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HASTA QUE SEAS MÍA

HASTA QUE SEAS MÍA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Divorcio
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Isabella Mason creyó que su matrimonio con Alan sería para siempre.

Lo amó, lo apoyó cuando no tenía nada y permaneció a su lado mientras él construía la vida que siempre quiso. Pero con el éxito llegaron la distancia, la ambición y la certeza de que amar a alguien no siempre significa ser suficiente para quedarse.

Cuando su matrimonio se derrumba, Alexander Blackwood aparece con una propuesta imposible: divorciarse y casarse con él.

Alexander está a punto de anunciar su candidatura presidencial. Isabella necesita empezar de nuevo.

El acuerdo parece sencillo.

Hasta que deja de serlo.

Porque Alexander Blackwood nunca entra en una historia por casualidad.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

—Isabella, ¿puedo robarte unos minutos?

La voz de Victoria Blackwood llegó desde mi izquierda.

Alexander todavía estaba a mi lado, con una mano apoyada en mi cintura desde hacía unos minutos. Cuando su madre se acercó, sentí cómo sus dedos se aflojaban lentamente sobre la tela de mi vestido. Lo miré. Él no parecía preocupado. Yo tampoco.

Sabía que Victoria y yo necesitábamos hablar. Desde que había regresado no habíamos tenido una sola conversación.

—Claro —dije sin más.

Victoria sonrió y miró a su hijo.

—No tardaré.

Él retiró la mano de mi cintura sin hacer una sola pregunta.

—Tómate el tiempo que necesites.

No hubo ninguna advertencia silenciosa ni esa mirada que a veces lanzaba cuando quería saber exactamente qué ocurría. Simplemente me dejó ir.

Seguí a Victoria hacia el interior de la casa hasta llegar a la biblioteca. Cuando cerró la puerta, el sonido de la fiesta se convirtió en un murmullo distante.

Ambas tomamos asiento en los sillones, frente a frente. Durante unos segundos no dijo nada, y eso consiguió ponerme más nerviosa de lo que esperaba.

—Supongo que sabes que esto no es una sorpresa para nuestras familias. Tu madre y yo nunca fuimos particularmente discretas.

Sonreí un poco.

Eso era cierto.

—Mi hijo encabezaba la lista de candidatos que tu madre consideraba aceptables para ti.

—Y tú encabezabas la nuestra.

Mi sonrisa disminuyó un poco.

Victoria pareció divertida por mi expresión.

—No me mires así. Te conocemos desde que naciste. Sabíamos cómo habías sido criada, conocíamos a tus padres y, sobre todo, te conocíamos a ti.

Se acomodó con calma en el sillón.

—Para Margaret y para mí parecía perfecto. Nuestros hijos, nuestras familias todavía más unidas… Creo que durante años construimos un futuro entero en nuestras cabezas sin molestarnos demasiado en preguntarles a ustedes qué opinaban.

Negó ligeramente, divertida.

—Éramos insoportables.

Esta vez ambas reímos.

Después su expresión se suavizó.

—Y nuestros esposos tampoco ayudaban.

—¿Ellos también?

—Mucho menos románticos, por supuesto. Para ellos tenía sentido por otras razones. Las familias se conocían, existía confianza, los apellidos se beneficiaban mutuamente y sabían que ninguno de sus hijos terminaría vinculado con alguien completamente desconocido.

Negó ligeramente.

—Así que sí. Todos estábamos bastante satisfechos con aquella posibilidad.

La miré durante unos segundos.

—Hasta que me fui.

Victoria no respondió de inmediato.

—Exacto… Hasta que te fuiste.

No había reproche en su voz.

Aun así, sentí algo incómodo en el pecho.

—Cuando nos enteramos de que te habías casado con aquel joven, debo admitir que me molestó. Pero no por Alexander.

Victoria se inclinó un poco hacia mí.

—Me molestó porque te habías marchado sin despedirte. Porque tu madre estaba destrozada. Y porque nosotros también te queríamos, Isabella.

Antes de que pudiera responder, continuó.

—Pero después se me pasó.

Su sonrisa fue pequeña.

—Recordé que yo también tuve tu edad. Yo también estuve convencida de haber encontrado al amor de mi vida.

Aquello no me lo esperaba.

La observé con más atención.

—¿Y no era…?

Miró hacia la puerta antes de volver sus ojos hacia mí.

—No era el padre de Alexander.

Mis ojos se abrieron un poco.

Victoria soltó una pequeña risa.

—No pongas esa cara. Fue hace muchísimo tiempo.

—Nunca lo habría imaginado —dije.

—Porque después conocí al hombre correcto.

Su expresión cambió apenas.

—Pero antes de eso fui una muchacha bastante convencida de que sabía exactamente lo que quería. Incluso pensé en marcharme con aquel hombre, pero no me dejaron.

La forma tranquila en que lo dijo me hizo guardar silencio.

—Mis padres intervinieron antes de que pudiera cometer mi gran acto de rebeldía. Durante años estuve convencida de que me habían arruinado la vida.

Sonrió.

—Después conocí a mi esposo.

Comprendí.

—Así que cuando tú huiste con ese muchacho, después de enfadarme, pensé que quizá simplemente habías tenido el valor que yo no tuve.

No supe qué responder.

Victoria me observó con una ternura inesperada.

—No voy a juzgarte por haberte enamorado.

Aquello apretó algo dentro de mí.

—Aunque haya terminado mal —dije.

—Que algo termine mal no significa que nunca haya sido real.

La frase me golpeó más de lo que esperaba.

Victoria no intentó suavizarla ni añadir nada más. Solo me miró.

Y por primera vez desde que había regresado sentí que alguien de aquel mundo no estaba evaluando los últimos dos años de mi vida como una cadena de errores de la que debía avergonzarme.

Extendió la mano y tomó la mía.

—Pero debo confesarte algo bastante egoísta.

Esperé.

Su sonrisa regresó.

—Estoy muy feliz de que mi sueño todavía pueda cumplirse.

No pude evitar reír un poco.

—Victoria…

—Déjame disfrutarlo. Llevo años creyendo que había perdido toda posibilidad.

Negó con diversión.

—Margaret y yo probablemente vamos a ser insoportables durante las próximas semanas.

—Eso sí me preocupa.

—Debería.

Volvimos a reír.

Después sus ojos descendieron hacia nuestras manos.

—Sé que este matrimonio es un acuerdo.

—Entonces sabes que esto no es exactamente lo que tú y mamá imaginaron

—Ahora mismo, no.

La miré.

Victoria acarició con el pulgar el dorso de mi mano.

—Y tampoco soy tan ingenua como para creer que una firma convierte automáticamente a dos personas en una pareja.

Hizo una pausa.

—Pero llevo suficientes años casada como para saber que muchas cosas importantes no empiezan de la manera en que imaginamos.

Sentí que sabía exactamente hacia dónde iba aquella conversación.

—No te estoy pidiendo que te enamores de mi hijo.

La miré.

—Todavía.

Abrí la boca.

Ella sonrió.

—Era una broma.

No parecía completamente una broma.

—Solo digo que no deberías decidir desde ahora que algo es imposible únicamente porque empezó como un contrato.

Guardé silencio.

Victoria volvió a sonreír.

—Y ahora voy a decirte algo sobre Alexander que probablemente él preferiría que no dijera.

Eso consiguió llamar toda mi atención.

—Mi hijo puede parecer muy práctico cuando se trata de tomar decisiones. Quiere algo, hace un plan y lo consigue.

—Eso sí lo he notado.

—En casi todo.

Su expresión cambió ligeramente.

—Pero hay cosas que ni siquiera Alexander sabe resolver con tanta facilidad.

—¿Qué cosas?

Victoria sostuvo mi mirada durante unos segundos.

—Las que realmente le importan.

Sentí algo extraño en el pecho.

—Eso es bastante ambiguo.

—Lo sé.

—¿Y no vas a explicarlo?

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—No.

—Eso es injusto.

—Soy tu futura suegra. Tengo derecho a reservarme algunas cosas.

No pude evitar sonreír.

Victoria soltó mi mano y se levantó. Yo hice lo mismo.

Antes de dirigirse hacia la puerta, se volvió hacia mí.

—Solo te pediré una cosa.

Esperé.

—No decidas desde ahora lo que este matrimonio puede o no puede llegar a ser.

La observé.

—Sé que empezó como un acuerdo. Sé que ambos tienen razones para hacerlo y no voy a pedirte que olvides ninguna de ellas.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero las razones por las que empezamos algo no siempre son las mismas por las que decidimos quedarnos.

Aquella frase consiguió dejarme en silencio.

Victoria sonrió.

—Y ahora sí. Será mejor que volvamos antes de que tu madre crea que intento secuestrar a su hija.

—No creo que le preocupe demasiado. Va a entregarme a tu hijo de todas formas.

Victoria rio.

—Créeme, cariño. Margaret lleva años esperando poder hacer eso.

Abrió la puerta.

Antes de salir, volvió a mirarme.

—Estoy muy feliz de que seas tú, Isabella.

No supe qué responder.

Solo la seguí de regreso hacia la terraza.

El ruido de la fiesta volvió a envolvernos, pero durante varios segundos apenas lo escuché.

Las razones por las que empezamos algo no siempre son las mismas por las que decidimos quedarnos.

Busqué nuevamente Alexander

Seguía al otro lado del jardín, hablando con un pequeño grupo de invitados. Serio, tranquilo, completamente seguro de sí mismo.

Exactamente como siempre.

Y, sin embargo, después de la conversación con su madre, me permití observarlo de una manera distinta.

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Lala
👍 OK, la historia está tan interesante y atrapante que preferiría que subiría los capítulos hoy pero si no puedes a esperar
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