Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Banquete 3
Para el duque Fitzroy, que alguien preguntara por él no era precisamente un halago.
Era una señal de alarma.
Había aprendido hacía mucho tiempo que, en su posición, la curiosidad rara vez era inocente.
Y mucho menos después de lo ocurrido durante los últimos meses.
Los tres ducados de las montañas habían tenido serios problemas con el Imperio de Oriente.
Había habido enfrentamientos.
Espionaje.
Mercenarios.
Intentos de infiltración.
Y finalmente una batalla que había dejado demasiadas heridas.
Incluso el rey de Sunderland había tenido que intervenir personalmente para evitar que el conflicto terminara convirtiéndose en algo mucho peor.
Fitzroy todavía recordaba aquel ataque.
Recordaba el frío.
El olor de la sangre.
Los gritos.
El sonido de las armas.
Y recordaba perfectamente el momento en que había sido herido.
Una herida que había estado muy cerca de costarle la vida.
Sus dos primos, los otros duques que compartían la responsabilidad de proteger las montañas, tampoco habían salido ilesos de aquellos meses.
Los mercenarios habían sido especialmente problemáticos.
Demasiado organizados.
Demasiado bien informados.
Demasiado interesados en las defensas fronterizas.
Desde entonces, Fitzroy había cambiado.
Ya no confiaba fácilmente en nadie.
Ni en los nobles.
Ni en los comerciantes.
Ni siquiera en aquellos que se mostraban amables con él.
Porque había aprendido una lección bastante desagradable.
Un enemigo no siempre llevaba una espada.
A veces sonreía.
A veces brindaba contigo.
A veces incluso te llamaba amigo.
Por eso, cuando su asistente le informó que la señorita Ashford había estado preguntando por él, su primera reacción no fue sentirse halagado.
Fue sospechar.
[¿Por qué?]
Una mujer que nunca había hablado con él estaba preguntando por su título.
Por su residencia.
Por su posición.
Por la frontera.
Y, especialmente...
Por su magia.
Fitzroy observó a Caroline desde el otro lado del salón.
La joven parecía completamente ajena a sus sospechas.
Estaba hablando con algunas personas.
Sonriendo.
Parecía relajada.
Y llevaba un vestido que... Fitzroy hizo una pequeña pausa.
[Definitivamente sabe llamar la atención.]
Su cabello morado destacaba entre los invitados.
Su vestido también.
Era elegante.
Pero bastante más atrevido de lo que él esperaba de la hija de una duquesa.
Fitzroy volvió a observarla.
[¿Quién eres?]
No parecía una espía.
Pero eso no significaba nada.
Los espías podían ser encantadores.
Podían ser jóvenes.
Podían ser nobles.
Y podían ser mujeres hermosas.
Precisamente por eso decidió investigar personalmente.
Pero no como duque.
No quería que Caroline supiera que estaba investigándola.
Si ella realmente tenía alguna intención sospechosa, mostrarle que había despertado su interés sería un error.
Así que esperó.
Cuando tuvo la oportunidad, abandonó discretamente el salón.
Poco después regresó vestido de una manera completamente diferente.
Una capa oscura cubría su cuerpo.
Una máscara ocultaba su rostro.
Era prácticamente idéntico a los guardias que lo acompañaban como parte de su comitiva.
Nadie que no lo conociera personalmente habría podido reconocerlo.
Se acomodó la máscara.
Y sonrió.
[Así que vamos a ver qué trama la hermosa mujer de cabello morado.]
Caroline seguía disfrutando del banquete.
Había conseguido olvidar momentáneamente al misterioso duque.
O eso creía.
Porque cada cierto tiempo sus ojos volvían hacia el lugar donde lo había visto.
Pero ahora ya no estaba.
[¿Dónde se fue?]
Miró alrededor.
Nada.
[Quizá ya se marchó.]
Suspiró.
[Probablemente sea mejor así.]
Volvió a conversar.
Después caminó hacia otra parte del salón.
Había varios guardias cerca de las puertas.
Con distintos uniformes.
Caroline apenas les prestó atención.
Algunos de ellos llevaban una capa y una máscara.
Parecía completamente normal.
Ella pasó junto a él.
Y el hombre la observó.
Fitzroy la siguió con la mirada.
Había algo extraño.
No parecía estar buscando información política.
No hablaba con los nobles importantes.
No parecía interesada en los asuntos militares.
Y tampoco estaba intentando acercarse a él.
Entonces...
¿Qué quería?
Fitzroy comenzó a observar sus movimientos.
Caroline se acercó a una mesa.
Tomó un pequeño postre.
Lo probó.
Sus ojos se iluminaron.
[¡Está delicioso!]
Fitzroy parpadeó.
Ella tomó otro.
[Esto debería ser ilegal de lo bueno que está.]
El duque permaneció inmóvil.
[¿Qué?]
Caroline siguió comiendo tranquilamente.
Fitzroy la observó durante unos segundos más.
No podía evitar pensar que aquella mujer era... extraña.
Muy extraña.
Pero entonces Caroline levantó la mirada.
Sus ojos morados se encontraron directamente con los suyos.
Fitzroy permaneció inmóvil.
Caroline también.
Por un instante ninguno dijo nada.
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
Él hizo lo mismo.
Caroline continuó caminando.
Fitzroy la siguió con la mirada.
[Definitivamente voy a averiguar qué está tramando.]
Caroline, mientras tanto, pensaba algo completamente diferente.
[Qué guardia tan alto.]
Dio otro paso.
[Espera...]
Se giró ligeramente.
Volvió a mirar al hombre enmascarado.
[¿Por qué me parece que tiene los mismos ojos que el duque?]
Se quedó quieta.
[¡No!]
Se dio media vuelta.
[¡Estoy imaginando cosas!]
Y siguió caminando.
Sin saber que acababa de despertar la curiosidad de un hombre que desconfiaba prácticamente de todo el mundo.
Y sin imaginar que el supuesto guardia que acababa de cruzarse en su camino...
Era precisamente el duque Fitzroy.
🥲
Eso le pasa a Bruno por no actuar rápido😅
Y Caroline está jugando con hielo, en usar al pobre Conde como pieza sacrificable para disfrutar de los celos y posesividad de Bruno
😅