Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Despertar
Cuando abrió los ojos, no pasó demasiado tiempo antes de que lo comprendiera.
Había reencarnado.
Parpadeó varias veces, completamente desconcertada.
[¿Estoy viva?]
Intentó mover una mano.
Los dedos se movieron.
La levantó frente a su rostro.
Era pequeña.
Delicada.
Sin una sola marca.
La giró de un lado a otro, observándola con absoluta fascinación.
[¡¿Qué demonios?!]
Se incorporó rápidamente y entonces sintió su cabello caer sobre sus hombros.
Lo tomó entre los dedos.
Castaño oscuro.
Suave.
Brillante.
[¡No puede ser!]
Miró a su alrededor.
Incluso el techo de la habitación era hermoso.
Había molduras elegantes, detalles dorados y un cristal alumbraba delicadamente decorado que parecía digna de un palacio.
La cama era enorme.
Las cortinas eran suaves y pesadas.
Los muebles parecían costar más que todo lo que ella había ganado durante su vida anterior.
[Esto no es un hospital.]
Miró hacia un costado.
Había un enorme espejo.
Se levantó como pudo y caminó hacia él.
Al verse reflejada, se quedó completamente inmóvil.
Una señorita.
Una mujer hermosa.
Cabello castaño oscuro.
Ojos claros.
Rostro delicado.
Y una expresión que, aunque todavía infantil, tenía algo de esa arrogancia que había visto en sus recuerdos.
Ella abrió mucho los ojos.
[¡Soy yo!]
Se tocó las mejillas.
La mujer del espejo hizo exactamente lo mismo.
[¡Reencarné!]
Durante unos segundos permaneció completamente quieta.
Después...
Sonrió.
Una sonrisa enorme.
Una sonrisa que no tenía absolutamente nada de dignidad.
—¡JA!
Se llevó ambas manos a la boca.
[¡Estoy viva!]
Volvió a mirarse.
[¡Estoy mas joven!]
Se tocó el cabello nuevamente.
[¡Y además soy bonita!]
Giró sobre sí misma, emocionada.
Después miró hacia la ventana.
Corrió las cortinas.
Y allí estaba.
La mansión Fletcher.
La reconoció inmediatamente de sus recuerdos.
Era enorme.
Majestuosa.
Rodeada de jardines perfectamente cuidados, fuentes de piedra y árboles cuidadosamente podados.
El lugar parecía sacado de un cuento.
Ella se quedó mirando durante varios segundos.
Entonces juntó las manos frente al pecho.
[Gracias.]
[Gracias, dioses, universo, destino o quien sea que esté encargado de repartir segundas oportunidades.]
Miró nuevamente su nuevo cuerpo.
[¡Me dieron una vida nueva!]
Y eso era lo importante.
No había vuelto como una anciana.
No había despertado en un cuerpo enfermo.
No había regresado a los últimos días de su vida anterior.
Era joven.
Tenía tiempo.
Muchísimo tiempo.
Y, además, tenía algo que jamás había tenido antes.
Una segunda oportunidad.
Una oportunidad para hacer las cosas de otra manera.
La joven volvió a mirarse en el espejo.
Ahora la sonrisa había cambiado.
Seguía siendo alegre.
Seguía teniendo esa chispa pícara en los ojos.
Pero había determinación.
Porque ya sabía quién era.
Era Lady Kayla Fletcher.
Hija de los duques Fletcher.
Una joven hermosa, privilegiada...
Y, según todo lo que había visto en aquellas imágenes...
Con carácter de villana.
Kayla ladeó la cabeza.
[¿Así que esta mocosa iba a convertirse en una tirana?]
Se observó durante unos segundos.
Luego sonrió con picardía.
[Qué pena.]
Se señaló a sí misma en el espejo.
—Ahora estoy yo..
Por supuesto, nadie la escuchó.
Pero eso no importaba.
Ella ya había tomado una decisión.
No iba a repetir la historia de Kayla.
No iba a convertirse en una mujer arrogante que humillara a los demás simplemente porque podía.
No iba a terminar sola, rodeada de lujos y personas que la obedecieran por miedo.
Ella sabía perfectamente lo que era sentirse sola.
Sabía lo importante que era tener amigos.
Reír.
Amar.
Pelear por las personas que uno quería.
Y sobre todo...
Vivir.
Así que, si había recibido una segunda oportunidad, pensaba aprovecharla.
Se acomodó el cabello, levantó la barbilla y sonrió frente al espejo.
[Perfecto.]
[La antigua Kayla puede ser una villana.]
[Pero yo no.]
Y entonces una idea apareció en su cabeza.
Una idea maravillosa.
[Primero voy a descubrir qué edad tengo.]
Hizo una pausa.
[Después voy a averiguar cuánto dinero tengo.]
Otra pausa.
[Después voy a comer algo.]
Su estómago respondió justo en ese momento con un fuerte rugido.
Kayla abrió los ojos.
[Definitivamente, primero voy a comer.]
Y salió de la habitación con toda la dignidad que podía reunir una mujer joven que acababa de descubrir que había renacido en una familia de duques y que, además, tenía una fortuna.
Su nueva vida acababa de comenzar.
Y esta vez...
Ella misma pensaba escribir la historia.
Dos bombas sexuales🤭👏👏