Ella es una maestra que se sacrifica por salvar a su clase, pero su vida no termina con un sacrificio solo cambia de mundo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Escuelas 1
El carruaje avanzaba tranquilamente por las calles.
Caroline estaba sentada junto a la ventanilla, contemplando sus compras con una sonrisa que no había desaparecido desde que salió de la tienda.
Había sido un día maravilloso.
Demasiado maravilloso.
Varias cajas estaban acomodadas frente a ella.
Vestidos.
Zapatos.
Algunos accesorios.
Y otras pequeñas cosas que había encontrado irresistibles.
Caroline acarició distraídamente una de las cajas.
[Definitivamente necesito acostumbrarme a ser rica.]
Sonrió.
[Esto es peligroso.]
Porque había descubierto algo terrible.
El dinero hacía que comprar cosas bonitas fuera muchísimo más divertido.
Pero mientras el carruaje avanzaba, algo llamó su atención.
Niños.
Había varios pequeños caminando por las calles.
Algunos iban de la mano de sus padres.
Otros cargaban pequeñas bolsas.
Unos cuantos corrían alrededor de los puestos del mercado.
Caroline dejó de sonreír poco a poco.
Aquella escena le resultaba extrañamente familiar.
Niños pequeños.
Demasiado pequeños.
Y entonces recordó.
Su antigua vida.
Los niños de su clase.
Las pequeñas manos levantadas para responder preguntas.
Las risas.
Los dibujos.
Los abrazos.
Las voces llamándola.
[Maestra...]
Caroline bajó la mirada.
[¿Estarán bien?]
La pregunta apareció espontáneamente.
Sabía que no podía regresar.
Sabía que había muerto.
Pero todavía le dolía pensar en ellos.
Después volvió a mirar por la ventana.
Uno de los pequeños llevaba ropa bastante gastada.
Otro parecía tener aproximadamente la misma edad que algunos de sus antiguos alumnos.
Caroline frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué hay tantos niños en las calles?
Las dos doncellas se miraron.
Una de ellas respondió..
—Estamos pasando cerca del mercado, mi lady. Es normal encontrar muchos niños aquí. Acompañan a sus padres mientras trabajan o compran.
Caroline asintió.
Pero algo no terminaba de convencerla.
—¿Y no van a la escuela?
Las doncellas volvieron a mirarse.
—Algunos sí.
—¿Algunos?
—No todas las familias pueden permitírselo.
Caroline dejó de mirar las cajas.
—¿Por qué?
—Los profesores particulares son costosos, mi lady.
La doncella hizo una pequeña pausa.
—Y las escuelas disponibles tampoco son accesibles para todas las familias.
Caroline se quedó callada.
Miró nuevamente a los niños.
Uno de ellos estaba intentando ayudar a su padre a transportar unas cajas.
Otro estaba sentado junto a su madre mientras ella vendía productos.
Caroline sintió una pequeña presión en el pecho.
[Así que aquí tampoco todos los niños pueden estudiar.]
Aquello le resultaba imposible de ignorar.
—¿Y qué hacen esos niños cuando crecen?
—Depende de sus familias.
—¿Aprenden algún oficio?
—Algunos sí.
—¿Y los demás?
La doncella se encogió ligeramente de hombros.
—No sabría decirle, mi lady.
Caroline volvió a mirar por la ventana.
La conversación había cambiado por completo el ánimo del viaje.
Hasta hacía unos minutos estaba pensando en sus vestidos.
Ahora solamente podía pensar en los niños.
[Esto no está bien.]
Se quedó en silencio durante unos segundos.
Entonces recordó algo.
—Recuerdo que en otros ducados algunas familias nobles hacen algo al respecto, ¿verdad?
Las doncellas asintieron.
—Sí, mi lady.
—¿Qué hacen?
Una de ellas respondió..
—Algunas duquesas han financiado orfanatos.
La otra agregó..
—También existen lugares donde los jóvenes pueden aprender distintos oficios.
Caroline levantó la mirada.
—¿Y reciben educación?
—En algunos casos, sí.
Caroline se quedó pensativa.
Un orfanato.
Una escuela.
Un lugar para aprender.
La idea comenzó a formarse lentamente.
Primero fue apenas una pequeña posibilidad.
Después tomó forma.
[¿Y si...?]
Miró sus manos.
Después las cajas de vestidos.
Pensó en su fortuna.
Pensó en la mansión.
Pensó en el ducado.
Y finalmente volvió a pensar en los niños.
[¿Y si yo hiciera una escuela?]
Sus ojos se abrieron.
La idea parecía absurda.
Ella apenas llevaba un par de días en ese mundo.
No conocía completamente las reglas.
No sabía cómo funcionaba la política.
No entendía todavía todos los asuntos del ducado.
Pero sabía enseñar.
Había sido maestra.
Había pasado años trabajando con niños.
Sabía cuánto podía cambiar la vida de un pequeño cuando tenía un adulto que creyera en él.
Y ahora tenía algo que antes nunca había tenido.
Recursos.
Muchos recursos.
[¡Podría hacerlo!]
La emoción comenzó a crecer.
Podría contratar profesores.
Podría conseguir un edificio.
Podría comprar libros.
Podría proporcionar materiales.
Podría ofrecer educación a niños cuyas familias no podían pagarla.
Incluso podría incluir formación en diferentes oficios para quienes fueran mayores.
Caroline comenzó a sonreír.
No era la sonrisa coqueta que había tenido frente al espejo.
Era una sonrisa mucho más cálida.
Una sonrisa que le recordaba a la mujer que había sido.
La maestra que se agachaba para escuchar a un niño.
La mujer que había muerto protegiéndolos.
[Quizá esta sea mi manera de devolver algo.]
Miró nuevamente por la ventana.
[En mi otra vida tuve niños maravillosos.]
Una pequeña tristeza apareció en sus ojos.
[Quizá no pueda volver con ellos.]
Respiró profundamente.
[Entonces cuidaré de otros.]
Se recostó contra el asiento.
La idea comenzó a entusiasmarla cada vez más.
—¿Mi lady?
Caroline volvió la mirada.
—¿Sí?
—¿Está pensando en algo?
Caroline sonrió.
—Sí.
Miró hacia adelante.
—Quiero preguntarle algunas cosas a mi madre.
Las doncellas intercambiaron una mirada.
—¿Sobre qué?
Caroline sonrió.
—Sobre el ducado.
No necesitaban saber todavía todos los detalles.
Primero debía investigar.
Necesitaba conocer las leyes.
Los recursos disponibles.
Los edificios que podían utilizarse.
Los costos.
La cantidad de niños que necesitaban educación.
Y, sobre todo, necesitaba saber si su madre estaría de acuerdo.
[Después de todo, no puedo simplemente aparecer diciendo que voy a construir una escuela.]
Pensó unos segundos.
[¿O sí?]
Sonrió.
[Sería muy divertido.]
Pero decidió comportarse.
Por ahora.
El carruaje finalmente llegó a la mansión Ashford.
Caroline bajó.
Miró las cajas que llevaban las doncellas.
Por un instante volvió a pensar en sus compras.
[Oh, mis vestidos...]
Sonrió.
Después miró hacia la enorme mansión.
[Primero la escuela.]
Se quedó unos segundos frente a la entrada.
La mujer que había sido en su vida anterior habría considerado aquello imposible.
Una simple maestra de preescolar jamás habría tenido los medios para construir una escuela.
Pero Caroline Ashford sí.
Y quizá ese era uno de los motivos por los que los dioses habían decidido darle una segunda oportunidad.
Ella no quería desperdiciarla.
Quería disfrutar.
Quería reír.
Quería leer.
Quería enamorarse.
Quería usar vestidos hermosos.
Y también quería hacer algo bueno.
Algo que hiciera que su nueva vida tuviera un significado.
Caroline apretó suavemente las manos.
[Gracias.]
No sabía a quién estaba agradeciendo exactamente.
A los dioses.
Al destino.
Al universo.
A quienquiera que hubiese decidido darle aquella segunda oportunidad.
Pero estaba agradecida.
[Gracias por darme una vida tan maravillosa.]
Y después sonrió.
[Ahora me toca hacer algo maravilloso con ella.]
Con esa determinación, entró en la mansión.
Tenía una conversación pendiente con la duquesa Ashford.
🥲
Eso le pasa a Bruno por no actuar rápido😅
Y Caroline está jugando con hielo, en usar al pobre Conde como pieza sacrificable para disfrutar de los celos y posesividad de Bruno
😅