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EL TAMPLIN QUE DOMO AL JEFE MAFIOSO

EL TAMPLIN QUE DOMO AL JEFE MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mafia / Posesivo
Popularitas:622
Nilai: 5
nombre de autor: Fernando Perez

El Patrón mata sin pestañear. Pero no pudo con el tamplin de Catalina. Ahora la cuida desde lejos, y ella ni sabe que el hombre más temido de la ciudad daría su imperio por otro plato de su comida.

NovelToon tiene autorización de Fernando Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL MENSAJE

Catalina no durmió en toda la noche.

Dio vueltas en su cama chiquita. El colchón viejo crujía cada vez que se movía. Afuera los perros ladraban y un auto pasaba cada tanto mojando la calle.

El celular nuevo estaba al lado de su almohada. Negro. Brillaba en la oscuridad. Cada 10 minutos lo agarraba para ver si había llegado otro mensaje.

Pero nada. Solo el último: "D: Duerme. Mañana hablamos."

¿A qué hora era "mañana"? ¿A las 6 de la mañana cuando ella se levantaba? ¿A las 7 de la tarde cuando abría el puesto?

La ansiedad le comía el estómago. "¿Y si se arrepintió? ¿Y si ayer solo fue por lástima?"

A las 5 am se rindió. Se levantó. El frío le caló los huesos. Se bañó con agua helada porque el calefón no andaba. Hizo té de manzanilla. Despertó a su mamá con cuidado.

"Mamá, mira" le dijo, mostrándole el celular con las dos manos como si fuera oro. "Me lo dio un cliente. Para que estemos comunicadas."

Su mamá, flaca, con la piel pegada a los huesos por la diabetes, agarró el celular con manos temblorosas. Se puso los anteojos. "Es caro, hija. Muy caro. ¿Estás segura que debes aceptarlo?"

"Me dijo que lo use. Para avisarme si llueve y no salga" mintió Catalina a medias. No le contó lo de la plata. Todavía no.

Su mamá la miró fijo con esos ojos cansados. "Ten cuidado, Catalina. Los hombres ricos no regalan nada. Siempre cobran."

"Ya sé, mamá." La cortó Catalina, sintiendo culpa. "Pero este... este es diferente. Lo siento."

O eso quería creer con todas sus fuerzas.

A las 6 pm en punto, Catalina estaba en el mercado. Sola.

No llovía. El cielo estaba limpio, de un azul oscuro que dolía. Frío, pero limpio. Perfecto para vender.

Montó el puesto. Puso las ollas. Prendió el fuego. Y esperó.

7 pm. Pasó gente. Nadie compró tamplin. Nada.

7:15 pm. Dos señoras preguntaron el precio y se fueron. Nada.

7:30 pm. El frío le calaba. El corazón se le empezó a caer al piso. "¿Y si no viene? ¿Y si ayer fue solo un impulso? ¿Y si ya se olvidó de mí?"

A las 7:45 pm, cuando ya estaba por guardar todo llorando, el celular vibró en el bolsillo de su delantal.

Casi se le cae del susto. Casi tira una olla.

Lo sacó con manos temblorosas. La pantalla decía:

**D: Estas ahí?**

Catalina se quedó congelada. Leyó el mensaje 3 veces.

Escribió, borró, volvió a escribir. Los dedos le sudaban.

**Cata: Sí. Aquí estoy. No llovió hoy. El cielo está lindo.**

Tardó 1 minuto en responder. 1 minuto eterno donde Catalina pensó que se iba a morir.

**D: Bien. Voy para allá. 10 min. No te vayas.**

Catalina soltó el aire que no sabía que estaba aguantando. Se le aflojaron las piernas.

"Viene" pensó. "Sí viene. No se olvidó."

A los 10 minutos exactos, la camioneta negra apareció doblando en la esquina. Frenó despacio.

Damián bajó. Traje negro impecable. Cara seria como siempre. Pero hoy no traía guardaespaldas. Vino solo. Eso la puso nerviosa y contenta a la vez.

Caminó directo y se sentó. "Tamplin." Dijo como siempre.

Catalina sirvió. Pero hoy las manos le temblaban menos. Hoy había esperanza.

"¿Dormiste?" preguntó él, comiendo despacio.

"Un poco." Mintió. "Me desperté temprano. ¿Y usted?"

"Yo no pregunto, respondo." La miró por encima de la cuchara. "¿Te sirvió el celular? ¿Lo cargaste?"

"Sí. Gracias. Mi mamá... dijo gracias también. Dice que es muy amable."

Damián asintió. "Bien. Que lo use. Por si pasa algo."

Comieron en silencio. Pero era un silencio cómodo hoy. No pesado como otros días. Se oían los autos lejanos y el viento.

Cuando terminó, Damián limpió la boca con una servilleta y sacó la billetera.

"¿Cuánto debes de alquiler este mes?"

Catalina se atragantó con el té. Tosió. "¿Qué? ¿Por qué?"

"Tu alquiler. ¿Cuánto es?"

"No... no es su problema, señor Damián. Yo me arreglo."

"¿Cuánto?" Repitió. Voz firme. De jefe. "No me hagas repetir."

Catalina bajó la cabeza. Le daba vergüenza. "15 mil. Pero yo... yo junto. No se preocupe."

Damián dejó 30 mil pesos en la mesa. Billetes nuevos. "Para 2 meses. Para que no te preocupes y puedas comprarle mejor la insulina a tu mamá."

Catalina se paró de golpe. La silla crujió. "¡No! ¡No puedo! ¡Es demasiado! ¡Yo trabajo y pago!"

"Sí puedes." Se levantó también. Era alto. Le tapaba la luz. "Y lo harás. Porque si te echan de tu casa, ¿dónde vas a vender tamplin? ¿En la calle? Piensa."

Era lógico. Dolía, pero era lógico.

"Gracias" susurró otra vez. Las lágrimas le quemaban. "Gracias Damián. No sé cómo pagarle."

Él se quedó mirándola. Un segundo más. "Deja de decir gracias por todo. Me pones nervioso."

"Es que... nadie..."

"Shhh." Le puso un dedo en los labios. Solo 1 segundo. Pero Catalina sintió fuego. "Come. Se te enfría."

Catalina se sentó. No podía hablar.

---

Esa noche, en su casa, Catalina miraba el techo con los ojos abiertos.

Tenía 30 mil pesos debajo del colchón. Escondidos. Y un celular que vibraba cada tanto.

**D: Llegaste bien a tu casa?**

**Cata: Sí. Gracias. Ya guardé la plata.**

**D: Bien. Guarda bien. Y duerme.**

**Cata: Damián?**

**D: Qué?**

Catalina escribió y borró 3 veces. El corazón le latía en la garganta.

**Cata: Nada. Solo... gracias por preocuparte por mí. De verdad.**

Pasaron 5 minutos eternos.

**D: De nada. Duerme, terca. Mañana hablamos.**

Catalina sonrió sola en la oscuridad. Abrazó el saco de Damián y se durmió.

---

Al día siguiente llovió otra vez. Pero diferente.

A las 5 pm en punto le llegó un mensaje:

**D: No salgas. Llueve fuerte. Yo paso a comprar tamplin para llevar. Guarda para tu mamá.**

A las 8 pm tocaron su puerta. Tres golpes. Firmes.

Era Damián. Empapado otra vez. Con una bolsa de comida en la mano y el pelo chorreando.

"Para tu mamá y para ti" dijo entrando 2 pasos. "Coman caliente. Hice que hicieran de más."

Dejó la bolsa en la mesa. Miró a la mamá de Catalina, que dormía en la otra pieza.

"¿Cómo está?" preguntó bajito.

"Mejor. Con la insulina nueva."

Damián asintió. "Bien." Se quedó 5 minutos. Sin pedir nada. Sin tocar nada. Solo estuvo.

Y se fue. Dejando olor a lluvia y a perfume caro.

---

Esa noche Catalina guardó el celular debajo de la almohada y pensó mirando al techo:

Primero fue un saco.

Ahora es comida.

Mensajes todos los días.

Plata para el alquiler.

Y vino a mi casa.

Damián se estaba metiendo en su vida. De a poco. Sin pedir permiso.

Y ella no sabía si correr lejos... o quedarse para siempre.

Porque por primera vez en 24 años, alguien la elegía. Todos los días. Bajo la lluvia o sin lluvia. Con hambre o sin hambre.

Y eso daba más miedo que cualquier cosa.

**FIN CAPÍTULO 7**

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