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Prometida con un Salvatierra, deseando al otro

Prometida con un Salvatierra, deseando al otro

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Dejar escapar al amor / Hija rica en bancarrota / Romance oscuro / Completas
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Estoy comprometida con Sebastián Salvatierra. El problema es que el único hombre que todavía sabe cómo hacerme perder el control es Gael, su medio hermano… y mi exnovio.
Tres años atrás abandoné a Gael sin despedirme y desaparecí de su vida. Creí que un heredero como él no tardaría en olvidarme.
Me equivoqué.
Para pagar el tratamiento de mi abuela, acepté un compromiso por conveniencia con Sebastián Salvatierra. No había amor entre nosotros, solo un acuerdo que beneficiaba a nuestras familias. Todo debía ser sencillo.
Hasta que Gael regresó de Estados Unidos la noche de nuestra fiesta de compromiso.
Ahora estudia en mi universidad, controla cada lugar al que intento escapar y disfruta llamándome cuñadita mientras se acerca demasiado. Dice que solo quiere vengarse por haberlo abandonado, pero sus manos, sus celos y la forma en que todavía recuerda cada reacción de mi cuerpo cuentan una historia diferente.
Sé que debería mantenerme lejos.
Sé que pertenece a la misma familia del hombre con quien voy a casarme.
Pero cada vez que Gael me toca, recuerdo que antes de convertirme en la prometida de un Salvatierra, fui completamente suya.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21

—¿Esa no es la mochila que llevaba Gael anoche?

—¡Les dije que era de Renata! Vino tan tarde solo para acompañar a su novia al entrenamiento. Qué lindo.

—Hasta un heredero como Gael termina cargándole la mochila a su novia.

Los comentarios se multiplicaron a mi alrededor. Contemplé la mochila idéntica y comprendí lo que Renata intentaba hacer.

—Vale, están diciendo tonterías...

Camila no soportaba escucharlas y estuvo a punto de enfrentarlas, pero la sujeté a tiempo.

Negué con la cabeza y llevé un dedo a mis labios.

—Shhh.

No podía explicar la verdad. Mi relación con Gael debía permanecer oculta. Al menos, mientras todos creyeran que la mochila pertenecía a Renata, nadie descubriría que la verdadera dueña era yo.

Debí sentir alivio. Sin embargo, escuchar aquellas palabras dejó un sabor amargo dentro de mi pecho.

¿Valeria Montes y Gael Salvatierra hacían una pareja perfecta?

Yo también había formado parte de la alta sociedad de Ensenada. Los herederos crecían aprendiendo que el amor y el matrimonio eran asuntos diferentes.

No tenían que casarse con la persona que amaban. Los intereses familiares siempre estaban por encima de los sentimientos. Tal vez, cuando llegara el momento, Gael también elegiría a la hija de alguna familia poderosa de la política estadounidense.

Después de divertirse, regresaría a Estados Unidos.

Bajé la cabeza. El rabillo de mis ojos comenzó a enrojecerse.

—Cami, voy al baño. Estoy un poco nerviosa.

Inventé cualquier excusa para escapar.

El baño al final del pasillo estaba vacío. Me lavé las manos con una concentración hueca y, por primera vez, observé de frente los sentimientos que llevaba tanto tiempo evitando.

¿Qué sentía realmente por Gael?

Nuestras posiciones eran demasiado diferentes. Ya éramos adultos; no podíamos volver a ignorarlo todo y vivir solo de nuestro amor como en la preparatoria.

—Hermanita...

Una voz dulce apareció en la puerta mientras mi mente seguía perdida.

Renata se quitó los lentes. Su rostro llamativo tenía una belleza agresiva y una sonrisa falsa curvaba sus labios rojos.

—¿Por qué vuelves a escapar en cuanto me ves? Todavía no hemos tenido tiempo de ponernos al día.

La miré a través del espejo.

—No tenemos nada de qué hablar.

Nunca nos habíamos llevado bien. Ahora fingía que éramos íntimas.

Desde pequeñas, Renata había aprovechado el favoritismo de mi padre para atormentarme. Entró en nuestra casa como la hija de una amiga de la familia y armó un escándalo hasta quitarme mi habitación. Si acosaba a otros niños, regresaba llorando y me culpaba de todo.

Yo no comprendía por qué mi propio padre era tan parcial, por qué me golpeaba e insultaba sin escuchar mis explicaciones.

Mucho después descubrí la verdad: Renata era la hija ilegítima a la que él sí amaba.

—¿Por qué siempre me tratas tan mal? Con razón papá nunca te quiso... —Renata sorbió por la nariz y adoptó una expresión herida.

Siempre se presentaba como la víctima.

Al escucharla mencionar de nuevo aquellos recuerdos, apreté los labios y reprimí mis emociones. Pasé junto a ella para marcharme.

—Así que de verdad tienes algo con Gael —dijo a mi espalda.

Me detuve por instinto.

—Siempre creí que eras muy obediente. Nunca imaginé que te atreverías a tanto.

Se acercó a mi oído y pronunció cada palabra con lentitud.

—¿Qué ocurrirá cuando todos sepan que engañas a tu prometido? ¿Crees que podrás seguir viviendo en esta ciudad?

El sobresalto me atravesó.

Las palabras venenosas rozaron mi oreja en el tono más amable, como una serpiente enroscándose alrededor de mi corazón desbocado.

Sabía que los rumores podían destruir a una persona.

Pero no permitiría que Renata notara mi miedo. Me volví hacia ella sin ninguna emoción en la voz.

—Puedes intentarlo, si no te importa que todo el mundo descubra que eres hija de la amante de mi padre.

Yo también conocía sus secretos. También sabía amenazar.

—¡Tú...!

Renata se quedó sin respuesta. ¿Desde cuándo su hermana había dejado de ser una presa fácil?

***

Había pasado más de la mitad de las pruebas, pero el pasillo estaba cada vez más lleno. Todos querían ver de cerca a una celebridad.

Salí del baño secándome las manos. Decenas de rostros se volvieron hacia mí, aunque no les presté atención.

Estaba a punto de regresar a mi asiento cuando otro alboroto estalló al fondo.

—¡No manches! ¿Qué hace Gael aquí?

—¿Vino a acompañar a su novia? No sabía que fuera tan romántico.

—Acaba de asumir la dirección de una filial y aun así tiene tiempo para venir. El mío se pasa el día durmiendo como cerdo.

—¡Está acercándose! ¡Qué hombre tan impresionante!

Gael era tan alto que sobresalía entre todas las mujeres. Su rostro definido, con rasgos de dos continentes, se distinguía de inmediato.

Llevaba una chamarra negra. El cabello plateado parecía brillar bajo las lámparas intensas, su piel era fría y clara y las líneas de sus facciones resultaban afiladas. Caminaba rodeado por una distancia natural que alejaba a cualquiera.

Las mangas ligeramente recogidas mostraban unos antebrazos musculosos. En la mano derecha llevaba una mochila verde y las venas se marcaban sobre el dorso.

Cada movimiento desprendía una atracción inconfundiblemente masculina.

Siempre había sido distante. Sin embargo, cuando encontró mis ojos sobresaltados, sus facciones se iluminaron con una sonrisa. Sus labios dibujaron dos palabras sin voz:

«Mi amor».

—¡Va hacia Renata!

—¡No puedo con esta pareja!

Los comentarios eran cada vez más fuertes. Gael recorrió con una mirada helada a quienes hablaban demasiado.

Al volver los ojos hacia mí, cambió por completo. Arqueó una ceja con una sonrisa y se detuvo frente a mí de la manera más llamativa posible.

Todo mi cuerpo quedó rígido.

Algo malo iba a ocurrir.

Como esperaba, se inclinó. Su hermoso rostro se acercó hasta ocupar toda mi visión y una sonrisa descarada apareció en sus labios.

—Cuñada, ayer olvidaste tu mochila conmigo.

Gael era un hombre terrible.

Mentía sin pestañear. La palabra «cuñada» se había convertido en el escudo perfecto para nuestra aventura.

Algún día podían encontrarnos desnudos en una cama y él sería capaz de decir: «Hermano, solo estaba masajeándole la cintura a mi cuñada. No seas posesivo».

Todas las miradas estaban clavadas en nosotros. Mi rostro se encendió.

Tardé varios segundos en seguirle el juego. Extendí las manos para recibir la mochila.

—Gra... gracias.

Gael rio por lo bajo. No podía resistirse cuando me veía tan obediente y avergonzada.

—¿Eso es todo? ¿Solo gracias?

—¿Mmm?

Levanté la cabeza sin comprender y caí directamente en sus ojos oscuros.

Algo no estaba bien.

El miedo me impulsó a retroceder, pero Gael atrapó mi muñeca.

Bajó la mirada y contempló durante mucho tiempo mis labios húmedos. Después acercó lentamente la boca y, mientras mi corazón se descontrolaba, giró un poco la cabeza.

El beso cayó sobre mi mejilla.

El pasillo estaba lleno de voces. Aun así, el contacto suave y ardiente detuvo mi corazón durante un instante.

Abrí los ojos poco a poco. Mis pestañas temblaban mientras contemplaba al hombre descarado frente a mí.

—Tú... tú...

¿Cómo se atrevía?

¿Cómo podía besarme delante de todos?

A Gael no le importó. Levantó una mano para acariciar el borde enrojecido de mis ojos. Su sonrisa mezclaba ternura y descaro.

—Cuñada, desde niño me enseñaron que un agradecimiento se expresa con un beso en la mejilla.

Sus ojos seductores se curvaron en las comisuras y su tono sonó amable, casi caballeroso.

Todos percibían algo extraño, pero nadie podía señalar un error evidente.

—Entonces la mochila era de Valeria. ¿Qué intentaba hacer Renata?

—Gael ni siquiera la miró. ¿Quién inventó que eran novios?

—¡Yo también quiero un beso! ¡Que alguien me enseñe esos modales!

Me senté con la mochila entre las manos, completamente rígida. La mente seguía en blanco y solo el punto que Gael había besado permanecía caliente.

Había sido demasiado atrevido.

Él se sentó con tranquilidad a mi lado, metió las manos en los bolsillos y recargó la cabeza contra la pared.

La nuez de su garganta se movió. Al contemplar mi vergüenza, varias risas escaparon de sus labios. La alegría brillaba sin disimulo en su rostro.

De pronto extendió una mano y entrelazó nuestros dedos a plena vista.

—Cuñada, no te pongas nerviosa. Estoy contigo.

No conocía la vergüenza.

Solo tenía que añadir «cuñada» para inventarse un lugar legítimo y hacer lo que quisiera.

—No manches... —murmuró Camila. El corazón casi le saltaba del pecho.

¿Así se vivía una aventura clandestina?

La prohibición se había convertido en la mejor coartada de Gael.

El calor de sus dedos me sobresaltó. Lo miré con pánico.

—No estoy nerviosa. Suéltame...

Intenté apartarme, pero era demasiado fuerte. La presión sobre mis dedos me dejó los huesos blandos.

—Cuñada, mi hermano me pidió que te cuidara. No me rechaces.

Gael levantó hacia mí unos ojos inocentes de cachorro y utilizó a Sebastián como excusa sin mostrarle el menor respeto.

Después de aquello ya no podía apartarlo sin despertar sospechas. Bajé la cabeza con el rostro rojo.

Decidí fingir que estaba muerta.

—¿Comprometerte con el hermano mayor también incluye recibir la atención del menor?

—¿Gael tiene un hermano? ¿Todavía estoy a tiempo de convertirme en su cuñada?

—Miren a Renata. Se quedó ahí parada como una tonta.

—Hasta compró una mochila idéntica. ¿Creyó que así conseguiría acercarse a los Salvatierra?

Levanté la mirada entre los comentarios y encontré los ojos de Renata, llenos de odio.

Ella cerró de golpe la puerta del salón de descanso.

Había apostado a que Valeria no se atrevería a revelar la relación. La vanidad la llevó a fingir que la mochila era suya, pero no esperaba que Gael fuera tan descarado.

Era insoportable.

***

Cuando terminé mi presentación, más de la mitad de las participantes ya habían pasado. No cometí ningún error y sentía que lo había hecho lo mejor posible.

Que me seleccionaran o no estaba fuera de mis manos. Al menos, no me arrepentiría después de haberlo intentado.

Me colgué la mochila y escapé por la puerta trasera del edificio. Llamé a Camila mientras caminaba.

—Cami, ya salí.

Bajé la voz para darle instrucciones en secreto.

—Ven rápido. ¡No dejes que Gael te vea!

Si no podía enfrentarme a él, al menos podía esconderme.

—Eh...

Camila dibujó una sonrisa incómoda y alzó los ojos hacia el hombre que escuchaba cada palabra a su lado.

Gael entrecerró sus iris azul claro. El cabello plateado cayó sobre su rostro y ocultó la expresión, pero una sonrisa cargada de intención se marcó en sus labios.

Todo su cuerpo despedía peligro.

Camila tragó saliva.

—Sí. Enseguida bajo.

—Está bien.

Respondí con dulzura y colgué. Esperé obedientemente frente al edificio para que pudiéramos ir a comer juntas.

El celular vibró. Era un mensaje de Camila.

*Camila: Vale, me duele el estómago. ¿Puedes venir al salón 307?*

¿Tan de repente?

No sospeché nada. Corrí hacia el edificio mientras respondía.

*Valeria: Ya voy. Espérame.*

Temía que algo le ocurriera y no perdí tiempo. Subí corriendo hasta el tercer piso; el viento dejó el fleco completamente revuelto sobre mi frente.

No conocía bien el edificio, así que busqué puerta por puerta.

Las pruebas habían terminado. Al cruzarme con las participantes que se marchaban, escuché fragmentos de sus conversaciones.

—Dicen que Renata se cayó durante la presentación. Ni siquiera podía saltar.

—Estaba en mi grupo. Nunca vino a entrenar, se escondió atrás y no recordaba los movimientos.

—¿Y qué importa? Apuesto a que de todas maneras la seleccionarán.

—Por supuesto. Es famosa y el departamento de Comunicación no dejará escapar esa publicidad. Pero seguramente harán capitana a Valeria.

—Valeria estuvo increíble. Se veía preciosa...

No tenía tiempo para escuchar. Corrí hasta el final del pasillo y por fin encontré el salón 307.

Me detuve para recuperar el aliento y levanté una mano para tocar. Entonces recibí otro mensaje.

*Camila: Vale, perdóname. Gael me obligó a enviarte eso... QAQ*

Me quedé inmóvil.

Miré el número sobre la puerta y el corazón se me hundió. Estaba a punto de alejarme en silencio cuando escuché el clic de la cerradura.

La puerta se abrió desde dentro.

Una figura alta apareció frente a mí. Un brazo firme y musculoso rodeó mi cintura y, aprovechando la enorme diferencia de fuerza, me arrastró al salón sin permitirme resistir.

La puerta se cerró de golpe.

El mundo giró. Las piernas me fallaron y caí contra su pecho. El aroma fresco de la menta inundó mi nariz.

—Gael...

Conseguí abrir los ojos y apenas pronuncié su nombre cuando su boca bloqueó la mía con violencia.

Gael respiraba con fuerza. Parecía incapaz de esperar un segundo más. No ocultó su deseo: me besó con rudeza y desesperación, como si quisiera apretarme hasta integrarme en su cuerpo.

—Más despacio...

El beso no me dejaba respirar. Empujé el pecho que seguía acercándose para conseguir un poco de aire.

Pero Gael se negó a soltarme.

Cuanto más intentaba apartarlo, más feroz se volvía su boca. Me sujetó la nuca con una mano y utilizó tanta fuerza que no podía rechazarlo.

Separó apenas los labios de los míos. Su voz estaba cargada de peligro.

—Amor, ¿por qué tienes tanta prisa por esconderte de mí?

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