Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
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Capítulo 3 "El juego del peligro"
Alexander estaba de pie junto al inmenso ventanal que daba a la ciudad, con una mano en el bolsillo, sumido en sus pensamientos. Al escuchar el pestillo, giró lentamente, sus ojos oscuros se encendieron al verla allí, desafiando todo peligro, caminó acortando la distancia entre ellos, sus manos grandes y seguras se posaron en la cintura de ella, atrayéndola bruscamente hacia su cuerpo firme, ella apoyó las manos en su pecho, entregándose al contacto.
Alexander inclinó la cabeza, hundiendo su rostro en la curva de su hombro para inhalar profundamente el aroma de su piel.
—Te ves hermosa con ese vestido —le susurró al oído con voz profunda — Pero detesto verte usar ese anillo en tu dedo.
Su mirada bajó hacia la mano izquierda de ella, ahí descansaba el anillo de bodas que Leonardo le había dado cuatro años atrás, para el mundo, era el símbolo de su compromiso; para ellos era una maldición silenciosa.
—Alexander... —susurró.
Iba a responder, pero sus palabras murieron en la garganta.
¡Toc, toc!
El sonido seco de los nudillos golpeando la puerta resonó en el silencio de la oficina, alguien intentó bajar la manija exterior, pero el pestillo bloqueó el acceso de inmediato.
El corazón de Valentina sintió un pequeño temblor, sus ojos se fijaron en la puerta, pero en lugar de entrar en pánico, respiró hondo y mantuvo la calma, alzó la mirada hacia Alexander; su mandíbula estaba tensa, listo para enfrentar lo que fuera con tal de no seguir ocultándose en las sombras, su orgullo era demasiado grande para huir.
Antes de que diera un paso, ella se inclinó hacia él y le plantó un beso en la mejilla, rozando la comisura de sus labios, fue una promesa silenciosa que lo hizo contener el aliento, se separamos apenas unos centímetros y ambos caminaron hacia la entrada. Alexander quitó el seguro y abrió la puerta, ella fingió que ya se estaba retirando, acomodando la correa de su bolso sobre el hombro.
En el umbral se encontraba Julián, el director financiero de la empresa y el mejor amigo de Alexander. Al verlos juntos, el hombre mantuvo una fachada impecable de profesionalismo, aunque sus ojos delataban que sabía perfectamente qué estaba pasando detrás de esa puerta.
—Buenas tardes, señora De la Vega, qué gusto verla por aquí —saludó con cortesía.
—Buenas tardes Julián, ya me estaba retirando —respondió con una sonrisa educada.
—Acabo de cruzarme con Leonardo en el pasillo central, creo que se dirigía al estacionamiento.
—Muchas gracias por avisarme, me retiro, nos vemos pronto Alexander —le dirigió a su amante una sonrisa misteriosa y cargada de dobles sentidos antes de darse la vuelta y caminar hacia el ascensor.
Julián entró a la oficina de Alexander y cerró la puerta con fuerza, asegurándose de echar el pestillo de nuevo.
—¿Hasta cuándo van a seguir así? —le reclamó con frustración— En cualquier momento los pueden atrapar, ya parecen adolescentes escondiéndose.
Alexander soltó un suspiro frustrado por la situación, pero prefirió ignorar el sermón de su amigo, caminó de vuelta a su escritorio.
—¿A qué viniste? —preguntó cortando el tema de raíz.
Julián rodó los ojos, resignado ante la terquedad del hombre.
—Leonardo dejó dicho con su secretaría que mañana revisará los informes del trimestre contigo a primera hora, eso es todo.
—Como sea, retírate ya terminó el día —sentenció Alexander sin levantar la vista de sus papeles.
Julián asintió en silencio y salió del despacho.
Solo en la inmensidad de su oficina, sentía que la frustración le quemaba el pecho. Tomó su teléfono y envió un mensaje a Valentina.
{Apresura las cosas con él reina, no voy a esperarte en las sombras toda la vida, o si no, lo haré a mi manera}
En el estacionamiento subterráneo, el teléfono de Valentina vibró dentro de su bolso, lo sacó y leyó los mensajes de Alexander.
El temor recorrió su espalda al leer la última advertencia; sabía que ese hombre no estaba bromeando, guardó el teléfono, dibujó una sonrisa perfecta en su rostro y abrió la puerta del copiloto del auto de Leonardo.
—Hola, mi amor —dijo él, estirándose para darle un beso rápido en la mejilla— Qué bueno que llegas, muero de hambre, ¿Lista para nuestra cena de aniversario?
—Lista, vámonos .
El trayecto en el automóvil transcurrió en silencio, roto por la lluvia golpeando el parabrisas y el motor del vehículo. Valentina miraba de reojo el perfil de su esposo, notando el rastro sutil de un perfume que no era el de ella, un aroma floral y empalagoso que delataba el olor de Valeria. Antes, ese olor le habría destrozado el corazón, pero ahora, solo le provocaba una profunda indiferencia.
Al llegar al exclusivo restaurante francés, un mesero los guió hacia una mesa privada cerca de la terraza, la iluminación tenue de las velas intentaba crear una atmósfera íntima.
—Lamento mucho lo de anoche, cariño —comenzó mientras el mesero servía el vino — De verdad, la junta con los inversionistas extranjeros se extendió más de lo planeado, ya sabes la presión que tengo encima con el puesto de CEO en juego y no puedo permitirme un solo error.
—Lo entiendo perfectamente Leo, los negocios de los De la Vega siempre van primero —respondió ella con una ironía sutil, sosteniendo la copa con elegancia— Después de todo, la familia exige sacrificios, ¿no?
—Exacto, me alegra que seas tan comprensiva, por cierto, ¿cómo van tus proyectos en el taller?
Valentina evadió la pregunta, mirándolo fijamente a los ojos dijo :
—La estabilidad es una ilusión muy frágil Leo, a veces el peligro está mucho más cerca de lo que imaginas, incluso dentro de la misma familia, solo hace falta un paso en falso para que todo lo que construiste se derrumbe.
Leonardo parpadeó, desconcertado por un segundo, pero asumió que su esposa se refería a las estrategias corporativas de Alexander.
—Mi tío es duro, pero yo tengo las de ganar —aseguró con arrogancia.
Bzz... Bzz...
El teléfono de Leonardo sobre la mesa vibró por primera vez, él le dio un vistazo rápido de reojo y con un movimiento rápido, lo volteó dejando la pantalla contra el mantel.
Tres minutos después, el dispositivo volvió a zumbar y luego otra vez.
Valeria estaba perdiendo el control, odiaba ser la segunda opción y Valentina lo sabía de sobra.
—¿No vas a contestar? Puede ser algo urgente de la empresa.
—No, no es nada importante seguro es mi asistente—mintió él, limpiándose el sudor de las manos con la servilleta.
Justo en ese instante, el teléfono comenzó a sonar, pero el hombre lo dejo ahí, tratando de ignorarlo, volvió a sonar por segunda vez, él miró con nervios a su esposa, ella no dijo una sola palabra y de nuevo sono por tercera vez, Leonardo se puso de pie a toda prisa, disculpándose con una mirada torpe alejándose rápidamente hacia el balcón de la terraza.
A través del gran ventanal de cristal, Valentina lo observó en silencio, conocía de sobra a su marido: gesticulando con frustración y pasándose la mano por el cabello mientras intentaba calmar los reclamos de su amante, verlo rebajarse de esa manera eliminó cualquier rastro de culpa en su pecho.
Abrió su bolso, sacó su teléfono y entró al chat privado con Alexander para responder la última advertencia que le hizo.
{No hagas ninguna locura, ten paciencia, Alex... muy pronto seré completamente tuya}
Presionó enviar, guardó su teléfono justo a tiempo, viendo cómo Leonardo regresaba a la mesa con los ojos cargados de una culpa patética, sin sospechar que el verdadero dueño de su esposa era el hombre al que más temía en el imperio familiar.