Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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DULCE AMANECER
Rodrigo abrió los ojos como era su costumbre, muy temprano por la mañana.
Sin embargo, a diferencia del frío habitual de sus sábanas y la soledad de su pequeña habitación, esta vez despertaba envuelto en un calor humano infinitamente reconfortante.
Dejó escapar un suspiro pausado y, con absoluta delicadeza, estrechó aún más contra su pecho el cuerpo de Lesly. Inclinó la cabeza para hundir su rostro en su cabello, dejándose embriagar por la fragancia suave que emanaba de ella.
Lesly, sintiendo el movimiento, se acurrucó con mayor firmeza sobre el torso marcado de Rodrigo. En su rostro, relajado, se dibujaba una expresión de plena tranquilidad y felicidad.
“Buenos días...” susurró ella con la voz rasposa por el sueño.
“Buenos días, hermosa” respondió Rodrigo con voz grave, acariciándole la espalda “Sigue durmiendo, aún es muy temprano”
“Ya no tengo sueño” murmuró Lesly, alzando levemente la mirada.
Rodrigo acunó su mentón con la mano y buscó sus labios en un beso pausado. Esa mujer parecía tener un embrujo sobre él; sentía que jamás se cansaría de besarla ni de entregarse a ella.
Entre caricias lentas, murmuraciones al oído y roces que volvieron a encender la piel, la pasión de la noche anterior volvió a adueñarse de la estancia.
Fue recién cuando el sol alcanzaba lo más alto del cielo que ambos abandonaron la habitación, renovados tras una ducha reparadora y profundamente apasionada.
Al salir, ninguno de los dos intentó ponerle etiquetas a lo que acababa de suceder. No hablaron de compromisos ni de títulos; no hacía falta. Simplemente se permitieron disfrutar del instante y de la complicidad que los envolvía.
Mientras bajaban hacia la planta baja, Rodrigo rompió el silencio con cautela “No me lo puedo sacar de la cabeza...” dijo, deteniéndose un momento “¿Qué fue lo que pasó anoche en la gala? Digo... si es que quieres contarme”
Lesly lo tomó suavemente de la mano, lo guió hasta uno de los sofás de la sala principal y se sinceró.
Le relató la amarga verdad: la apuesta machista de Antonio Romero, la humillación del pasado y las crueles amenazas que aquella mujer había lanzado contra el pequeño Luca. Al revivir la escena, la impotencia volvió a ahogarla y las lágrimas rodaron de nuevo por sus mejillas.
Al escuchar la historia, Rodrigo apretó los puños con tal fuerza que las venas de sus brazos se marcaron. Una furia ciega recorrió su cuerpo; deseaba con todas sus fuerzas encontrar a Antonio Romero y hacerle pagar con los puños cada gota de dolor que le había infligido a Lesly.
Tragándose la rabia, atrajó a la ejecutiva hacia sus brazos y la estrechó contra su pecho, consolándola con murmullos cariñosos.
Lesly se dejó llevar por la calidez de su refugio, pero tras unos minutos, al cobrar conciencia de que estaban en la sala principal de la mansión, se separó bruscamente y miró hacia los pasillos.
“Nos pueden ver...” susurró con cierto temor, que alguien la vea.
Rodrigo pareció despertar de la burbuja en la que se encontraban. Asintió, sintiendo una repentina incomodidad por la brecha social que la realidad volvía a imponer entre los dos.
Para romper la tensión, recobró su tono de trabajo “Iré a mi casa a recoger a Julieta y a Luca”
“¿Te parece si vamos juntos?” propuso Lesly de inmediato “Es fin de semana y me gustaría llevar a mi hijo y a mi hermana a algún lugar especial”
Rodrigo lo pensó un segundo y una sonrisa cálida volvió a iluminar su rostro “Conozco un lugar muy bonito a las afueras. Hoy tenía planeado llevar ahí a mi abuela y a mi hermana Briana... Si quieres, podemos ir todos juntos”
“Me parece una idea excelente. Vamos entonces” aceptó Lesly sin dudarlo, llena de vitalidad.
Ambos abandonaron la residencia y caminaron hacia el vehículo. Antes de encender el motor y poner la marcha, Rodrigo se giró hacia ella, le plantó un tierno beso en los labios y le tomó la mano firmemente.
Así, entrelazando sus dedos sobre la palanca de cambios y manejando con la otra mano, partieron juntos al reencuentro de su familia.
En la pequeña y humilde casa de Rodrigo, la paciencia comenzaba a agotarse. Desde la noche anterior, ni él ni Lesly habían respondido a una sola llamada o mensaje de texto.
Julieta y la abuela María habían cruzado miradas de preocupación en más de una ocasión, pero la única certeza que les devolvía la tranquilidad y aliviaba la zozobra era saber que ambos estaban juntos y que, estuvieran donde estuvieran, se cuidaban mutuamente.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡