Mateo Rinaldi es el titán tecnológico: frío, metódico y controlador, con un secreto que desentona con su fachada de piedra: unos celos posesivos e invisibles que lo consumen cada vez que alguien osa mirar de más a su esposa.
Valeria Cienfuegos es la reina de la moda y los bienes raíces: brillante, desinhibida y dueña de un humor ácido capaz de dinamitar la seriedad de Mateo en segundos.
Con dos décadas de matrimonio, tres hijos caóticos y las dos empresas más poderosas del país sobre sus hombros, su vida es una guerra constante entre las altas finanzas y la convivencia indomable. Cuando las presiones del mercado amenacen con destruirlos, descubrirán que tras veinte años de rivalidad y pasión, los polos opuestos no solo se atraen: se vuelven indispensables.
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EL BALANCE DEL LUNES POR LA MAÑANA
El despertador biológico de las seis y media de la mañana en la mansión Rinaldi-Cienfuegos no sonaba con una melodía digital, sino con el estruendo coordinado de la cafetera espresso y las discusiones matutinas de tres herederos que intentaban ponerse de acuerdo sobre quién usaría el coche deportivo para ir a la universidad.
Mateo abrió los ojos lentamente. La habitación estaba sumida en esa penumbra silenciosa previa al caos diario. Sintió un peso cálido y familiar sobre su pecho: Valeria dormía plácidamente, con el rostro relajado, una pierna cruzada sobre las sábanas y una mano reposando descuidadamente sobre el abdomen de su esposo.
A sus cincuenta y cinco años, con las sienes ligeramente plateadas y la carga de dirigir el imperio tecnológico más grande del país, Mateo se detuvo unos segundos a mirarla. El contraste entre la mujer indomable, ácida y desternillante que ponía de cabeza a la alta sociedad y la paz con la que se entregaba en la intimidad de su hogar era la única ancla que necesitaba en el mundo.
—Si sigues mirándome como si fuera un balance contable a punto de dar pérdidas, voy a empezar a cobrarte derechos de autor por mi rostro —murmuró Valeria con los ojos aún cerrados, esbozando una sonrisa pícara y ronca.
Mateo no pudo evitar que las comisuras de sus labios se elevaran. Se inclinó para depositar un beso suave en su coronilla.
—Estaba calculando el costo de la gala de anoche —respondió con su habitual voz grave—.
Entre el vestido rasgado, el amague de infarto al ver al suizo y la necesidad urgente de comprar acciones de Grand Horizon solo para prohibirles la entrada al país, creo que mi salud financiera salió en números rojos.
Valeria abrió los ojos, se incorporó perezosamente apoyando los codos sobre el pecho de Mateo y lo miró con una ceja alzada y una chispa traviesa en la mirada.
—¿Números rojos? Por favor, mi querido CEO. Invertir en mi felicidad es la única decisión bursátil donde jamás vas a tener pérdida —replicó ella, dándole un toque juguetón en la nariz con el dedo índice—.
Además, ¿te enteraste de la noticia de última hora de las siete de la mañana?
Mateo frunció el ceño, buscando instintivamente su teléfono en la mesita de noche.
—¿Qué pasó en la bolsa de Tokio? ¿Se cayó el mercado de semiconductores?
—No, tonto —se burló Valeria soltando una carcajada cristalina—. El periódico financiero publicó hoy una columna analizando los "celos corporativos del magnate tecnológico más temido de la nación", refiriéndose claramente a tu berrinche del viernes pasado en el hotel. ¡Dicen que tu nivel de posesividad es digno de una novela romántica de diez millones de copias!
Mateo se quedó petrificado durante un segundo exacto. Sus oscuros ojos se abrieron de par en par antes de transformarse en una mirada de absoluta indignación ejecutiva.
—¿Qué? ¿Un periódico financiero hablando de mi vida personal? Voy a demandar al director, al editor en jefe y al repartidor de periódicos por difamación y violación a la privacidad corporativa.
—¡Ay, no seas exagerado, Terminator! —exclamó Valeria riendo a carcajadas, arrojándose sobre su cuello para besarlo con fuerza mientras el bullicio de sus tres hijos comenzaba a escucharse al pie de las escaleras—.
Acéptalo de una vez: eres un multimillonario brillante, un CEO implacable, un pésimo bailarín y un celoso empedernido... pero eres mío.
Mateo la estrechó con fuerza contra su cuerpo, hundiéndose en su risa y sabiendo perfectamente que, por más imperios que gobernaran, nunca cambiarían ni un solo segundo de su caótica y perfecta vida en común.
pensé que iba hacer una novela aburrida, Pero me callo la boca Escritora🫥...
Buena redacción.
Buenas ortografía.
Buen balance.
50 y 50 de cada uno.
mismo poder, mismo liderazgo y mismo Lealtismo..
10/10.
es como el vino, estre más viejo, más bueno sabe.