Valeria Ríos, una abogada brillante y acostumbrada a tenerlo todo bajo control, nunca imaginó que una noche confusa cambiaría su vida para siempre.
Gael Mendoza es más joven que ella, arrogante, intenso y demasiado peligroso para alguien que debería mantenerse lejos de los escándalos. Al principio, Valeria solo quiere poner distancia entre los dos. Pero Gael no sabe rendirse: la busca, la provoca, la cuida y la obliga a ver que detrás de esa sonrisa desafiante hay una obsesión dulce, feroz y absolutamente sincera.
Entre casos judiciales, secretos familiares, enemigos que no se detienen y una atracción cada vez más difícil de negar, Valeria descubre que el amor no siempre llega con calma. A veces llega con celos, besos robados, promesas temerarias y un hombre más joven decidido a convertirse en su única excepción.
Una historia de romance adulto, tensión prohibida, deseo, protección y una mujer que aprende que perder el control también puede ser la forma más peligrosa de ser feliz.
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Capítulo 7
Capitulo 7
O, para ser exactos, Gael nunca habia planeado ganar ese partido.
Desde el dia anterior lo habia hablado con sus amigos: el juego tenia que verse intenso, parejo, emocionante.
Pero al final no podian ganar.
Si ganaba, como iba a pedirle consuelo a Valeria?
Diego no queria comer con su enemigo.
Pero Valeria lo habia invitado, y el no podia negarse frente a ella.
Valeria, por su parte, despues de invitar a Gael se dio cuenta de que habia demasiada gente alrededor. Invitar solo a el se veria raro.
Asi que termino invitando a los dos equipos.
Todos fueron a un restaurante cerca de la universidad.
Al final, Gael se adelanto y pago la cuenta.
No pensaba dejar que Valeria invitara a tantos hombres. Eso seria practicamente regalarles una excusa para acercarse a ella.
A esa edad, despues de comer, nadie queria irse a casa.
Eran las dos de la tarde cuando alguien propuso ir a cantar y tomar algo en un salon privado de karaoke.
Ximena tenia dia libre y estaba de excelente humor. Ella y Diego se turnaron para rogarle a Valeria.
Valeria no pudo resistir tanto drama.
Tampoco quiso arruinarle el plan a todos.
Fue.
Y si Valeria iba, Gael tambien.
En el salon privado, Ximena ya se habia mezclado con Diego y los demas. Cantaban, bebian, jugaban dados y se reian como si el mundo no tuviera pendientes.
Valeria no era fan de ese tipo de juegos.
Apenas entro, busco un rincon y se sento a revisar documentos en el celular.
Habia muchos lugares libres.
Gael los ignoro todos.
Camino hacia ella, dejo una botella de agua mineral sobre la mesa baja y se sento a su lado sin decir nada.
Se movio con cuidado. Valeria estaba tan concentrada que al principio ni noto su presencia.
Paso un rato.
Cuando ella termino de leer una parte y estiro la mano para tomar la botella, otra mano se adelanto.
Dedos largos, bonitos, tomaron la botella, giraron la tapa y se la ofrecieron abierta.
Valeria se quedo quieta.
Giro la cabeza y se encontro de nuevo con los ojos oscuros de Gael.
Cuando se habia sentado ahi?
—Agua, licenciada.
La voz de Gael fue baja, casi suave.
Los demas seguian cantando y gritando, pero como estaban tan cerca, Valeria escucho cada silaba con claridad.
—Gracias.
Ella tomo la botella y bebio un poco.
—Ya estas mejor?
Gael oyo la preocupacion escondida en la pregunta.
No pudo contener la sonrisa.
Se acerco a su oido.
—Si tu estas aqui, mi humor siempre esta bien.
Cada palabra, dicha con esa sonrisa en la voz, entro limpia en el oido de Valeria.
Era casi una confesion.
La tomo desprevenida.
Pero, esta vez, no sintio el mismo rechazo que antes.
La luz baja del salon suavizaba los rasgos de Gael. Su cara se veia un poco borrosa, pero sus ojos brillaban con una claridad peligrosa.
Ella llevaba vestido hasta la rodilla.
El, shorts cargo.
Al acercarse, sus piernas descubiertas se tocaron sin querer.
El contacto de piel contra piel le acelero el corazon.
No sabia si era por la frase de Gael, por la cercania, por el calor de su cuerpo o por todo al mismo tiempo.
El ambiente entre ellos empezo a volverse ambiguo.
La mirada de Gael bajo de los ojos de Valeria a la punta fina de su nariz, y luego a sus labios.
Esos labios.
Recordaba demasiado bien su suavidad y su sabor de aquella noche.
Los recordaba todas las noches.
La garganta se le movio.
Su cuerpo se inclino un poco mas.
Valeria lo miro sin parpadear. La distancia entre ambos se volvio cada vez mas corta.
—Val, ven a jugar!
El grito de Ximena rompio el momento.
Valeria desperto de golpe y se puso de pie.
Los ojos de Gael se oscurecieron. Por un instante aparecio en ellos la molestia de haber sido interrumpido.
La escondio rapido.
No queria que Valeria lo viera asi.
Para no quedarse otra vez a solas con el, Valeria se unio al juego que Ximena estaba proponiendo.
El juego se llamaba pasar la manzana.
Todos formaban un circulo. La manzana se sostenia entre el menton y el hombro, y habia que pasarla a la siguiente persona sin usar las manos. Si se caia, las dos personas involucradas tomaban castigo.
Sonaba sencillo.
No lo era.
Pronto formaron el circulo.
Las unicas dos mujeres quedaron juntas.
Gael tambien se metio al juego y se puso del otro lado de Valeria.
Cuando todos estuvieron listos, empezaron.
A la izquierda de Ximena estaba el chico al que le habia dado agua durante el partido. Al pasarle la manzana, los dos quedaron tan cerca que el se puso rojo hasta las orejas.
Ximena, en cambio, estaba tranquilisima. Recibio la manzana, se rio un poco de el y luego se la paso a Valeria.
Valeria sostuvo la fruta con el menton y giro.
Quedo frente a Gael.
Al segundo siguiente, el se inclino y la abrazo por la cintura.
La regla decia que no podian tocar la manzana con las manos.
No decia nada de abrazar.
Gael se acerco para tomar la manzana con el menton.
Su respiracion caliente le cayo a Valeria sobre el cuello. La piel clara de ella se puso rosada de forma visible.
No sabia si lo hacia a proposito o si la diferencia de estatura complicaba el juego.
Pero pasar la manzana no fue ni de cerca tan facil como cuando Ximena se la habia dado a ella.
Las manos de Gael se apretaron un poco mas. La sostuvo firme contra el. En el intento de tomar la manzana, sus labios rozaron el cuello de Valeria.
Una vez.
Otra.
Y otra mas.
Besos pequeños, humedos, inevitables o fingidamente inevitables.
El contacto era imposible de ignorar.
Valeria, que siempre podia conservar la calma, sintio que esta vez la calma se le rompia entre los dedos. Las orejas se le pusieron rojas. El corazon perdio el ritmo.
Solo queria que Gael tomara la manzana de una vez y que el juego terminara.
Gael noto su urgencia.
Parpadeo despacio. Una sonrisa le paso por los ojos.
Suficiente.
Si seguia, Valeria se iba a enojar.
Tomo la manzana con el menton, solto a Valeria con evidente desgana y se la paso al siguiente jugador en menos de cinco segundos.
La diferencia fue ridicula.
Con Valeria, el proceso habia sido lento, pegado, lleno de una tension que casi se podia tocar.
Con el siguiente, fue rapido y limpio.
Al final perdieron Diego y otro chico. Tuvieron que tomar tres vasos cada uno.
Cuando la ronda termino, todos gritaron que cambiaran posiciones para jugar otra vez.
Valeria ni siquiera alcanzo a opinar.
Gael fue el primero en negarse.
Jugar, si.
Cambiar de lugar, no.
Tenia que quedarse junto a Valeria.
Y tenia que asegurarse de que del otro lado de ella estuviera Ximena, no cualquier otro hombre.
Aunque, siendo honestos, tambien le molestaba Ximena.
Pero era mejor que un hombre.
Mientras discutian si cambiaban o no, el celular de Valeria sono dentro de su bolsa.
Ella lo saco.
En la pantalla aparecia:
Héctor Fuentes.
Si Héctor la llamaba por iniciativa propia, significaba que habia avances en el caso de Lucas.
Gael, que no dejaba de mirarla, tambien vio el nombre.
Héctor.
El apellido no era comun.
Y en Ciudad de Mexico, probablemente era el mismo hombre.
Por que conocia a Valeria?
Que relacion tenian?
Gael seguia pensando cuando Valeria contesto.
No alcanzo a escuchar lo que Héctor dijo. Valeria respondio un par de veces, guardo el celular y se puso de pie.
—Perdon, tengo algo urgente que atender. Me voy primero.
Miro a todos con una sonrisa educada.
—Sigan divirtiendose. La cuenta la paga Diego.
La comida habia sido de Gael. Esa vez, definitivamente, no iba a dejar que el pagara tambien.
Valeria tomo su bolsa y salio del salon.
Gael quiso seguirla por reflejo.
Dio dos pasos.
Se detuvo.
Con la relacion que tenian en ese momento, el no tenia derecho a preguntarle nada.
Si queria evitar que ella se hartara de el, debia mantener cierta distancia aunque tuviera mil dudas.
Pero si Valeria ya se habia ido, no tenia motivo para seguir jugando.
Se despidio de todos y tambien salio.
Valeria manejo hasta la entrada del centro de detencion.
Al llegar, vio a Héctor recargado contra la puerta de su auto.
Era alto, de negro de pies a cabeza. Tenia una cara seria, atractiva, con el ceño ligeramente marcado. Entre los dedos sostenia un cigarro. Dio un toque para tirar la ceniza con una despreocupacion casi fria.
Con esa cara y ese cuerpo, nadie imaginaria que ya estaba cerca de los treinta.
—Capitan Fuentes.
Valeria estaciono, bajo y camino hacia el con pasos rapidos sobre los tacones.
—Ya podemos entrar.
—Vamos.
Héctor se enderezo, apago el cigarro y tiro la colilla en el bote de basura antes de entrar con ella.
Durante el camino, le resumio lo que habia investigado el dia anterior en el pueblo de Lucas.
Lucas parecio sorprendido de que Valeria hubiera vuelto tan pronto.
Aun asi salio a verla.
Pero cuando vio a Héctor sentado junto a ella, su rostro cambio de golpe. Se puso de pie como si quisiera regresar por donde habia venido.
—Detente.
El custodio apenas alcanzo a sujetarlo cuando Héctor hablo.
Su voz fue fria.
—No te dio miedo matar. Ahora que te asusta?
Lucas se quedo rigido.
No se atrevio a mirarlo.
Sabia quien era Héctor. El dia que se entrego, habia sido el quien lo llevo a senalar el lugar de los hechos.
Ese hombre parecia capaz de ver a traves de la piel.
Lucas temia delatarse frente a el.
Valeria observo a ambos. Sus ojos se oscurecieron un poco, pensativos.
El silencio duro varios segundos.
Al final, Lucas volvio a sentarse, aunque tenia la cara muy mala.
Héctor fijo en el una mirada afilada.
—Ayer fui a tu pueblo.
Lucas palidecio mas.
—Yo la mate. Mi familia no tiene nada que ver!
La voz se le rompio de ansiedad.
—Si quieren carcel o sentencia, que sea para mi. No los metan a ellos.
—Antes de que te entregaras, la cuenta de tu abuela recibio una transferencia de quinientos mil pesos.
Héctor no necesitaba decir mas.
El significado era claro.
Lucas se quedo quieto un instante.
Despues recupero una calma preparada.
—Si usted encontro eso, tambien habra visto que el dinero lo transfirio mi tio.
Levanto la cabeza apenas.
—Un hijo ayudando a su madre. Que tiene de raro?
—Tu tio tiene una discapacidad y depende de otros para moverse. Tu tia limpia casas por dia en el pueblo.
Héctor pregunto sin alterar la voz:
—De donde sacaron quinientos mil pesos?
—No tienen hijos. Han ahorrado toda la vida. No es imposible.
Lucas seguia tranquilo por fuera.
Por dentro, maldecia al idiota que habia hecho la transferencia.
No podian haber dado efectivo?
Por que dejar una huella tan obvia?
—En realidad, te menti.
Héctor solto una risa corta. Los ojos, en cambio, no tenian nada de humor.
—Tu abuela recibio cincuenta mil.
—Imposible!
Lucas reacciono demasiado rapido.
Y entendio demasiado tarde.
Héctor le habia tendido una trampa.
Héctor no dijo nada mas.
Solo miro a Valeria.
Ella tomo la palabra.
—En Mexico, ayudar a una persona a encubrir un delito, mentir ante la autoridad, ocultar pruebas o proteger al verdadero responsable puede convertirse en encubrimiento. Y si la participacion va mas alla, puede haber responsabilidad penal como coautor o complice.
Su voz era clara, fria, sin emociones.
—No solo responde quien comete el crimen. Tambien puede responder quien ayuda a taparlo.
Lucas se quedo perplejo.
No entendia por que ella hablaba de encubrimiento si el estaba confesando un homicidio.
—Tu padre fue a buscarme anteayer.
Valeria explico con calma:
—Dijo una frase: "Esto no era lo que me dijeron".
Lo miro directo.
—Creo que el sabe algo.
—No sabe nada!
Lucas grito de inmediato.
—El no sabe nada!
Su reaccion era el reverso exacto de la indiferencia que habia mostrado el dia anterior.
Cada vez que tocaban a su familia, Lucas perdia el control.
Eso probaba que le importaban de verdad.
—Eso no lo decides tu.
Valeria no levanto la voz.
—Si se confirma que sabian y callaron, o que participaron en ocultar al verdadero responsable, tambien tendran que responder ante la ley.
Cada palabra cayo limpia sobre Lucas.
El temblo.
No habia pensado en eso.
—Si no atrapamos al verdadero culpable, puede volver a hacerlo.
Valeria anadio la ultima pieza.
—Puede haber mas mujeres como Gloria Pineda.
Apelo a la razon.
Tambien a lo poco que quedara de conciencia.
Pero aun asi, Lucas apreto los dientes y no admitio que estaba cargando con la culpa de alguien mas.
Valeria y Héctor no se desesperaron.
Sabian que el caso no se resolveria tan facil.
La primera defensa de Lucas ya se habia agrietado.
Tarde o temprano pensaria.
Cuando salieron del centro de detencion, ya casi anochecia.
—Si hay algo nuevo, te aviso.
Héctor encendio otro cigarro y se lo llevo a la boca.
—Ten cuidado estos dias. Este caso no esta limpio.
—Lo se.
Valeria asintio con seriedad.
—Tu tambien.
Se conocian desde un caso de tres anos atras. Con el tiempo habian coincidido varias veces por trabajo.
Eran amigos.
Pero no cercanos.
Incluso una preocupacion asi se quedaba en lo justo.
Despues de separarse, Valeria manejo a casa y Héctor regreso a la unidad de investigacion.
Trabajo hasta pasada la medianoche.
Comio una sopa instantanea para enganar el estomago y por fin se preparo para irse.
Cuando abrio la puerta de su departamento, vio luz encendida en la sala.
Una figura estaba sentada en el sofa.
Al escuchar la puerta, Gael dejo el celular a un lado, levanto la cabeza y lo llamo:
—Hermano.
aún que si Admito, la historia, esta bonita y tienes buena ortografía y narración, ni se diga 10/10, Pero esa historia no es para mí.
bendiciones Escritora.