Ella se casa por contrato con un empresario frío (CEO). Él la ignora, la traiciona y la desprecia.
Un día, decide irse sin decir una sola palabra.
Cuando él descubre que ella era la mente detrás de todo lo que hacía crecer la empresa… ya es demasiado tarde.
Su regreso será rápido, triunfal y absolutamente satisfactorio.
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Capítulo 1
La familia Albuquerque era una de las más influyentes de la ciudad. Su nombre estaba presente en los mayores eventos, en las columnas sociales y en los círculos más poderosos. Para quien observaba desde fuera, ellos eran el retrato de la perfección: una pareja respetada, una hija ejemplar y una heredera admirada.
En medio de esa imagen cuidadosamente construida estaba Lívia Albuquerque.
Bonita, educada y siempre discreta, Lívia sonreía en los eventos, posaba para fotos y cumplía cada regla impuesta por la familia. Lo que nadie veía era el peso que cargaba en silencio. Lívia había sido adoptada aún niña, un detalle escondido de la sociedad, pero constantemente recordado dentro de aquella casa.
Helena Albuquerque, la madre adoptiva, mantenía la imagen de mujer elegante y amorosa delante de los otros. A solas con Lívia, su frialdad era cruel. Augusto Albuquerque, el padre adoptivo, prefería el silencio. Sabía de todo, pero nunca hizo nada. Para él, la reputación de la familia venía en primer lugar.
Ya Camila Albuquerque, la hija biológica, creció sabiendo que era la verdadera heredera. Siempre le gustó la atención, los aplausos y ser el centro de todo.
En el día del anuncio del noviazgo, a nadie le importó lo que Lívia sentía. La mansión fue decorada con lujo, flores caras y mucho brillo. Copas alzadas, sonrisas ensayadas y elogios por todos los lados. Para los invitados, era un gran acontecimiento. Para Lívia, todo parecía vacío, sin valor y sin emoción. Nada de aquello tenía brillo alguno.
Mientras tanto, Camila se sentía lo máximo. Circulaba por el salón como si el evento fuese sobre ella, llamando la atención, sonriendo exageradamente y buscando miradas. Helena, preocupada apenas con lo que los otros irían a comentar, necesitó reprenderla varias veces, no por egoísmo, sino para mantener las apariencias.
Lívia observaba todo en silencio, sintiéndose invisible hasta en el propio noviazgo. Aquel día, ella entendió que su vida nunca fue elección.
Y mal sabía que aquella noche marcaba el inicio de su dolor…
y también del camino para su revancha.
Lívia nunca había visto a su novio personalmente. Todo lo que sabía sobre Henrique Montenegro venía de sitios web, chismes en revistas y apariciones rápidas en la televisión. Siempre lo describían como un hombre frío, importante y distante, alguien que inspiraba respeto apenas con la mirada.
Cuando menos se esperaba, las puertas del salón se abrieron.
El murmullo cesó.
Todos se giraron al mismo tiempo.
Henrique entró con pasos firmes, vistiendo un traje impecable, trayendo consigo un aire de misterio y autoridad como pocos ya habían visto. Su mirada era seria, casi impasible, y su presencia dominó el ambiente en segundos.
Él no sonrió.
Caminó directo hasta Augusto y Helena, saludándolos con educación contenida, como si aquel momento fuese apenas un compromiso más importante en su agenda. En seguida, se giró para Camila, a quien saludó con familiaridad. Quedaba claro que él ya conocía bien a los suegros y a la futura cuñada.
Lívia permaneció parada, al margen de la propia celebración.
Henrique demoró algunos segundos para mirar en su dirección. Cuando finalmente lo hizo, sus ojos pasaron por ella de forma rápida y analítica, sin sorpresa, sin emoción. No había curiosidad, mucho menos encanto.
—Placer, Lívia — dijo él, en un tono frío, formal, casi distante.
En aquel instante, Lívia entendió.
Ella no era una novia.
Era apenas parte de un acuerdo.
Mientras el salón volvía a llenarse de conversaciones y elogios, Lívia sintió el corazón apretar. Todo parecía confirmar lo que siempre supo: aquel casamiento no tenía nada que ver con amor.
Pero, en silencio, algo comenzó a cambiar dentro de ella.
Tal vez aquel fuese el fondo del pozo.
Y, a partir de allí…
solo existía un camino posible: subir.