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Volver a Vos

Volver a Vos

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Aventura de una noche / Mujer poderosa / Madre soltera / Embarazo no planeado / Malentendidos
Popularitas:90.4k
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Cuatro años atrás, Lara Rivas lo perdió todo en una sola noche: su familia, su prometido, su nombre y casi la vida. Traicionada por su propia hermana, desapareció sin mirar atrás.

Ahora vuelve a Buenos Aires con otro rostro, otro nombre y dos hijos que son todo su mundo. Solo quiere recuperar lo que le arrebataron y hacer caer a quienes la destruyeron.

Pero Sebastián Ferrer aparece otra vez.

Frío, poderoso y acostumbrado a que nadie le diga que no, Sebastián no logra entender por qué esa mujer le resulta tan familiar. Tampoco por qué sus hijos se parecen tanto a él.

Entre secretos, heridas viejas y una atracción que ninguno de los dos pidió, Lara intenta mantenerse lejos.

El problema es que sus hijos ya eligieron bando.

Y esta vez, el pasado no piensa quedarse enterrado.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

El celular vibró.

Lara iba a contestar un mensaje cuando una sombra le cayó encima.

—Levantá la cara.

La orden fue seca, fría, como si él estuviera acostumbrado a que todo el mundo obedeciera sin preguntar.

Lara alzó la vista por reflejo.

Se encontró con un hombre alto, de traje impecable y ojos oscuros. Era demasiado atractivo para tener esa cara de funeral. La miraba fijo, como si buscara algo en sus facciones.

Durante un segundo, ella también se quedó quieta.

Ese hombre le sonaba.

No sabía de dónde.

Antes de que pudiera decir nada, él frunció apenas el ceño. En sus ojos pasó una decepción tan clara que a Lara le dieron ganas de reírse en su cara.

Sebastián Ferrer se dio vuelta y se fue.

Sin explicar.

Sin disculparse.

Como si ella hubiera nacido para aguantar rarezas ajenas.

Lara guardó el celular en el bolsillo.

—¡Eh!

Sebastián siguió caminando.

Nicolás, que venía detrás, le avisó con una sonrisa.

—Hermano, la morocha te está llamando.

Sebastián se detuvo. Giró apenas la cabeza.

—¿Qué pasa?

Lara lo alcanzó con dos pasos.

—Eso te pregunto yo. Estoy acá, tranquila, sin joder a nadie. Venís, me ordenás que levante la cara, me mirás como si estuvieras eligiendo ganado y te vas. ¿Quién te creés que sos?

Nicolás abrió los ojos.

Nadie le hablaba así a Sebastián.

Nadie con ganas de seguir respirando en paz.

Lara siguió, sin bajar el tono.

—Si era una forma de llamar mi atención, te aviso que das vergüenza.

La presión alrededor de Sebastián bajó varios grados.

Nicolás se metió antes de que la cosa terminara peor.

—Hermosa, perdón. Fue un error nuestro. Mi hermano confundió a alguien.

Se acomodó el saco rosa, tiró su mejor sonrisa y apoyó una mano en el pecho.

—Para compensarte, dejame invitarte a comer un día. Pasame tu WhatsApp y...

Lara lo miró de arriba abajo.

El gesto le provocó más frío que el aire acondicionado del aeropuerto.

—No, gracias.

Nicolás se quedó con la sonrisa colgada.

—¿Ni por educación?

—Justamente por educación no te contesto lo que pienso.

Benja, desde la valija, murmuró:

—Mami, vamos.

Dulce miró a Sebastián con curiosidad.

—El señor es lindo.

Benja le tapó la boca.

—No se habla de desconocidos delante de los desconocidos.

Lara tomó las manitos de sus hijos.

—Nos vamos.

Nicolás todavía quería decir algo, pero Sebastián lo frenó con una mirada.

—Vamos.

Caminaron en silencio hasta alejarse del flujo de pasajeros.

Recién ahí Nicolás largó el aire.

—¿Me explicás qué fue eso? Vos no te acercás a mujeres en aeropuertos. Ni en aeropuertos ni en ningún lado. ¿La confundiste con quién?

—Nico.

—Bueno, bueno. No pregunto.

Sebastián siguió caminando, pero la imagen de la mujer no se le iba.

La espalda.

La forma de moverse.

El modo de clavarle las palabras sin miedo.

Durante cuatro años había visto demasiadas veces la grabación de aquella suite. Una mujer saliendo apurada del Alvear Palace, con el pelo desordenado y una nota insolente sobre la mesa.

Flojito.

Todo decía que esa mujer había sido Candela Rivas.

Pero algo nunca le había cerrado.

Y esa desconocida acababa de abrir de nuevo la duda.

En el estacionamiento, Lara todavía intentaba ubicar el punto exacto que le había mandado Mora cuando escuchó un grito.

—¡Lara! ¡Acá!

Mora Suárez asomaba medio cuerpo por la ventanilla de una van negra. Llevaba gorra, anteojos enormes y barbijo, pero aun así era imposible no reconocerla si una la miraba dos segundos.

—¡Madrina!

Dulce salió disparada.

Mora bajó de la camioneta y se agachó para abrazar a los dos chicos.

—Mis amores. ¿Me extrañaron?

—Mucho —dijo Dulce, colgada de su cuello—. ¿Trajiste comida?

—Traje comida, juguetes y casa. Todo el combo.

Benja le levantó un poco la visera.

—Estás más linda.

Mora le llenó la cara de besos.

—Este nene me compra con dos palabras.

—Es estrategia —dijo él, limpiándose la mejilla.

Mora subió a los chicos rápido. No quería cámaras, ni fans, ni titulares absurdos al día siguiente. El chofer cargó las valijas y Lara se sentó junto a ella.

Apenas cerraron la puerta, Mora la abrazó con fuerza.

—Volviste.

Lara apoyó la frente en su hombro.

—Volví.

—¿Para quedarte?

—Para quedarme.

Mora respiró temblando.

Cuatro años atrás, cuando Lara había aparecido entre la vida y la muerte, Mora fue quien pagó el hospital, quien la escondió de los Rivas, quien le preguntó si quería irse del país y le armó todo para estudiar en Corea.

También fue quien dejó su propia carrera en pausa un año entero para acompañarla durante el embarazo.

Lara había llevado a los bebés con la cara destrozada, sin poder operarse por la anestesia, tragándose el miedo cada día. Después del parto, apenas pudo caminar, Mora la llevó al mejor centro de reconstrucción facial que pudo pagar.

Sin ella, Lara y sus hijos no habrían sobrevivido.

No era una amiga.

Era familia.

—Vamos a casa —dijo Mora, apretándole la mano.

—Sí.

—A casa.

No muy lejos de ahí, Candela Rivas se quedó quieta en medio del estacionamiento.

¿Lara?

Había escuchado ese nombre.

O creyó escucharlo.

Miró alrededor, pero el aeropuerto era un caos de ruedas, bocinas, voces y puertas abriéndose. No distinguió de dónde había venido la voz.

—¿Vas a subir o no?

La voz de Sebastián la cortó como una cuchilla.

Candela reaccionó de golpe.

—Sí. Perdón.

Intentó sentarse adelante, en el asiento del acompañante.

—Atrás —ordenó Sebastián.

La mano de Candela quedó suspendida en la puerta.

Nicolás ya se había instalado adelante.

Ella tragó la bronca y abrió la puerta trasera.

En el asiento estaba Mateo.

Un nene pequeño, precioso, con el mismo rostro helado de Sebastián y una quietud que incomodaba.

Candela cambió la cara al instante.

—Mateo, mi amor. Mamá te extrañó muchísimo.

Lo abrazó de golpe.

Mateo se puso rígido.

No habló. Solo la empujó con las manitos y se corrió hacia el otro lado del asiento.

Candela apretó los dientes.

Ese chico nunca colaboraba.

No podía mostrarlo. No delante de Sebastián.

Se sentó, cerró la puerta y se acomodó la sonrisa.

—Mateo, ¿no extrañaste a mamá?

Él miró fijo el respaldo del asiento delantero.

Como si no la hubiera escuchado.

Candela sacó de su cartera unos juguetes y golosinas importadas.

—Mirá lo que te traje.

Mateo no movió ni un dedo.

La rabia le subió por la garganta.

Cuatro años antes, cuando Nicolás la había llevado a la familia Ferrer, Candela creyó que por fin había ganado.

Pero Sebastián no le dio nada.

La recibió en su casa, sí. Le preguntó qué quería. Ella pidió darle un hogar completo a su hijo. Él le dijo que pidiera algo real.

Pocos días después la mandó de vuelta a la casa Rivas.

Candela no estaba dispuesta a volver a una vida común después de haber tocado la puerta de una familia como los Ferrer. Ricardo, Elena y ella lo hablaron mil veces hasta decidirse por una mentira: fingir un embarazo.

Ricardo consiguió un médico privado. Fabricaron ecografías. Compraron silencios. Sebastián, desconfiado, la llevó a otro hospital, pero Ricardo ya había previsto esa jugada y también había comprado al profesional de turno.

La mentira funcionó.

Candela entró a la casa Ferrer a reposar.

El plan era simple: acercarse a Sebastián, seducirlo, quedar embarazada de verdad. Si no lo lograba antes de que la panza falsa fuera imposible de sostener, simularía un aborto.

Pero Sebastián casi no volvía.

Y cuando volvía, ni la miraba.

El tiempo empezó a ahorcarla.

Entonces, una mañana, sus padres la llamaron urgente.

En la casa Rivas, Elena sostenía a un bebé recién nacido, rojo, arrugado, envuelto en una manta.

—Lo dejaron en la puerta —dijo Ricardo, mostrándole una nota—. Dice que es hijo de Sebastián Ferrer.

Candela no lo creyó.

Sebastián tenía alergia al contacto femenino. Ella misma había intentado acercarse y solo había conseguido rechazo.

Elena, en cambio, fue práctica.

—Con Lara no le pasó nada. Y si alguna mujer tuvo un hijo suyo y no lo quiso, pudo dejarlo acá porque sabe que vos estás en la casa Ferrer.

Ricardo puso las opciones sobre la mesa.

Fingir el aborto y perderlo todo.

O apostar.

Si el bebé no era de Sebastián, los Ferrer los hundirían.

Si lo era, los Rivas subirían de golpe a otro mundo.

Candela apostó.

Y ganó.

La prueba de ADN confirmó que Mateo era hijo de Sebastián.

Desde entonces, ese chico fue su único puente hacia él.

Un puente frío, silencioso y difícil de manejar.

La camioneta entró en la vieja residencia Ferrer de San Isidro. Detrás del portón, la propiedad parecía más un parque privado que una casa.

Candela miró las columnas, los ventanales, el jardín inmenso.

Algún día iba a ser la señora de ese lugar.

Tenía que serlo.

—Mateo no mejora, ¿no? —preguntó con voz suave—. Sebastián, el doctor Aguirre dijo que necesitaba más acompañamiento familiar. Ahora que estamos los tres juntos, podríamos quedarnos a comer.

El aire dentro del auto se congeló.

Sebastián giró apenas la cabeza.

—Última vez.

Candela palideció.

—¿Qué?

—Mateo no está enfermo.

Ella bajó la mirada.

No dijo lo que pensaba.

Que un nene que no hablaba, que podía pasar horas mirando una pared, que rechazaba la comida hasta necesitar suero, no era un nene normal.

No se atrevió.

Mateo era su única carta.

Y Sebastián acababa de mirarla como si estuviera a punto de romperla.

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JZulay
Lara al rescate 🏃🏼‍♀️....aunque no quieras reconocerlo, ese hombre es tuyo 🎶, para siempre tuyo .../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Anyel04
🤣🤣🤣🤣
Claudia Kassar
Cándela suertuda 😤
Leonor Carballo
bendiciones xfiis maratón 🤭
Claudia Kassar
De acuerdo 😤
Jos Qui
😂🤭más capítulos porfavor ahorita para seguir riéndome de esos dos jaja Sebastián la única forma de que le des su lugar a lara es que te cases con ella
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Anyel04
Me enredo este árbol genealógico
entonces no es la madre de Sebastián
JZulay
/Awkward/..../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/....Joaquín estás desatado...🤭
ahora o nunca !!!
JZulay
Ay....Joaco.....🤭....la competencia está reñida /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
JZulay
claro, eso es de allí....necesitan evidencias, y qué mejor que las grabaciones 🧐
JZulay
se estaba comportando decentemente 🤭
pero un poquito más y sacan a la diabla que lleva por dentro /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Anyel04
Sebastián al fin llegas
Anyel04
Lara toma se te callo la 👑
Diana Carolina Perez Pulido
la historia se está poniendo cansona, solo peleas y Sebastian y Lara no avanzan

deja de meterme relleno a la historia y empieza a acomodar las cosas entre Sebastian y Lara, 60 capítulos y no avanzan
JZulay
ese lugar debe tener cámaras !!! /Smug/
busquen ...rápido
JZulay
sin habla....atónito..🤭
Jos Qui
porfavor
Jos Qui
hola gracias por subir un capítulo más pero quiero que suban otro capítulos para hoy también para descargarlos a la biblioteca de leer sin conexión a internet ya que para mañana no tendré más internet para leerlos
Susi Juana: es 1 capitulo x dia no termina mas!!@
total 1 replies
Jos Qui
Sebastián ira a marcar territorio 🤭🤭😂 más capítulos porfavor ahorita
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