Perdí cinco años de mi vida en una prisión de máxima seguridad, acusada de un crimen que jamás cometí. Me arrebataron mi libertad, mi nombre y mi futuro... pero no pudieron romperme. Hoy he vuelto. Aquellos que conspiraron para hundirme, que sonrieron mientras me juzgaban, pagarán cada día de mi encierro. No vengo a pedir justicia; vengo a cobrar la deuda. Me llamo Esther Vane, y su pesadilla acaba de comenzar.
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Capítulo XV Visita inesperada
Punto de vista de Erika
El choque del jarrón de porcelana contra la pared de caoba hizo un estruendo seco que resonó por todo el despacho de la mansión principal. Las esquirlas cayeron sobre la alfombra, pero mi abuelo ni siquiera parpadeó. Seguía sentado tras su imponente escritorio de caoba, sosteniendo la taza de té con una calma exasperante que me revolvía la sangre.
—No me voy a casar con ese idiota, abuelo —sentencié, apretando las manos a los costados mientras el pecho me subía y bajaba a ritmo acelerado—. ¡No me importa cuántas acciones represente esa unión para la familia, no soy un trozo de carne para negociar en tus juntas directivas!
—Te casarás con el heredero de la familia Montero antes de que termine el año, Erika —respondió el viejo sin alzar la voz, pero con ese tono autoritario que por décadas había doblegado a toda la dinastía—. Es un buen muchacho, de buena cuna y con el capital suficiente para respaldar tus extravagancias. No está en discusión.
—¡Tengo veinte años! —exclamé, dando dos pasos hacia el escritorio—. ¡Tengo una vida, proyectos, una carrera! No voy a permitir que me encierres en un matrimonio por conveniencia como hiciste con medio mundo en esta casa.
El abuelo dejó la taza sobre el plato con un chasquido metálico y me clavó una mirada glacial.
—Mientras vivas bajo mi techo y disfrutes de las cuentas, las propiedades y el apellido de esta familia, harás exactamente lo que yo ordene. Tu hermano Felipe intentó desafiarme y mira donde terminó: metido en litigios absurdos y casado con una mujer sin nombre ni fortuna. No voy a tolerar dos rebeldes en la misma generación.
La mención de Felipe encendió una chispa repentina en mi mente.
—¿Ah, sí? —solté con una sonrisa amarga, dando un paso atrás—. Pues me alegra informarte que las reglas de esta casa se terminaron para mí hoy mismo.
—¿De qué estás hablando?
—Me voy —dije con una soltura que ni yo misma sabía de dónde había sacado—. Recojo mis maletas ahora mismo y me mudó con Felipe a su residencia.
La compostura del viejo se resquebrajó por primera vez en la mañana. Ajustó sus anteojos y se levantó del sillón con el ceño fruncido.
—No digas estupideces. Tu hermano está recién casado, reconstruyendo su vida. No vas a ir a meterte en su casa como una refugiada.
—Es mi hermano y me va a recibir —rebatí con el mentón en alto—. Prefiero mil veces soportar la rutina de un abogado que seguir un segundo más bajo tu yugo de dictador.
Sin darle tiempo a replicar ni a llamar a los sirvientes para que me cortaran el paso, me giré sobre mis tacones y salí del despacho dando un portazo. En menos de cuarenta minutos tenía tres maletas grandes en la cajuela de mi auto deportivo y estaba acelerando por la avenida principal rumbo a la mansión Vane.
Punto de vista de Esther
—Si agregamos el peritaje de la clínica a la demanda por daños morales, los abogados de Linares no tendrán margen para alegar prescripción —explicaba Felipe, deslizando una carpeta sobre la mesa de la estancia.
Estábamos en medio de la sesión de trabajo. El ambiente entre los dos continuaba tenso, profesional hasta la médula y distante tras la disputa del desayuno. Yo mantenía la libreta de notas sobre las piernas, repasando los nombres de las personas que testificarían a mi favor, cuando el ruido estridente de la puerta principal abriéndose de golpe nos hizo saltar a ambos.
—¡Ana! ¡Lleva mis maletas a la habitación de huéspedes del segundo piso, por favor! —resonó una voz femenina, fresca, acelerada y llena de autoridad en el vestíbulo.
Felipe frunció el ceño, se puso de pie de inmediato y caminó hacia la entrada. Lo seguí a unos pasos de distancia, confundida por la repentina intrusión.
En medio del vestíbulo estaba la hermana de Felipe.
—¿Erika? —soltó Felipe, completamente perplejo—. ¿Qué demonios haces aquí con todo ese equipaje?
—Me mudé —anunció ella con una sonrisa triunfante, abriendo los brazos antes de lanzarse a abrazar a su hermano—. Tuve la discusión definitiva con el viejo. Quiere venderme al idiota de Montero para cerrar una fusión comercial y le dije que se fuera al diablo. Así que, hermanito querido, te ganaste una inquilina de tiempo indeterminado.
Felipe la apartó suavemente por los hombros, mirándola con una mezcla de shock y exasperación.
—Erika, no puedes simplemente aparecer aquí sin avisar. Esta no es la casa familiar, es mi residencia privada.
—Y eres mi hermano mayor —protestó ella, cruzándose de brazos y haciendo un puchero calculadamente infantil—. ¿Vas a dejar que el abuelo me obligue a casarme con un tipo que me da náuseas? Prometo no molestar, solo necesito un cuarto y...
En ese momento, la mirada de Erika se desvió por encima del hombro de Felipe y se topó conmigo. La chica parpadeó, repasándome de arriba abajo buscando una cómplice.
—Hola, Esther —dijo, dando un paso hacia mí con los brazos extendidos dándome un abrazo.
—Hola, erika —respondí con cortesía neutra, dejándome abrazar.
—Erika, escucha —intervino Felipe con tono de urgencia, tomándola del brazo para atraer su atención—. No es un buen momento. Esther y yo estamos pasando por... compromisos laborales muy densos. La casa está bajo constante observación de la prensa y de los Linares. No es seguro ni cómodo para ti estar aquí.
—Por favor, Felipe, no me salgas con excusas diplomáticas —respondió ella rodando los ojos—. El abuelo mandó a bloquear mis tarjetas de crédito en cuanto crucé la reja. No tengo a dónde ir y no pienso volver a esa prisión. Además, la casa es enorme, hay espacio de sobra.
Erika hizo un puchero con la mirada lastimera viendo a su hermano.
no soporto esto
Llegan a la cabaña y lo primero que soltó Felipe fue a Melisa si algo está ocultando Esther es la atracción que siente y Felipe se dió cuenta y quiere enmendar su error veremos qué pasará allí y como saldrán.
Que astuto el viejo quiere tener ojos en la casa de Felipe y Esther como dijo Erika tienen química se atraen pero no lo reconocen 🤣😂🤣😂
y los e melissa tienes que pi er todo claro con ella Felipe si no quieres perder a Esther
por que que otra cosa
Si escarban el pasado encontrarán más pruebas de la que no imagina Felipe con la muerte de Melisa.
Veremos con que artimañas salen los Linares 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓