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La Esposa Que Él No Quiso

La Esposa Que Él No Quiso

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio
Popularitas:420.3k
Nilai: 4.4
nombre de autor: maria

Jimena Rivas pasó cinco años siendo la esposa secreta de Sebastián Alcázar. Lo amó en silencio, cuidó su casa, soportó su frialdad y creyó que algún día él aprendería a mirarla.

Pero la noche en que descubrió que estaba embarazada, también vio a Sebastián anunciar ante todos a otra mujer: Sofía, joven, dulce, embarazada... y dueña de toda la ternura que él jamás le dio.

Sebastián le pidió el divorcio con desprecio, la obligó a cuidar a su amante y usó la enfermedad de su madre para mantenerla atada. Jimena decidió irse. Sin escándalos. Sin rogar. Sin mirar atrás.

Lo que Sebastián no sabía era que ella también esperaba un hijo suyo.

Y cuando por fin quiso recuperarla, Jimena ya había aprendido algo que él nunca imaginó:

amarlo no era destino.

Era una condena de la que estaba dispuesta a escapar.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7

En el sueño, Sebastián no respondió.

Yo lo abracé más fuerte, aferrándome a esa ternura falsa que solo existía mientras dormía.

—Esposo, me siento mal...

—Tienes fiebre. Hay que tomar medicina.

Su voz era suave.

Demasiado suave.

—No quiero. Sabe feo.

—Entonces no tomes. Mi niña no tiene que tomar nada amargo si no quiere. Yo me quedo contigo.

Quise abrir los ojos para verlo.

Cuando lo hice, el sol ya entraba por la sala y me lastimó la vista.

Estaba sola.

El sofá seguía igual, la cobija caída a medias, el vaso de agua sobre la mesa. Ninguna señal de que alguien hubiera vuelto. Ninguna mano en mi frente. Ninguna voz.

La fiebre había bajado.

Me tomé el pulso y luego puse los dedos en el vientre, por costumbre de médica y miedo de madre. Todo parecía estable. Aun así, mi cuerpo estaba demasiado débil. Si seguía así, ese bebé podía irse antes de que yo decidiera si debía quedarse.

Era fin de semana. Fui al sanatorio a ver a mamá y aproveché para hacerme estudios tempranos.

El médico encargado me recibió con una sonrisa.

—Su madre respondió bien al medicamento especial. Todavía hay daño neurológico, pero con terapia y seguimiento podemos mejorar mucho.

Sentí que, por primera vez en días, el aire me entraba completo.

—Gracias, doctor.

—Además llegó un especialista en neurorehabilitación. Participó en el desarrollo del tratamiento que usamos. Si quiere, después de ver a su madre puede hablar con él.

Acepté.

Mamá estaba despierta. Me tomó la mano en cuanto me vio.

—Sebastián hace mucho que no viene contigo.

La mentira me salió fácil.

—Tiene mucho trabajo.

Mamá me miró con esos ojos cansados que todavía sabían leerme.

—Jimena, desde que tu papá está preso y tu hermano desapareció, tú cargas todo. No me escondas si algo te duele.

Me senté junto a ella.

—No me duele nada, mamá.

Mentí otra vez.

—Tú recupérate. Papá va a salir. Vamos a encontrar a mi hermano. Todo va a mejorar.

Lo dije porque ella necesitaba escucharlo.

Yo no sabía si todavía podía creerlo.

Después de los estudios, fui a conocer al especialista.

Mateo estaba esperándome.

—Qué casualidad —dijo, sonriendo—. No sabía que la paciente era tu madre.

Me quedé sorprendida.

—Tú eres el especialista.

—Eso parece.

Me preguntó por la fiebre, por la mano, por la caída. Me cuidó con una naturalidad que me incomodó, no porque fuera invasiva, sino porque ya no estaba acostumbrada.

Con Sebastián, cualquier cuidado venía con precio o desprecio.

—Estoy bien —dije.

Mateo miró la hora.

—Entonces come conmigo. Ya es tarde y no pienso dejar que una paciente terca se vaya sin comer.

—¿Paciente?

—Doctora terca, entonces.

Acepté.

Fuimos a un restaurante tranquilo. Pedí comida suave, sin irritantes. Mateo lo notó.

—Antes te gustaba más fuerte.

—Uno cambia.

Él me miró con una dulzura que no intentó esconder.

—Hay cosas que no cambian tanto.

Bajé la vista.

Yo sabía leer ese tipo de mirada. Una mujer no necesita que le expliquen cuando alguien la mira con interés.

Antes de que pudiera responder, Sofía apareció.

—Jimena, qué sorpresa.

Venía con Sebastián.

Él me vio sentada frente a Mateo y la temperatura del lugar pareció bajar.

—¿Ustedes están saliendo? —preguntó Sofía, emocionada—. Siempre escuché que eran perfectos juntos.

Mateo sonrió antes que yo.

—¿Eso parece?

—Claro. En la escuela todavía hablan de ustedes. Doctor Salcedo, échele ganas y conquístela.

Sebastián no dijo nada.

Sofía tiró de su brazo.

—Tengo hambre. ¿Vamos?

Él la siguió.

Mientras se alejaban, ella se tocó el vientre.

—Sebastián, creo que el bebé se movió.

Él le tocó la cabeza con una paciencia casi divertida.

—Tiene dos meses. Todavía no se mueve.

Los vi irse así, como una pareja que sí podía existir a plena luz.

Mateo me observó.

—¿Conoces a Sebastián Alcázar?

Tomé agua.

—No.

No me creyó.

Pero no insistió.

Después de comer, volvió a llover. Mateo sacó un paraguas y me puso su saco encima.

—No tienes que...

—Ayer no lo rechazaste.

—Ayer estaba peor.

—Hoy tampoco estás tan bien.

Su mano quedó cerca de mi espalda sin tocarme de más. Caminamos así hasta el coche.

No vi a Sebastián, pero sentí esa mirada en la nuca.

Más tarde, ya en casa, Mateo me llamó.

—Necesito avisarte algo. El proyecto clínico de tu padre va a reabrirse.

La mano se me enfrió.

Ese proyecto había sido la raíz de la desgracia de mi familia. Mi padre, antes respetado, terminó en prisión por acusaciones relacionadas con pacientes psiquiátricas embarazadas. Mi madre se rompió después de eso. Mi hermano desapareció en medio del desastre.

—¿Quién lo va a tomar?

—No han dicho el nombre. Solo sé que fue alguien a quien tu padre apoyó en el pasado.

Respiré despacio.

—Si eso llega a mi madre...

—Lo sé. Quería que estuvieras preparada.

También me dijo otra cosa: podía ayudar a Clara con una plaza de formación en el extranjero.

Por primera vez en días, sonreí de verdad.

—Gracias, Mateo.

Cuando colgué, me quedé mirando los dos sacos sobre el sofá: el de la noche anterior y el de la comida.

—¿Tanta prisa tienes por divorciarte por Mateo?

Sebastián estaba en la entrada.

Traía el abrigo mojado y una carpeta en la mano. La aventó al bote de basura antes de acercarse.

—¿Ahora revisas mi sala?

—Reviso lo que pasa en mi casa.

—Tu casa también tiene fotos de Sofía, ¿no? Ve a revisarlas a ella.

Sus ojos se clavaron en los sacos.

—Corta con él. Sigues siendo mi esposa.

La palabra me dio risa.

—¿Cuándo me reconociste como eso?

Fui por el convenio que el abogado había revisado.

—Firma. Así Sofía deja de esperar.

Sebastián me agarró la mano.

—Si quieres divorciarte por él, no voy a firmar.

—Estás enfermo.

Forcejeamos.

La hoja del estudio de embarazo casi se salió de mi bolsa.

Me agaché antes que él y la doblé rápido.

—¿Qué es?

—Nada tuyo.

Su celular sonó.

Sofía.

La contestó con la voz suave que yo ya conocía demasiado bien.

—¿Qué pasó?

Salió mientras hablaba con ella.

Al día siguiente, después de una cirugía, Clara llegó casi corriendo.

—Jimena, el proyecto de tu papá se lo dieron a Sofía.

Sentí que el cuerpo se me quedaba sin sangre.

—¿Qué?

—Lo anunció ella misma. Dice que no repetirá los errores del doctor Rivas.

Abrí el celular con las manos temblando.

Ahí estaba.

Sofía convertida en promesa médica.

Mi padre convertido otra vez en monstruo.

Y Sebastián, seguramente, detrás de la puerta que ella acababa de cruzar.

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Omis Mendoza
estás novelas demaciado largas sé enrredan mucho y sé le vá perdiendo el color me imagino ese tal Arturo es un desgraciado y a lo mejor es un rufián vestido dé cordero con diez patas 🤣🤣
Gladis Morales
por fin!!! demasiado largooooo!!!
Marisa Rodriguez de Cuello
por mi parte, primero aborto, porque tener un vínculo con ese engendro ni loca. después cantarle las cuarenta a la mosca inútil de la amantes, tercera distribución de material fotográfico en el hospital y en redes
Mirna Lobo
no mi amor 😞 en la vida no hay que ser tan pendeja y profesional menos 😡😡/Left Bah!/
Mirna Lobo
sí deja a ese parásito 😡😡
Teresa Rodriguez
esta. vien. vonita. k.erover. mas
Ana maria Betancourt flores
va seguir la novela
Lorena: la verdad no me gusta siempre está humillando y ella no se da su lugar como mujer
total 1 replies
Martha Ordoñez
hermosa la novela
Teresa Muñoz
autora su novela es muy buena ami no me gustan las novelas que tengan muchos capítulos pero esta novela me tiene entretenida ya quiero terminar para saber el final.
Betty Fernandez
este estilo de mujer es del siglo 18.
Dervy 🇩🇴
Le hace honor al género. #maltrato emocional
Dios cuántas cosas 😭
Sandra Yaqueno
Mucho drama,
Dervy 🇩🇴
Continúo sufriendo por qué, no entiendo su comportamiento....


y Lamentablemente me veo reflejada en ella. Solo que le aguante de todo a un pobre 🤣🤣🤣🤣🤣🤣


Da dolor y rabia 😭😭😭😭
Dervy 🇩🇴
Despreciable es lo que es.
Dervy 🇩🇴
Esa gente arruinaron esa familia para robarles el patrimonio. Ahora no entiendo algo, por qué ese comportamiento de el? pensaría que ella perdió el primer bebé a propósito? y por qué es tan diferente con la insípida de Sophia y frio con ella. hasta indiferente 😭
Alejandra Mabel Miño
HmMMuyMuy no me encantó 👍 me buena historia felitaciones!i
Dervy 🇩🇴
Felicidades autora
si que es maltrato emocional
me tiene estresada
Dervy 🇩🇴
Dios como testigo, si como madre voy hacer una carga para una hija mía así. prefiero ir con San Pedro
Dervy 🇩🇴
Cómo se puede sentir desprecio por un personaje ficticio?
Dervy 🇩🇴
Cuánto aguanta
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