Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 8
Nina
Ese día… entendí que ya no era coincidencia.
Era intención.
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—Nina, necesito hablar contigo.
La voz de la señora Camila sonaba más suave que de costumbre.
Eso nunca era buena señal.
Me levanté de mi escritorio y caminé hasta su oficina. Sentía el pecho apretado y la ansiedad de escuchar sus palabras con filosas disfrazadas de amor y comprensión… como si algo dentro de mí ya supiera lo que iba a pasar.
Cerró la puerta.
Sonrió.
—Siéntate, cariño.
Obedecí.
—He estado observando tu desempeño estas últimas semanas…
Bajé la mirada.
—Y, sinceramente… estoy preocupada.
Silencio.
—Siento que no estás dando lo que esta empresa necesita y no encajas... Trabajar con alguien de tu carácter es muy difícil.
Tragué saliva.
—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo.
Ella suspiró, llevándose una mano al pecho.
—Lo sé… y eso es lo que más me duele.
Esa frase.
Siempre esa frase.
—No se trata solo de trabajar —continuó—. Se trata de actitud. De energía. De compromiso emocional. De lealtad.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Y tú… no conectas.
Sentí el golpe.
—He intentado adaptarme—
—No lo suficiente —interrumpió, esta vez más firme.
Silencio.
—Además… —añadió con suavidad—, tu situación personal ha afectado el ambiente.
Mi corazón se tensó.
—No debería influir en el trabajo.
—Claro que influye —respondió—. Somos una familia aquí.
Familia.
Esa palabra me hizo sentir más sola que nunca.
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Sacó un documento del escritorio.
Lo colocó frente a mí.
—Creo que lo mejor… para todos… es que des un paso al costado.
Miré el papel.
Renuncia.
Preparada.
Lista.
Esperando mi firma.
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—No es necesario hacer esto —murmuré.
Ella inclinó la cabeza.
—Nina… —dijo con dulzura—. Podemos hacerlo fácil… o difícil.
Levanté la mirada.
—Si decides quedarte —continuó—, tendré que documentar cada error, cada actitud, cada inconveniente. Y tú sabes que haz cometido muchos errores.
Su voz era suave.
Pero la amenaza… clara.
—Y no creo que eso sea bueno para tu hoja de vida.
Silencio.
Mi garganta ardía.
—Esto… es lo mejor para ti. Lo mejor para la compañía.
Siempre lo disfrazaba así.
Como si me estuviera haciendo un favor.
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Mis manos temblaron ligeramente.
Tomé el bolígrafo.
Lo sostuve.
Pero no firmé.
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—Tómate tu tiempo —dijo, sonriendo—. Aunque preferiría resolver esto hoy.
Claro.
Siempre hoy.
Siempre rápido.
Siempre sin dejar espacio para pensar.
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Salí de la oficina con el documento en la mano.
El mundo se sentía… más pesado.
Más lento.
Más ajeno.
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Antes de sentarme, mi teléfono vibró.
Damián.
Dudé unos segundos.
Pero respondí.
—Hola.
—Nina —su voz sonaba tranquila—. ¿Pudiste hacer lo que te pedí?
Cerré los ojos un instante.
—No… no pude.
Silencio.
—Te lo había encargado —respondió, con un tono más frío.
—Lo sé, pero—
—Siempre es lo mismo contigo —interrumpió.
Apreté el teléfono.
—Estoy en medio de algo importante en el trabajo.
—Claro… el trabajo o la familia.
Su tono cambió.
Más bajo.
Más… incómodo.
—Cuando nos veamos… te voy a cobrar ese favor.
Mi respiración se tensó.
— ¿Cobrarlo? No es necesario.
Él soltó una leve risa.
—No te estoy preguntando, Nina.
El silencio se volvió pesado.
—Damián…
—Hace tiempo no te veo —continuó—. Y hay cosas que no se olvidan.
Sentí un nudo en el estómago.
—Eso ya terminó.
—Para ti —respondió—. Para mí… no tanto.
Mi mano se tensó alrededor del teléfono.
—No voy a aceptar eso.
Silencio.
Luego, su voz:
—Ya veremos.
La llamada se cortó.
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Me quedé mirando la pantalla.
Inmóvil.
Con una sensación incómoda recorriéndome el cuerpo.
Como si algo no estuviera bien.
Como si… nunca lo hubiera estado.
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Bajé la mirada al documento.
La renuncia seguía ahí.
Esperando.
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Y por primera vez…
no sentí solo tristeza.
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Sentí cansancio.
Profundo.
Pesado.
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Tomé el bolígrafo nuevamente.
Esta vez… sin dudar tanto.
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Firmé.
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Porque quedarme…
ya no era una opción.
Damian Cross.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro