Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capítulo 20 _ Nada mejor que la comida de la mamá
Llegué donde mi mamá cerca del mediodía.
Apenas toqué la puerta, ella abrió y me miró sorprendida.
—¡Mijo! ¿Qué hace por acá?
Entré y dejé las llaves sobre una mesa.
—Ay, mamá, créame que me tiene harto.
Mi mamá levantó las cejas.
—¿Quién?
—Kiara.
—¿Otra vez están peleando?
—Es que, cucha, usted no sabe.
Me dejé caer en una silla.
—¿Qué pasó ahora?
Suspiré.
—No sabe hacer ni un tinto.
Mi mamá soltó una pequeña carcajada.
—¿Cómo que no sabe hacer un tinto?
—No, cucha. Le pedí un café esta mañana y no sabía ni qué era un tinto.
—¿Y usted no le explicó?
—Pues sí, pero después me lo hizo y estaba más amargo que la vida.
Mi mamá negó con la cabeza.
—Ay, Adonis...
—Y para completar, se me cayó la taza y se quebró.
—¿Usted la tiró?
—No, cucha, se me resbaló.
Mi mamá me miró con una sonrisa.
—Usted también tiene lo suyo, ¿ah?
—¿Yo qué?
—Nada.
Me quedé callado.
Mi estómago comenzó a hacer ruido.
Mi mamá lo escuchó.
—¿Tiene hambre?
—Sí, mucha.
—¿No desayunó?
—No.
—¿Y Kiara?
—No sé. Yo me vine para acá.
Mi mamá suspiró.
—Usted sí es tremendo.
—Ma, créame que necesitaba salir de allá un rato.
Ella caminó hacia la cocina.
—Siéntese. Voy a mirar qué le puedo dar.
—Gracias, cucha.
Me quedé sentado mientras ella comenzaba a preparar algo.
El olor de la comida empezó a llenar la casa.
—Uy, eso sí huele bueno.
—Claro, mijo. Aquí sí sabe cocinar la gente.
—Por eso vine.
Mi mamá se rio.
—No sea descarado.
—¿Qué? Tengo hambre.
Después de unos minutos puso un plato frente a mí.
—Tome. Desayune.
Miré el plato.
—Uy, gracias, mamá.
Comencé a comer.
—Esto sí es comida.
—Coma despacio, que parece que llevara tres días sin probar bocado.
—Es que ayer casi no comí.
Mi mamá se sentó frente a mí.
—Adonis, hablando en serio, ¿cómo están las cosas con Kiara?
Dejé de comer por un momento.
—Mal.
—¿Por qué?
—Discutimos por todo.
—Mijo, ustedes apenas están empezando a vivir juntos.
—Pero es que no nos entendemos.
—Eso toma tiempo.
—Ella no sabe hacer nada en la casa.
Mi mamá me miró seriamente.
—¿Y usted sí?
Me quedé callado.
—Pues...
—Adonis, no espere que Kiara sepa hacer todo de un día para otro.
—Pero ni un tinto.
—Pues enséñele.
—¿Yo?
—Sí, usted.
Solté una risa.
—Yo tampoco soy chef.
—No tiene que serlo. Solo tienen que aprender juntos.
Me quedé pensando.
Mi mamá tenía razón.
—Además —continuó—, usted también tiene que cambiar algunas cosas.
—¿Como cuáles?
—Por ejemplo, no puede llegar borracho a las tres de la mañana y esperar que ella esté tranquila.
Bajé la mirada.
—Ya sé.
—La muchacha estaba preocupada.
—Sí.
—Entonces no la haga sufrir por gusto.
Suspiré.
—Voy a intentar mejorar.
Mi mamá sonrió.
—Eso quiero escuchar.
Terminé de comer y me recosté en la silla.
—Ma.
—¿Qué?
—¿Usted cree que algún día vamos a llevarnos bien?
Mi mamá me miró con ternura.
—Claro que sí, mijo. Pero para eso los dos tienen que poner de su parte.
Asentí.
Quizá tenía que dejar de pensar solamente en lo que Kiara hacía mal.
Tal vez yo también tenía muchas cosas que cambiar.
Me levanté de la mesa.
—Gracias por el desayuno, cucha.
—Cuando quiera, mijo.
Tomé mis cosas y me preparé para regresar.
Antes de salir, mi mamá me dijo:
—Y pórtese bien con su esposa.
Me reí.
—Sí, cucha.
Abrí la puerta.
—Voy a intentar no embarrarla otra vez.
—Eso espero.
Salí de la casa pensando en sus palabras.
Tal vez volver a casa no sería tan fácil.
Pero tenía que regresar.
Kiara me estaba esperando.
Y esta vez quería intentar hablar con ella sin terminar en otra pelea.