Clarisa Hernández llegó a una universidad de élite para cambiar su destino, pero su humilde apellido se convierte en el mayor obstáculo de su vida.
Una noche junto a Samuel Flores, un poderoso y frío empresario, cambia todo cuando descubre que está embarazada.
Samuel le ofrece un matrimonio por contrato: ella obtendrá seguridad para su hijo y él conseguirá la esposa que necesita.
Pero hay una regla que ninguno puede romper: no enamorarse.
Lo que comenzó como un simple acuerdo pronto se convertirá en un peligroso juego de secretos, deseo y sentimientos que ninguno podrá controlar.
NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13: La casa Flores
El automóvil avanzaba por una avenida tranquila mientras Clarisa permanecía en silencio.
La fotografía seguía en su bolso.
Desde que Samuel le había explicado que conocía a la mujer que aparecía junto a su padre, una pregunta no dejaba de rondarle la cabeza.
—¿Quién era ella? —preguntó finalmente.
Samuel mantenía la mirada al frente.
—Alguien de quien mi familia nunca quiso hablar.
—Eso no responde mi pregunta.
—Lo sé.
Clarisa suspiró.
—¿Y por qué tu madre está relacionada con todo esto?
Samuel apretó ligeramente las manos sobre el volante.
—Porque hay una parte de la historia de mi padre que nunca me contaron.
—¿Crees que Victoria sabe algo?
—Estoy seguro de que sabe más de lo que dice.
El automóvil continuó avanzando.
Pocos minutos después, las enormes puertas de hierro se abrieron.
Clarisa observó la propiedad.
Era mucho más grande de lo que había imaginado.
Un camino rodeado de árboles conducía hasta una mansión de piedra clara, con grandes ventanales y jardines perfectamente cuidados.
Samuel estacionó frente a la entrada.
—Bienvenida a la casa Flores.
Clarisa tragó saliva.
—Es enorme.
—Te acostumbrarás.
Ella lo miró.
—No estoy segura de querer hacerlo.
Samuel sonrió apenas.
—No tienes que hacerlo.
---
Las puertas principales se abrieron.
Una mujer mayor, encargada del servicio de la casa, recibió a Samuel.
—Señor Samuel.
—Rosa, ella es Clarisa Hernández.
Rosa sonrió con amabilidad.
—Mucho gusto, señorita.
—Igualmente.
—Su habitación ya está preparada.
Clarisa se sorprendió.
—¿Mi habitación?
Samuel asintió.
—La prepararon esta mañana.
—Pero yo no había aceptado mudarme.
—Lo sé.
Clarisa cruzó los brazos.
—Entonces no decidas por mí.
Samuel la miró durante unos segundos.
—Tienes razón.
Después se volvió hacia Rosa.
—Prepara una habitación de huéspedes. No quiero que Clarisa sienta que está obligada a quedarse aquí.
Clarisa quedó sorprendida.
—Gracias.
—Es tu decisión.
Ella observó nuevamente la enorme casa.
Por alguna razón, sintió que estaba entrando en un mundo completamente diferente al suyo.
---
En el segundo piso, Rosa le mostró las habitaciones.
Clarisa eligió una que tenía una ventana con vista al jardín.
Dejó su bolso sobre la cama.
—Es demasiado para mí.
Rosa sonrió.
—La casa puede parecer intimidante al principio.
—¿Al principio?
—Sí. Después descubrirá que también tiene lugares tranquilos.
Clarisa sonrió.
—Eso espero.
Cuando Rosa salió, Clarisa abrió su bolso y sacó la fotografía.
La observó nuevamente.
No podía entender por qué una imagen del pasado de Samuel había terminado en sus manos justo después de firmar el contrato.
Alguien quería que ella investigara.
Pero ¿por qué?
---
Una hora después, Samuel entró en la biblioteca.
Clarisa estaba allí, observando algunos libros.
—¿Te gusta leer?
—Mucho.
Samuel señaló una estantería.
—Puedes tomar lo que quieras.
Clarisa tomó un libro.
—¿Siempre fuiste así?
—¿Así cómo?
—Tan serio.
Samuel sonrió ligeramente.
—Según mi madre, desde niño.
Clarisa se sentó.
—¿Y tu padre?
La sonrisa desapareció.
—Era diferente.
—¿Lo querías?
Samuel tardó en responder.
—Sí.
Se hizo un breve silencio.
—Murió cuando yo tenía veinticuatro años.
Clarisa bajó la mirada.
—Lo siento.
—Fue hace años.
—Eso no significa que deje de doler.
Samuel la observó.
Aquella frase parecía haberlo tomado por sorpresa.
Entonces Clarisa sacó la fotografía.
—Necesito saber quién es ella.
Samuel tomó la imagen.
—Se llamaba Isabela Montenegro.
—¿Qué relación tenía con tu padre?
Samuel respiró profundamente.
—Fue una persona muy importante para él.
—¿Y tu madre lo sabía?
—Sí.
—¿Estaban juntos?
Samuel negó con la cabeza.
—No exactamente.
Clarisa frunció el ceño.
—Eso suena complicado.
—Lo fue.
Antes de que pudiera continuar, se escuchó una voz desde la puerta.
—Samuel.
Ambos se volvieron.
Beatriz estaba allí.
Su mirada se dirigió inmediatamente hacia la fotografía.
Su expresión cambió.
—¿De dónde sacaste eso?
Clarisa se levantó.
—Victoria la dejó en mi casa.
Beatriz palideció.
—No debiste traerla aquí.
Samuel se acercó.
—Mamá, basta.
—No sabes lo que estás haciendo.
—Quiero saber la verdad.
Beatriz miró a Clarisa.
—Tú no perteneces a esta historia.
Clarisa sintió una punzada de incomodidad.
—Quizá no pertenezca a su pasado, señora Flores. Pero ahora soy parte de la vida de Samuel.
Beatriz se quedó callada.
Samuel miró a Clarisa.
Había algo de orgullo en sus ojos.
—Exactamente.
Beatriz tomó aire.
—Entonces prepárate.
—¿Para qué?
—Para descubrir cosas que quizá ninguno de los dos esté preparado para aceptar.
Y salió de la biblioteca.
Clarisa miró a Samuel.
—Tu familia es complicada.
—No tienes idea.
---
Esa noche, Clarisa se encontraba en su nueva habitación.
Había comenzado a organizar algunas de sus cosas cuando escuchó un ruido en el pasillo.
Abrió la puerta.
No había nadie.
Miró hacia ambos lados.
Entonces vio algo en el suelo.
Una pequeña caja negra.
La recogió.
No tenía nombre.
La abrió lentamente.
Dentro había una llave antigua y una nota.
Clarisa leyó:
“Si quieres conocer la verdad sobre Samuel, abre la habitación que nadie debe abrir.”
Su corazón comenzó a latir más rápido.
Miró hacia el fondo del pasillo.
Allí había una puerta que no había visto antes.
Tenía una cerradura antigua.
Clarisa sostuvo la llave.
No sabía quién había dejado aquella caja.
Pero comprendió algo.
La casa Flores no solo guardaba recuerdos.
También escondía secretos.