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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:297.2k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Capítulo 18

Mauricio se acercó a la ventana y encendió un cigarro.

Desde la habitación del hospital podía ver el estacionamiento.

Recordó las veces que regresó de un viaje de negocios y encontró a Camila esperándolo en la zona de llegadas, siempre con un café americano a la temperatura exacta que le gustaba.

Nunca le preguntó cómo calculaba el momento de su llegada.

Simplemente creyó que era su obligación estar allí.

—Mau, amor, ¿no estás contento? —preguntó Valeria a sus espaldas.

—No deberías fumar aquí —intervino Teresa—. Aunque sea una habitación privada, sigue siendo un hospital. Valeria está embarazada.

Mauricio apagó el cigarro.

Cuando volvió la cara ya había recuperado su sonrisa cariñosa.

—Claro que estoy contento. Estaba pensando en venir por ti mañana.

Se sentó junto a la cama y acarició el cabello de Valeria. El gesto era tierno, pero la mirada permanecía distante.

Ella percibió aquella ausencia.

Su sonrisa vaciló antes de recomponerse.

No preguntó nada. Se acomodó contra el pecho de Mauricio y dibujó círculos sobre su camisa con la punta de un dedo.

—Dime, Mau, ¿crees que Camila venga a suplicarnos?

Teresa se inclinó con entusiasmo.

—Es verdad. Si se arrodilla y pide perdón, ¿qué harás?

Valeria sonrió como una muchacha inocente.

—Dependerá de su actitud. Si demuestra que está arrepentida, le pediré a Daniela que sea compasiva. Quizá podamos conseguirle trabajo limpiando oficinas o lavando platos. Al menos tendrá para comer.

Hizo una pausa llena de falsa bondad.

—Después de todo, fue tu esposa durante varios años, Mau. Tampoco quiero destruirla por completo.

Teresa repitió una y otra vez que Valeria tenía un corazón extraordinario. Hasta se le humedecieron los ojos.

Mauricio no dijo nada.

Contempló a la joven sonriente entre sus brazos, pero en su mente apareció otro rostro.

La expresión serena y ligera de Camila al salir del juzgado.

Libre de una forma que él nunca había visto.

Aquella sonrisa le provocaba una irritación inexplicable.

Sus recuerdos regresaron a cinco años atrás.

Acababan de comprar la casa cuando una pandemia paralizó al mundo.

Empresas enteras cerraron. La compañía donde trabajaba Camila tampoco sobrevivió y ella perdió el empleo de un día para otro.

El crédito hipotecario quedó sobre los hombros de Mauricio.

El dinero apenas alcanzaba.

Camila buscaba trabajo mientras se ocupaba de todas las tareas de la casa. Temía convertirse en una carga.

Conseguir empleo en aquellos meses era casi imposible.

Desesperada, comenzó a vender productos mediante transmisiones en vivo. Trabajaba hasta las dos o tres de la madrugada y casi nadie entraba a verla.

Naturalmente, se levantaba tarde.

Teresa empezó a escribirle todos los días a las siete de la mañana.

«Cami, ¿cómo te sientes hoy?»

«¿Ya desayunaste?»

«No te desanimes. Todo va a mejorar».

«Recuerda comer. No quiero que te enfermes».

Mauricio y Camila se conmovieron.

Creyeron que Teresa era comprensiva y que no la juzgaba por haber perdido el empleo.

Cada vez que despertaba, Camila respondía de inmediato.

Incluso se sintió culpable por las discusiones anteriores con su suegra. Prometió que, cuando la situación mejorara, invitaría a Teresa a vivir con ellos y compensaría cualquier falta de respeto.

Dos semanas después, Teresa le escribió a Mauricio.

«¿Qué le pasa a Camila? ¿Todavía no encuentra trabajo? Se levanta a las once o doce. ¿Cómo espera conseguir algo siendo tan floja? Tú mantienes la casa mientras ella no hace nada».

Mauricio intentó explicarle:

«Encontrar empleo es difícil. Está usando sus ahorros y se esfuerza mucho. Termina las transmisiones a las dos de la mañana».

Teresa respondió con una avalancha de mensajes.

«¿De qué sirve esforzarse si no gana dinero? Otros se hacen ricos vendiendo por internet y ella no consigue ni unos pesos. Es una inútil».

«Sería mejor que buscara un trabajo de verdad. Que lave platos o recoja cartón, pero que haga algo».

«Tú trabajas, pagas la hipoteca y todavía tienes que mantenerla. Se pasa el día jugando con el celular. Le escribo y contesta de inmediato, así que sé que no está haciendo nada».

«Cuando le mando mensaje temprano, responde hasta mediodía. Eso demuestra que duerme todo el día».

Mauricio comprendió entonces la verdad.

Los saludos de buenos días nunca fueron muestras de cariño.

Teresa quería registrar la hora a la que Camila despertaba para usarla después como una acusación.

Cuando Camila lo descubrió, no gritó ni discutió.

Siguió contestando con serenidad.

Sin embargo, a partir de aquel día respondía por la noche, al día siguiente o incluso de madrugada. Teresa perdió la posibilidad de vigilar sus horarios.

Entonces comenzó a quejarse con Mauricio.

Decía que Camila era una nuera maleducada y desagradecida.

Según ella, los mensajes solo pretendían evitar que la joven se deprimiera por estar desempleada.

«Me preocupo por ella y me paga ignorándome. Nunca me pregunta cómo estoy. Pero no quiero causarte problemas, hijo. Soy una persona comprensiva y soportaré esta falta de respeto en silencio».

En aquel tiempo Mauricio todavía sabía defender a su esposa.

Conocía el cansancio de trabajar hasta la madrugada y era capaz de distinguir quién tenía la razón.

No recordaba cuándo dejó de importarle.

Poco a poco, obedecer a su madre se convirtió en la única respuesta.

Cada vez que Camila hablaba de una injusticia, él decía:

—¿De qué puedes quejarte?

—Es una tontería.

Y si ella insistía:

—Si mi mamá no está contenta contigo, cambia hasta que lo esté.

Camila se tragó una humillación tras otra y dejó de discutir hasta que el matrimonio llegó a su fin.

La sonrisa que mostró durante el divorcio no era indiferencia.

Era el alivio de escapar por fin de todo lo que había acumulado en silencio.

La idea inquietó a Mauricio.

No debía estar aliviada.

Debía sufrir, arrepentirse y sentirse derrotada.

No tenía derecho a sonreír como si separarse de él hubiera sido una liberación.

La orden de Valeria surtió efecto con rapidez.

Al día siguiente, Camila y Lucía entraron felices en el nuevo departamento con Nico en brazos.

La zona era segura, estaba bien comunicada y el inmueble tenía muebles modernos, electrodomésticos y acabados de lujo.

Realmente bastaba con llegar con las maletas.

Camila contrató a un equipo de limpieza. Cuando terminaron, cada habitación olía a limpio.

Después, los tres fueron a un supermercado cercano para comprar artículos básicos y los ingredientes de la cena.

Camila empujaba el carrito. Nico iba sentado en el espacio infantil, observándolo todo con enormes ojos y tratando de atrapar bolsas de frituras y botellas de leche.

—El divorcio te trajo una suerte impresionante —dijo Lucía—. Este residencial es una locura. Se nota desde la entrada que aquí vive gente con muchísimo dinero.

—Puedes venir cuando quieras.

Camila pellizcó suavemente una mejilla de Nico.

—¿Quieres quedarte a dormir conmigo?

—¡Sí! —respondió el niño—. Quiero dormir con tía Cami, no con mamá.

Lucía le dio a su amiga un pequeño golpe con el codo.

—¿Piensas comprar a mi hijo con el departamento? Ni lo sueñes.

Camila levantó dos dedos en señal de victoria.

—Ya es mío.

Lucía puso los ojos en blanco y siguió revisando los productos.

—¿Mañana vuelves al trabajo?

—Sí. Por suerte, todo quedó arreglado.

Había pasado una semana entre el divorcio y la mudanza. Camila terminó justo antes de reincorporarse.

El celular comenzó a sonar.

La pantalla mostraba el nombre de su supervisor.

Camila frunció el ceño.

Seguía de vacaciones. ¿Por qué la llamaba en domingo?

Contestó.

—Camila, ven a la oficina de inmediato.

El tono era frío.

—¿Ocurrió algo urgente?

—No hagas preguntas. Solo ven.

La llamada terminó.

Lucía le entregó a Nico un paquete de yogures.

—¿Qué pasó?

—No sé. Quiere que vaya a la empresa ahora mismo.

—Estás de vacaciones. No tiene derecho a ocupar tu tiempo sin siquiera explicar la razón.

Camila tampoco encontraba sentido.

Sacó las llaves del bolso y se las entregó a Lucía. Le mostró el código temporal del departamento y salió rumbo a Grupo Altavista.

El supervisor la esperaba con el rostro tenso.

Colocó un documento sobre el escritorio.

—Camila… necesito que firmes la terminación laboral.

Ella se quedó helada.

—Mi trabajo está al día. No cometí ningún error. ¿Por qué quieren despedirme?

—No tiene relación con tu desempeño. La instrucción vino de la dirección y menciona tu nombre de manera específica.

El hombre miró alrededor antes de bajar la voz.

—Un colega de recursos humanos me dijo algo más. Tu nombre y tu fotografía circularon entre las empresas más importantes de la ciudad. Nadie quiere contratarte.

Camila lo miró sin comprender.

—¿Toda la ciudad? ¿Por qué?

—¿Ofendiste a alguien poderoso? Para cerrar tantas puertas al mismo tiempo se necesita una influencia enorme.

Camila permaneció inmóvil.

Una persona capaz de obligar a los corporativos de Ciudad de México a obedecer.

Solo conocía a alguien con ese poder: Gabriel. Pero no podía ser él.

Si hubiera querido destruirla, no tendría sentido regalarle un departamento. Para dejarla sin opciones bastaba con una llamada; todo lo demás habría sido innecesario.

Mauricio y Teresa la odiaban, pero no tenían suficiente influencia.

Quedaba una sola persona relacionada con Grupo Beltrán que tenía motivos para vengarse.

Valeria.

Camila cerró el puño hasta que las uñas se clavaron en la palma.

Seguramente Teresa había inventado cosas delante de ella y Valeria decidió usar el poder de su apellido.

Respiró hondo.

Firmó la terminación sin hacer una escena, recogió sus objetos personales en una caja pequeña y abandonó Grupo Altavista.

Teresa era vengativa.

Lucía la había enfrentado públicamente. Si Valeria estaba obedeciendo sus insinuaciones, su amiga podía ser el siguiente objetivo.

Camila buscó el número de Gabriel y llamó sin vacilar.

Él respondió enseguida.

—¿Bueno?

—Señor Beltrán, soy Camila.

—Estaba a punto de llamarte.

Su voz era cálida.

—¿Estaba esperando mi llamada? —preguntó ella con brusquedad—. ¿Usted ordenó que me cerraran todas las puertas?

Los dedos le temblaban.

Si Gabriel quería arruinarla, ¿por qué se había tomado tantas molestias para acercarse?

—Me entendiste mal. No fui yo. La orden vino de Valeria.

Hizo una pausa.

—Acabo de enterarme.

—Entonces retírela. ¿Va a seguir permitiéndole hacer lo que quiera?

—La influencia de mi familia es demasiado grande. Aunque anuncie públicamente que la orden queda cancelada, muchos empresarios no se arriesgarán. Temerán que después tomemos represalias en privado.

Gabriel hablaba con paciencia.

Camila soltó una risa amarga.

—En otras palabras, protegerá a su hija.

—Valeria actuó de manera irresponsable y te causó un daño grave. Te ofrezco una disculpa en su nombre.

Entonces hizo una propuesta inesperada:

—Quiero contratarte como mi asistente personal. Te pagaré tres veces lo que recibías en Grupo Altavista. Si no es suficiente, podemos negociar.

—¿Tres veces?

La voz de Camila tembló.

Luego surgió una sospecha.

La hija la expulsaba del mercado laboral y el padre aparecía ofreciéndole trabajo.

Parecía demasiado conveniente.

—¿Ustedes dos se pusieron de acuerdo para atraparme?

Gabriel se rio antes de responder.

—Tienes una imaginación extraordinaria. Mi hija cometió una imprudencia y yo estoy ofreciéndote una solución. Antes de llamar investigué tu experiencia. Tu trabajo me parece excelente.

Camila no contestó ni terminó la llamada.

—Puedes pensarlo con calma —continuó—. Si aceptas, envíame un mensaje. También me ocuparé de Valeria y recibirás una respuesta satisfactoria.

Después de varios encuentros, Gabriel no parecía tan malo como Camila había imaginado.

Aunque, en ciertos momentos, también parecía exactamente tan peligroso.

Más de una vez creyó que estaba coqueteando con ella.

Ahora todas las empresas de la ciudad le habían cerrado las puertas.

Quizá trabajar temporalmente para Gabriel fuera la mejor forma de protegerse. También podía pedirle que mantuviera a salvo a Lucía y Nico.

—Cinco veces mi salario anterior —dijo con cautela.

—De acuerdo. Cinco veces. Mañana vienes a Grupo Beltrán para firmar. También puedes decidir tu horario de entrada y salida.

Camila parpadeó.

¿Ella elegiría el horario?

Aquello era demasiado fácil.

—Tengo otra condición.

Alzó la voz por miedo a que él colgara.

—Dime. Te escucho.

—Quiero que proteja a Lucía. Discutió con Teresa afuera del juzgado y temo que Valeria la convierta en su próximo objetivo.

La petición salió cargada de ansiedad.

Gabriel no vaciló.

—Está bien —respondió con suavidad—. Será como tú quieras.

1
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 si la hubieran visto caer 🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣 que hombres más inmaduros 🤦🤷🤣🤣🤣🤣
Hiradia Cohen
desde que nació hablaron de niño no entiendo ahora es niña
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