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De las cenizas, me levanté

De las cenizas, me levanté

Status: Terminada
Genre:Mujer despreciada / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:168
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Valentina Montero lleva siete años entregándole todo a su matrimonio. Vendió la herencia de sus padres, levantó una empresa desde la quiebra y renunció a su propia vida para que Andrés Fuentes alcanzara el éxito. Pero la noche en que él recibe el premio de Empresario del Año, en lugar de agradecerle, pronuncia el nombre de otra mujer frente a cientos de invitados. Minutos después, le entrega los papeles de divorcio ya firmados. Camila Gallardo, joven, ambiciosa y conectada con una de las familias más poderosas del mundo empresarial, ocupa ahora su lugar.

Sin hogar, sin familia y con la dignidad hecha pedazos, Valentina se niega a hundirse. Con la experiencia que ganó en años de trabajo invisible, consigue un puesto directivo en una de las corporaciones más importantes del país. Poco a poco, la mujer que todos descartaron empieza a brillar con luz propia. Y mientras ella asciende, la vida de quienes la humillaron comienza a desmoronarse: secretos enterrados salen a la luz, alianzas se quiebran y el arrepentimiento llega demasiado tarde.

En medio de su renacimiento, un hombre poderoso que la conoce desde mucho antes de que el mundo le diera la espalda empieza a demostrarle que el amor no siempre tiene que doler. Pero Valentina ha aprendido a desconfiar, y abrirle el corazón a alguien de nuevo es un riesgo que no sabe si está dispuesta a correr, sobre todo cuando las rivales que quieren verla destruida no se han dado por vencidas.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Episode — 7.

Capítulo 7

El ambiente en la sala de los Fuentes se volvió opresivo de un segundo al otro. La alegría que antes llenaba la habitación se esfumó, reemplazada por un silencio que sofocaba. Nadie volvió a mencionar la fiesta ni el galardón que había recibido Andrés.

Todas las miradas convergían en las hojas del laboratorio que yacían sobre la mesa. Gustavo las leyó una vez más, y luego una tercera.

Las manos del hombre empezaron a temblar.

—Andrés… ¿estos resultados son tuyos de verdad?

Andrés solo asintió.

—¿Cuándo te hiciste este examen?

—Hace dos semanas, cuando la empresa organizó el chequeo médico completo.

Ni él mismo terminaba de creerlo. Tomó de nuevo los resultados con la esperanza de encontrar alguna línea que se le hubiera pasado. Pero la conclusión seguía siendo la misma: azoospermia no obstructiva, ausencia total de espermatozoides en la muestra de semen. Se recomendaba evaluación complementaria por un especialista en andrología.

—Seguramente se confundieron los resultados —uno de los tíos intervino de inmediato.

—Sí, deben estar cruzados.

—Claro, es imposible que Andrés sea el del problema.

Todos buscaban cualquier excusa para negar la realidad. Pero Gustavo leyó la última página.

Ahí constaba con claridad:

Nombre del paciente: Andrés Fuentes.

*Fecha de nacimiento:* …

*Número de expediente clínico:* …

No había error de identidad.

Carmen se dejó caer despacio en el sofá; la mirada, perdida. Durante siete años había dado por hecho que Valentina era la razón por la que no tenían nietos. Es verdad que nunca le dijo la palabra "estéril" a la cara. Pero su actitud ya había causado suficiente daño.

Una y otra vez la obligó a tomar remedios de fertilidad, la arrastró a consultorios de ginecólogos, le ordenó hacerse análisis hormonales… todo apuntado exclusivamente contra Valentina. Ni una sola vez se le ocurrió pedirle a Andrés que se examinara.

—Dios mío… —una de las tías se tapó la boca con la mano.

Acababa de recordar algo. Dos años atrás, en una reunión familiar por un cumpleaños, le había dicho a Valentina delante de todos:

—El deber principal de una mujer es dar hijos. Si llevas años sin tenerlos, deberías tomar conciencia.

En ese momento, Valentina se había limitado a sonreír. No pronunció una sola palabra en su defensa. Al terminar la reunión, incluso se quedó a recoger y a lavar los platos como siempre.

Daniel, el primo de Andrés, agachó la cabeza.

—Yo… también me burlé de Valentina. Le dije que de nada servía ser bonita si no podía dar descendencia. Y resulta que…

Carmen se cubrió el rostro. Las lágrimas comenzaron a brotar.

—Todo este tiempo… estuvimos equivocados.

Gustavo cerró el puño.

—Valentina nunca se defendió, ni una sola vez culpó a Andrés. Y sin embargo… el del problema era mi propio hijo.

—Todavía no sabemos el resultado definitivo, papá. Falta hacer más estudios. El mismo doctor recomienda exámenes adicionales —Andrés se restregó la cara con brusquedad.

Gustavo asintió.

—Es cierto, aún falta la evaluación completa. Pero este resultado de laboratorio ya explica bastante bien… por qué en todos estos años no pudieron tener hijos.

De pronto, a Carmen le vino a la mente una escena: la noche en que obligó a Valentina a tomarse una infusión de hierbas.

—Tómatelo, dicen que es bueno para la fertilidad.

Valentina había sonreído al recibir el vaso.

—Sí, señora.

—Si para el año que viene todavía no estás embarazada, te voy a llevar con un mejor doctor.

—Sí, señora.

Valentina lo había aceptado todo en silencio. Ahora, cada uno de esos recuerdos se convertía en un remordimiento que le desgarraba el pecho a Carmen.

Las lágrimas le corrieron con más fuerza.

—Fui demasiado lejos…

—Todos fuimos demasiado lejos —Gustavo soltó un suspiro hondo.

Se habían obsesionado con encontrar la culpa en Valentina, cuando ella cargó sola con todas las acusaciones.

Andrés contempló los resultados sin parpadear. Dentro de su cabeza resonaron de nuevo las palabras de Valentina de hacía unos días:

"Solo quiero saber una cosa: después de siete años… ¿así de fácil se me descarta?"

Y luego…

"Ojalá la decisión que tomaron hoy… no se convierta en el arrepentimiento de toda su vida."

Desde que presentó la demanda de divorcio, algo le venía carcomiendo por dentro. Pero la mirada de Andrés volvió a endurecerse. Aunque el arrepentimiento empezaba a roerlo, no tenía la menor intención de mostrarlo.

—¡Escúchenme bien! Si se cruzan con Camila o con su padre, cierren la boca. Que nadie se atreva a hablar de esto —su voz fue tajante, cargada de presión—. Me da igual lo que pase; esto no puede afectar mi relación con Camila. Ya encontraré la manera de que podamos tener hijos. ¿Quedó claro?

Varios familiares se miraron entre sí antes de asentir en silencio. Todos dependían de Andrés, así que ninguno tenía intención de revelar que el hombre era infértil.

Al mismo tiempo, en la sala de entrevistas del Grupo Valverde. Valentina acababa de terminar su sesión con el equipo de Recursos Humanos.

Un gerente senior le sonrió con satisfacción.

—Señora Montero, su experiencia es realmente interesante. Muchas de las estrategias que aplicó lograron mejorar la eficiencia de la empresa de manera notable.

—Muchas gracias.

—La contactaremos una vez que concluya el proceso de selección.

Valentina asintió con cortesía.

—Perfecto, gracias por su tiempo.

Salió de la sala con una sensación de alivio mucho mayor. Al menos, había dado lo mejor de sí.

Mientras caminaba hacia el elevador, las puertas del elevador privado volvieron a abrirse. Santiago salió acompañado de su secretaria; varios gerentes se detuvieron al verlo.

—Buenas tardes, señor.

Santiago inclinó la cabeza; su mirada se cruzó de nuevo con la de Valentina. Pasaron unos segundos en silencio. Sin mostrar expresión alguna, Valentina le hizo un gesto cortés de reconocimiento, como correspondía ante el director de la empresa.

—Buenas tardes, señor.

—Buenas tardes —la voz de Santiago sonó neutra.

Siguió su camino hacia la sala de juntas. Pero después de rebasar a Valentina, se detuvo brevemente. Sin volverse, le dijo a su secretaria:

—Los resultados de la entrevista de Valentina Montero, envíelos a mi oficina cuando termine la reunión.

—Sí, señor.

Valentina, que ya estaba a varios pasos de distancia, no escuchó esa conversación. Entró al elevador con una sola esperanza: que su vida estuviera empezando a cambiar de verdad.

Mientras tanto, en la oficina de Santiago, una decisión iba tomando forma. Valentina merecía una segunda oportunidad por sus propios méritos y su desempeño, no por ninguna otra razón.

La secretaria entró con una carpeta que contenía los resultados finales de la selección y la colocó sobre el escritorio.

—Señor Valverde, ya se compilaron todas las calificaciones de las entrevistas. El equipo también completó la evaluación final de cada candidato.

Santiago abrió la carpeta con calma. Recorrió cada hoja de evaluación sin prisa. El nombre de Valentina encabezaba la lista. En prácticamente todos los formularios, los entrevistadores habían llegado a la misma conclusión: Valentina poseía experiencia sólida, templanza, capacidad de toma de decisiones y un dominio operativo sobresaliente.

Tras leer el informe completo, cerró la carpeta.

—¿Cuál es la opinión del equipo? —preguntó.

—Coinciden en que la señora Montero es la mejor candidata; su puntaje es el más alto entre todos los aspirantes.

Santiago asintió despacio.

—Entonces emitan la carta de aceptación hoy mismo. Asegúrense de que todos los trámites administrativos queden resueltos cuanto antes.

—Sí, señor.

La secretaria se giró para salir, pero se detuvo como si algo le hubiera venido a la mente.

—Señor… ¿puedo hacerle una pregunta?

Santiago levantó la vista.

—Adelante.

—Escuché que usted conoce a la señora Montero.

—Fuimos al mismo colegio.

—¿Solo eso?

Santiago asintió con brevedad.

—Así es. Y eso no tiene nada que ver con esta decisión. Los resultados de la selección se determinaron exclusivamente con base en las capacidades de cada candidato.

—Entendido, señor —la secretaria asintió con comprensión y se retiró.

Santiago se puso de pie y caminó hasta el ventanal que daba a la hilera de rascacielos. Sí, conocía a Valentina. Pero desde el principio no tuvo intención de mezclar lo personal con lo profesional. Si las capacidades de Valentina no hubieran cumplido el estándar de la empresa, su nombre jamás habría llegado al escritorio del director general.

Esa tarde, Valentina acababa de regresar al hotel cuando el celular le sonó.

Un número desconocido apareció en la pantalla.

—Buenas tardes, ¿hablo con la señora Valentina Montero?

—Sí, soy yo.

—Le habla Marina, del departamento de Recursos Humanos del Grupo Valverde. ¿Tiene unos minutos?

—Por supuesto.

—Queremos informarle que ha sido aprobada en todas las etapas de selección para el puesto de gerente general de la División de Operaciones. Si está de acuerdo, la invitamos a firmar su contrato mañana a las nueve de la mañana.

Valentina se quedó inmóvil unos segundos.

Llegó a pensar que había escuchado mal.

—Disculpe… ¿no hay algún error?

—Ninguno, señora. Bienvenida al Grupo Valverde.

Una sonrisa fue iluminándole el rostro.

—Muchísimas gracias por la confianza. Estaré ahí puntual.

—Perfecto, señora. Nos vemos mañana.

La llamada terminó.

Valentina seguía mirando la pantalla del celular; las manos le temblaban ligeramente. De inmediato marcó el número de Lorena.

—¿Hola?

—Lorena… me aceptaron.

—¿Qué?

—¡Me dieron el trabajo!

—¡Te lo dije! ¡Te dije que tu talento iba a ser reconocido! —del otro lado estalló un grito de alegría.

—De verdad no me lo esperaba.

—Mañana nos vamos juntas.

Valentina asintió aunque su amiga no pudiera verla.

—Gracias… por creer en mí.

—Quien te aceptó no fui yo. Fue tu propia capacidad —la voz de Lorena sonó orgullosa.

—Entonces sí pasé por mis propios méritos.

—Por supuesto —Lorena rio—. Si no cumplieras el perfil, ni la familia del director se salvaría de un rechazo.

Al escuchar eso, Valentina se sintió aún más tranquila. Quería empezar una vida nueva sin depender de la compasión de nadie.

A la mañana siguiente…

La torre del Grupo Valverde volvía a hervir de actividad.

Valentina llegó quince minutos antes de la hora. Llevaba un blazer blanco marfil con pantalón negro. Su apariencia era sencilla, pero pulcra y profesional.

Después de firmar el contrato, el personal de Recursos Humanos la acompañó a recorrer cada división.

—Esta es el área de operaciones.

—A la derecha está la división de finanzas.

—Y los pisos superiores los ocupa la dirección general.

Valentina prestó atención a cada explicación. Llevaba mucho tiempo fuera del mundo laboral formal. Había bastante que tenía que reaprender.

Cuando el grupo pasó por el pasillo principal, varios empleados se detuvieron de golpe.

—Buenos días, señor.

—Buenos días, señor Valverde.

Valentina también giró la cabeza. Santiago venía caminando en dirección opuesta, acompañado por su secretaria. Su paso era firme, la mirada al frente. Cuando la distancia entre ellos se redujo a unos metros, la encargada de Recursos Humanos hizo la presentación de inmediato.

—Señor Valverde, le presento a la señora Valentina Montero… la nueva gerente general de la División de Operaciones.

Santiago se detuvo; sus ojos se posaron en Valentina.

—Bienvenida al Grupo Valverde.

El tono fue parejo, profesional. Sin asomo de familiaridad.

—Muchas gracias, señor. Daré lo mejor de mí —respondió Valentina con cortesía.

—Espero que su desempeño esté a la altura de los resultados de su entrevista.

—Haré todo lo posible.

No hubo más conversación. Santiago retomó su camino hacia la sala de juntas, como si aquel encuentro no hubiera sido más que el saludo de rutina entre un director y una empleada nueva.

Sin embargo, la secretaria que caminaba detrás de él le lanzó una mirada discreta. Rara vez veía a su jefe detenerse solo para saludar a un empleado recién contratado, aunque hubiera sido apenas un par de frases.

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