo se había esfumado así, de un momento a otro, para cumplirle los caprichos a la familia de Andrés. Otra vez.

1
Beatriz Piñero
hermosa novela me falto saber que paso con Rodrigo Mariana y los mellizos
Geovanny Berrio Marsiglia
Me dan ganas de meterme en la historia y darle unos buenos correazos a ver si se reinicia por completo este idiota
Geovanny Berrio Marsiglia
Que va mijito ojalá y ya bajes de la luna 🌑 dónde estás montado
Geovanny Berrio Marsiglia
Jajaj y vas a preguntar gran imbecil de verdad que tú no eres normal
Geovanny Berrio Marsiglia
Pero si ese hombre no los quiere ni a ellos como hijos ni a ella como esposa. Se quedó ahí con ese par de brujas y ya .
Porquería de hombre no sirve para nada
Geovanny Berrio Marsiglia
Deja que los niños se vean con su papá pero tú no
Geovanny Berrio Marsiglia
Yo quiero ver a esa gente cuando vean la realidad de quién es Valentina
Geovanny Berrio Marsiglia
Uff que fuerte como va a dejar a su esposa e hijos en un segundo plano.

Como se debe dejar sentir una persona con esposo así.
Geovanny Berrio Marsiglia
Bueno pero y ella cuando será que dejará la idiotez 🐛
Geovanny Berrio Marsiglia
Bueno pero y ella aún sigue ahí pero autora busque un camión y saque a esa muchacha de ahí. Dele una cachetada para que se le reinicie el casett jajajaj nosotras la ayudamos🥰
Geovanny Berrio Marsiglia
Y El un idiota pero qué clase de hombre es este bendito la bruja de la mamá como que le dio contra el piso cuando nació
Geovanny Berrio Marsiglia
Tienen que abrirle es la cabeza y sacarle los bichos 🐛 que tiene
Geovanny Berrio Marsiglia
Definitivamente el tiene el síndrome de hombre idiota y ella el de mujer tonta
Geovanny Berrio Marsiglia
El no es malo solo que tiene retraso mental pobrecito tiene el síndrome del hombre idiota
Geovanny Berrio Marsiglia
pero será que este hombre es normal o tiene algún síndrome de retraso mental
Geovanny Berrio Marsiglia
bueno pero Valentina tiene dinero o no?
tien3 empresas o no?
Geovanny Berrio Marsiglia
exelente
Geovanny Berrio Marsiglia
Historia que te atrapa desde el inició.
👏👏
Geovanny Berrio Marsiglia
bueno yo trabaje 20 años pero ya me cance me dedico a los que haceres de la casa . Es más desgastante que salir a trabajar. Claro los fines de semana casi siempre salimos a comer a la calle y en la semana la cena le corresponde hacerla a mi esposo cuando llega de trabajar.
y en el años salimos de viaje a disfrutar unos 15 días o un mes.
Geovanny Berrio Marsiglia
totalmente que vaya donde su mamita
tonto vas a perder a una gran mujer por estar de niñoto de mami
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