Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Gemma 2
Gemma no tuvo demasiado tiempo para lamentarse por su desgracia.
Apenas habían pasado unos minutos desde su último grito cuando la anciana apareció nuevamente frente a la puerta de su habitación.
—Lady Gemma...
Gemma levantó la cabeza.
—¿Sí?
La mujer parecía un poco preocupada.
—Hay alguien que desea verla.
Gemma se quedó inmóvil.
[¿Alguien?]
La anciana continuó..
—Quizás ya vinieron por la casa.
—¿Quiénes?
—Los cobradores.
Gemma sintió que el alma se le escapaba del cuerpo.
—¿Cobradores?
La anciana asintió.
—Su padre dejó algunas deudas. También hay cosas que deben resolverse por los bienes de la familia.
Gemma cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
[Tranquila.]
Volvió a respirar.
[Tranquila, Gemma.]
Otra respiración.
[Acabas de morir, reencarnar, descubrir que eres una huérfana pobre, descubrir que no tienes poderes y que tu familia está prácticamente arruinada.]
Abrió los ojos.
[¿Qué más puede salir mal?]
Se quedó pensando.
[No, mejor no preguntar.]
Bajó al salón.
Mientras caminaba, intentaba prepararse mentalmente para recibir a algún hombre enorme con uniforme militar, una carpeta llena de documentos y una expresión de absoluta satisfacción por venir a quitarle hasta las paredes.
Sin embargo, cuando entró al salón...
No encontró a ningún militar.
Había un hombre anciano sentado tranquilamente.
Era mayor, de cabello completamente canoso y tenía un acento diferente al de ella.
Gemma se detuvo frente a él.
—Buenas tardes...
El hombre se puso de pie inmediatamente e hizo una pequeña reverencia.
—Buenas tardes, Lady Gemma Green.
Gemma tragó saliva.
—¿Puedo saber quién es usted?
—Soy el representante de Lord Antony Parisi.
Gemma parpadeó.
[¿Quién demonios es Lord Antony Parisi?]
Intentó revisar rápidamente los recuerdos que tenía de aquella vida.
Gemma Green.
Hija de Gertrude Root.
Y...
Técnicamente hija de Aldwin Root.
Aunque aquello era mucho más complicado.
Su madre había estado casada con otro hombre.
Después había muerto su primer esposo.
Luego se había casado con Aldwin Root.
Y, por lo que sabía, Aldwin era en realidad su padre biológico.
Una familia sencilla.
Bueno...
Sencilla no.
Un desastre.
Pero no recordaba a ningún Antony Parisi.
Gemma inclinó ligeramente la cabeza.
—Disculpe, señor, pero no sé quién es Lord Antony.
El anciano pareció sorprendido, aunque rápidamente recuperó la compostura.
—Lord Antony es el hijo mayor de Lord Aldwin Root.
Gemma abrió los ojos.
—¿El hijo mayor?
—De su primer matrimonio.
Gemma quedó en silencio.
[Ah.]
Bajó lentamente la mirada.
[Entonces lo poco que queda de esta familia debo repartirlo con mi medio hermano.]
Miró alrededor del salón.
[Perfecto.]
Sintió ganas de gritar.
[¡Perfecto!]
Pero no lo hizo.
Había aprendido en su vida anterior que algunas cosas era mejor no decirlas en voz alta.
Así que simplemente preguntó..
—¿Y qué desea Lord Antony?
El anciano respondió..
—Lord Antony desea comprar un cofre que perteneció a su madre.
Gemma frunció el ceño.
—¿Un cofre?
—Sí. Contiene cartas de su madre.
Gemma se sorprendió.
—No sabía que existía ningún cofre con cartas.
El anciano la observó durante unos segundos.
—Yo serví a la madre de Lord Antony durante muchos años.
Su expresión se volvió nostálgica.
—Hemos averiguado dónde está.
Gemma asintió.
—Entonces podemos buscarlo.
El anciano pareció desconcertado.
Probablemente esperaba una reacción completamente diferente.
Había escuchado rumores sobre Gemma Green.
Que era tonta.
Despreciable.
Caprichosa.
Poco gentil.
Una joven que trataba mal a los sirvientes y que tenía una personalidad difícil de soportar.
Sin embargo, la muchacha que tenía delante parecía simplemente confundida.
Y, hasta ese momento, había sido educada con él.
[Quizás los rumores eran exagerados.]
O quizás...
[Quizás hoy se golpeó la cabeza.]
El anciano decidió no hacer preguntas.
—Si me permite, Lady Gemma, creo que el cofre se encuentra en la antigua oficina de Lord Root.
—Claro.
Ambos caminaron hasta la oficina.
Gemma abrió la puerta.
El lugar estaba cubierto de polvo.
Había algunos muebles antiguos y varios documentos que nadie parecía haberse molestado en ordenar.
El anciano entró.
Miró alrededor.
Entonces sus ojos se detuvieron en algo.
—Ahí.
Se acercó rápidamente.
Era un pequeño cofre azul.
Gemma lo observó.
—¿Ese?
—Sí.
El anciano se acercó y pasó una mano por la tapa.
Parecía emocionado.
—¿Puedo abrirlo?
Gemma asintió.
—Por supuesto.
El hombre abrió el cofre.
Dentro había varias cartas cuidadosamente guardadas.
El anciano respiró profundamente.
Tomó una de ellas.
Luego otra.
Sus manos temblaban ligeramente.
Finalmente cerró los ojos.
—Son ellas...
Gemma comprendió inmediatamente que aquellos papeles tenían un enorme valor sentimental.
—Puede llevárselas.
El hombre levantó la mirada.
—¿Perdón?
—Las cartas.
Gemma señaló el cofre.
—Lléveselo.
El anciano la observó sorprendido.
—¿No desea pedir nada a cambio?
Gemma negó con la cabeza.
—Son cartas de su madre.
Miró el contenido del cofre.
—Ella falleció hace muchos años, ¿verdad?
—Sí.
—Entonces creo que deberían estar con su hijo.
El anciano continuó mirándola.
Gemma se encogió de hombros.
—Además, si Lord Antony es hijo legítimo de Lord Root, entonces esta también es su casa.
El anciano quedó completamente sorprendido.
Aquella respuesta no coincidía en absoluto con lo que había escuchado sobre ella.
Sin embargo, antes de marcharse, sacó una pequeña bolsa.
El sonido de las monedas al moverse dentro llamó inmediatamente la atención de Gemma.
—Esto es para usted.
Gemma negó rápidamente.
—No.
—Lady Gemma...
—No hace falta.
—Lord Antony desea pagar por las cartas.
—No es necesario.
El anciano insistió.
—Por favor.
Gemma volvió a negar.
—De verdad, no quiero.
El hombre suspiró.
—Lord Antony no es una persona a la que le guste deber favores.
Gemma lo miró.
[Eso sí lo entiendo.]
El anciano continuó..
—Si no acepta el dinero por las cartas, probablemente encontrará otra manera de compensarla.
Gemma permaneció en silencio.
—Yo soy solamente un enviado. Mi trabajo es entregar el pago.
Gemma miró la bolsa.
Luego miró las cartas.
Finalmente suspiró.
—Está bien.
Tomó la bolsa con cierta vergüenza.
[Esto se siente horrible.]
La escondió rápidamente entre sus manos.
[Pero necesito comer.]
El anciano sonrió ligeramente.
—Hay algo más.
Gemma levantó la cabeza.
—¿Sí?
—Lord Antony también está buscando una pintura.
—¿Una pintura?
—Es una pintura de su madre.
Gemma pensó unos segundos.
—No sé dónde está.
—Si la encuentra, Lord Antony pagará muy buen dinero por ella.
Gemma abrió ligeramente los ojos.
[¿Muy buen dinero?]
Su corazón dio un pequeño salto.
Pero inmediatamente negó.
—No es necesario.
—Él insiste.
—De verdad, no hace falta.
—Lady Gemma.
El hombre sonrió.
—Si aparece, búsquela.
Gemma terminó cediendo.
—Está bien.
Luego, un poco avergonzada, preguntó..
—¿Cómo es la pintura?
El anciano pareció recordar perfectamente la imagen.
—Aparece solamente una mujer.
Gemma esperó.
—Es muy hermosa. Tiene el cabello negro y los ojos verdes.
El hombre hizo una pausa.
—Y el fondo es azul oscuro.
Gemma asintió lentamente.
—Entiendo.
El anciano sacó entonces un pequeño papel y escribió una dirección.
Se lo entregó.
Gemma miró el documento.
Lo que llamó su atención inmediatamente fue el nombre del lugar.
Vagur.
El reino vecino.
[Así que Lord Antony vive en Vagur.]
Guardó el papel.
—Gracias.
El hombre hizo una reverencia.
—Gracias a usted, Lady Gemma.
Gemma lo acompañó hasta la puerta.
El anciano salió de la mansión y desapareció por el camino.
Ella permaneció allí unos segundos.
Confundida.
[¿Qué acaba de pasar?]
Había despertado aquella mañana creyendo que probablemente tendría que enfrentar a cobradores.
Ahora tenía dinero.
Un posible encargo.
Un misterioso medio hermano.
Una pintura perdida.
Un cofre de cartas que aparentemente pertenecía a una familia que apenas conocía.
Y ninguna explicación sobre por qué todo aquello parecía tan complicado.
Cerró la puerta.
Miró la bolsa de monedas que todavía tenía en la mano.
Suspiró.
[No me gusta recibir dinero así.]
La abrió ligeramente.
Vio las monedas.
Sus ojos brillaron.
[Pero tampoco me gusta morir de hambre.]
Volvió a cerrarla rápidamente.
Miró alrededor.
[Tengo que esconder esto.]
Subió corriendo las escaleras.
Entró en su habitación.
Revisó primero debajo de la cama.
No.
Demasiado obvio.
Abrió un cajón.
No.
Demasiado fácil de encontrar.
Miró un viejo armario.
Pensó durante unos segundos.
Finalmente escondió la bolsa en un lugar que consideró seguro.
Se quedó mirándolo.
[Bien.]
Respiró aliviada.
[Al menos tengo algo de dinero.]
Luego se dejó caer sobre la cama.
Miró el techo.
Su vida anterior había terminado con ella preocupándose por dinero.
Y su nueva vida...
Bueno.
Parecía que también empezaba exactamente de la misma manera.
Gemma suspiró.
[Al parecer, ni siquiera la reencarnación pudo librarme de las preocupaciones económicas.]
Se quedó callada unos segundos.
Después sonrió.
[Pero al menos aquí puedo hacer magia.]
Se incorporó de golpe.
[...¿O no?]
Y por primera vez desde que había despertado en aquel mundo, una nueva preocupación apareció en su cabeza.
¿Y si realmente no tenía ningún poder mágico?
Su expresión se volvió seria.
[Eso sería el colmo.]