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Imperio De Mentiras.

Imperio De Mentiras.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Atracción entre enemigos
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

El imperio más codiciado de Italia que no le pertenece a nadie… excepto a él.

Ella heredó algo que no le pertenecía y él está dispuesto a quitárselo.

Entre pasiones calculadas y verdades que amenazan con destruirlos a ambos, la pregunta no es quién ganará… sino quién caerá primero en su propia trampa.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

El *Ristorante Cavour* era el epítome de la vieja aristocracia turinesa: candelabros de cristal de Murano, manteles de lino pesado y una atmósfera donde las grandes fortunas de Italia cerraban tratos en voz baja.

Un camarero vestido de etiqueta impecable guio a Fabiola por una escalera de caracol hasta el reservado del segundo piso. Al abrir la puerta de madera tallada, la luz tenue de las velas iluminó una mesa redonda preparada para dos, situada junto a un balcón con vistas a la plaza iluminada.

Alejandro ya estaba allí. Se puso de pie de inmediato al verla entrar. Su mirada recorrió a Fabiola con una apreciación pausada, deteniéndose un segundo de más en el corte del vestido borgoña antes de sostenerle los ojos con una compostura implacable.

—Señorita Galván. La puntualidad sigue siendo una de sus virtudes más deslumbrantes —dijo Alejandro, dando un paso al frente para retirarle la silla con una cortesía impecable.

—La puntualidad es profesionalismo, Santamaría —respondió Fabiola, tomándose un instante para acomodarse sin dejar que el roce involuntario de sus manos al acercar la silla la perturbara—. Y esta es una reunión estrictamente profesional.

—Por supuesto —sonrió él, rodeando la mesa para ocupar su lugar enfrente—. Aunque reconozco que el rojo borgoña le sienta mucho mejor que la rigidez de su oficina.

Fabiola entrelazó sus dedos sobre la mesa, mirándolo fijamente.

—Ahorrémonos los cumplidos de protocolo. Si me hizo venir hasta aquí en lugar de enviar a sus abogados a mi edificio, es porque tiene algo que decirme que no puede quedar registrado en un papel.

El sumiller se acercó en ese momento, rompiendo el aire tenso para servir dos copas de un *Barolo* de reserva. Alejandro esperó a que el hombre se retirara en silencio antes de tomar su copa por el tallo.

—Me gusta su estilo, Fabiola. Sin rodeos —dijo, inclinando levemente la copa en un brindar silencioso—. Pero se equivoca en algo. No la traje aquí para ocultar nada. La traje porque en una sala de juntas los hombres de negocios mienten para proteger sus números; en una mesa con buen vino, en cambio, es mucho más fácil ver la verdadera naturaleza de alguien.

—¿Y qué espera ver en la mía? —desafió ella, dando un pequeño sorbo al vino sin perder el tono helado.

—A la mujer detrás del apellido —contestó Alejandro, apoyando los codos sobre la mesa y mirándola con una intensidad magnética—. Veo a una joven de veintiséis años que se levanta a las cinco de la mañana para dirigir una empresa que muchos en el consejo preferirían ver en manos de un hombre mayor. Veo a alguien que no ha tenido tiempo de guardar luto por su padre porque tiene que demostrarle al mundo que no es solo una heredera bonita.

Fabiola sintió una punzada en el estómago. La precisión con la que Alejandro leía sus grietas la irritaba profundamente, pero mantuvo el rostro inexpresivo.

—Mi vida personal no está en el orden del día, Santamaría. Hablemos del acuerdo. El diez por ciento de acciones preferentes que exige es un disparate. Nadie entrega una participación de control en el consejo por una simple patente y una garantía de aluminio.

—No es una 'simple patente' —corrigió Alejandro, bajando la voz a un tono grave y aterciopelado que parecía llenar la habitación—. Es la patente que evitará que el proyecto estrella de su padre sea el ridículo de la feria de Ginebra. Si el *Galván-V12* fracasa, su autoridad en el consejo se evaporará en menos de una semana. Mi propuesta no es un robo, Fabiola; es una póliza de seguro.

—O una invasión disfrazada de rescate —revirtió ella de inmediato, inclinándose hacia él—. Sé perfectamente cómo funcionan los hombres como usted. Empiezan con un diez por ciento, continúan pidiendo puestos en la directiva y, cuando me dé cuenta, querrán decidir el rumbo de la compañía. Si acepto su presencia en mi consejo, será bajo mis condiciones: voto limitado y sin derecho a veto en desarrollo de ingeniería.

Alejandro la contempló en silencio. Por debajo de la mesa, sus dedos apretaron la servilleta de lino con una rabia contenida que su rostro no reveló. *Soberbia hasta el hueso*, pensó. Le fascinaba y le repugnaba a la vez cómo defendía con garras y dientes un legado que no le pertenecía legítimamente.

—Es implacable —dijo él, permitiéndose una sonrisa genuina de entretenimiento—. Su padre estaría orgulloso. Aunque me pregunto si él habría sido tan terco en su lugar.

—Mi padre sabía cuándo presionar y cuándo cerrar un trato —respondió Fabiola con orgullo ciego—. Y me enseñó a no entregarle jamás las llaves de la casa a un extraño.

—Su padre cometió muchos errores, Fabiola —soltó Alejandro con una frialdad repentina que cortó el aire de la habitación como una guillotina.

Fabiola se erizó de inmediato. Sus ojos negros se encendieron en ira.

—No se atreva a hablar de mi padre. Usted no lo conoció.

—Conozco su historia —sostuvo Alejandro sin pestañear, clavándole una mirada oscura que amenazaba con desenmascarar el odio de años—. Conozco los atajos que tomó para llevar a Galván Motores a la cima. Nadie construye un imperio de ese tamaño sin dejar un rastro de cadáveres financieros en el camino. O sin pisar a las personas correctas.

—¡Mi padre fue un genio de la industria! —estalló ella en un susurro lleno de veneno, apretando la copa con fuerza—. ¡Todo lo que tenemos lo construyó con su propio talento y esfuerzo! Si vino a esta cena para insultar su memoria, podemos dar por terminada esta negociación ahora mismo.

Fabiola hizo el ademán de tomar su bolso para levantarse, pero Alejandro se movió con una velocidad pasmosa. Extendió la mano sobre la mesa y la posó suavemente sobre la muñeca de ella. El contacto de su piel cálida envió una descarga eléctrica por el brazo de Fabiola, congelándola en el sitio.

—Tranquila —dijo él, sin soltarla, bajando la voz a un tono íntimo y peligrosamente persuasivo—. No vine a pelear con usted. Vine a hacer un negocio que nos beneficie a ambos. Si mi franquesa la ofendió, le pido una disculpa.

Fabiola miró la mano de Alejandro sobre su muñeca. Había una fuerza contenida en ese agarre, un dominio implícito que la desafiaba. Lentamente, retiró la mano, manteniendo la vista fija en él.

—Un cinco por ciento —dijo Fabiola, componiendo de nuevo su postura de ejecutiva indestructible—. Le daré el cinco por ciento de las acciones preferentes, acceso a la patente bajo contrato de exclusividad por tres años y un asiento como oyente en el consejo, sin derecho a voto en las decisiones operativas. Esa es mi última oferta, Santamaría. Lo toma o mañana a primera hora mis abogados buscarán una medida cautelar por monopolio con la proveedora de aluminio.

Alejandro la miró detenidamente. El contrato original era solo la fachada para ingresar a su círculo cercano; el porcentaje exacto de acciones no le importaba en absoluto. Lo que necesitaba era la puerta abierta para destruir los cimientos de la empresa desde adentro.

—Acepto el cinco por ciento —dijo Alejandro, echándose hacia atrás y reanudando su sonrisa de caballero intachable—. Pero con una condición no escrita.

—¿Cuál?

—Que celebremos el acuerdo con una cena donde no hablemos de trabajo. Mañana redactamos los papeles. Esta noche, déjeme conocer a la mujer que hay detrás de la ejecutiva.

Fabiola lo midió con desconfianza, pero en el fondo de su pecho sintió una extraña descarga de adrenalina. Nadie se le había plantado de esa manera en años.

—No prometo nada, Santamaría —respondió ella, dando un sorbo a su copa mientras una leve sonrisa victoriosa aparecía en sus labios—. Pero por hoy, ganó la primera ronda.

—Oh, Fabiola... —murmuró Alejandro para sus adentros, alzando su copa para brindar—. La ronda apenas está comenzando.

1
Cliente anónimo
Que mujer tan arrogante y mala
Isis Vargas Pinzon
Querida Escritora, nos tiene en ascuas 🤣😂 estamos esperando sus capítulos finales, ya hay que desenmascarar a los implicados y que salga a luz la traición y maldad de los verdaderos culpables, Fabiola es una mujer dura y completamente desconfiada al grado de no creer en quién verdaderamente la ama, ya se está poniendo tediosa la historia.
Isis Vargas Pinzon
Lo sabía, Fabiola le tiene una confianza tan grande a Koala que tenía que volver a la historia, no me equivoqué 👏👏👏, ahora Alejandro va a tener que estar agradecido con Koala y confíar más en las demandas de Fabiola.
Isis Vargas Pinzon
Ya me cayó mal Fabiola, porque es tan terca y orgullosa, porque no deja que el le explique lo que realmente pasó en el balcón...
Isis Vargas Pinzon
😜🤣😂 jajajaja jajajaja jajajaja jajajaja, que chinga te pusieron Stefano, jajajaja jajajaja, muero de risa 😂🤣😃 olvídate de tus locuras con Fabiola, Alejandro te chingó gacho jajajaja jajajaja
Isis Vargas Pinzon
Noooo, pero que perro es Alejandro, si Koala solo la cuidó y protegió, era para que lo perdonara 😡😡😡
Isis Vargas Pinzon
Qué CABRONES 🤬😡
Isis Vargas Pinzon
👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
Ándele pendeja Vieja 😡 le ganó la ambición y le va a costar caro por traidora 😡🤬
Isis Vargas Pinzon
Woow, que buen capítulo 👍 muy emocionante y tenso a la vez.!
Isis Vargas Pinzon
Yo solo sé, que cuándo Alejandro encuentre a Fabiola sana y salva, no va hacerle nada a Koala, porque cuidó de ella embarazada de su hijo, ya que Koala estará protegido por Fabiola por su fidelidad y protección.
Isis Vargas Pinzon
Yujuuu... eso es todo Alejandro, tienes que encontrarla 👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
👏👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
No creó que lo haga, yo pienso que al contrario , Alejandro se lo va agradecer por cuidarla.
Isis Vargas Pinzon
¡¡¡ Lo sabía.!!! Koala se tiene que quedar a cuidarla como su fiel guardián.
Isis Vargas Pinzon
jajajaja jajajaja si que le va a costar encontrarla, y en lugar de castigarlo o matarlo le va a tener que agradecer a Koala por cuidarla a salir del país con un embarazo en riesgo. Pobre Alejandro, anda como león enjaulado 🤣😜
Isis Vargas Pinzon
No imagino que pasará cuándo se de cuenta Alejandro que Fabiola y Koala desaparecieron al mismo tiempo.
Isis Vargas Pinzon
Que tonta Fabiola, tiene a Alejandro que es el padre de su hijo para que la proteja, pero su orgullo, arrogancia y soberbia no la dejan actuar con inteligencia... ay mujer, que pinche necesidad de huir, cuando tienes al "Don" a tus pies.
Dalia H: Deja que la agarre 🤭🤭🤭🤭
total 1 replies
Isis Vargas Pinzon
🤣😂 jajaja jajajaja está embarazada y ahí se va a enterar Alejandro y Stefano quedará más encabronado porque Alejandro es el padre, jajajaja me encantó el final del capítulo 👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
😡😡😡😡
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