—¿La tienes grande?
Nieves jamás se atrevería a hacerle semejante pregunta a un hombre cara a cara. Pero detrás de su cuenta anónima de TikTok puede decir todo lo que desea… incluso confesar las cosas más sucias que le gustaría hacer con un desconocido irresistible que nunca muestra el rostro.
Lo que no sabe es que ese hombre es Gael.
El chico más deseado de la universidad.
Y el compañero que está sentado justo a su lado.
Gael descubre su identidad cuando cada uno de sus mensajes hace vibrar el celular de Nieves sobre la mesa. Ella no sospecha nada, así que continúa provocándolo, preguntándole por su cuerpo y revelándole fantasías que jamás admitiría en persona.
Él podría decirle la verdad.
En cambio, decide seguirle el juego.
Porque ahora conoce cada uno de sus deseos secretos… y está dispuesto a cumplirlos todos.
NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20
Capítulo 20
—Bruno, ¿esa no es Nieves Lara?
Bruno siguió la dirección del dedo de su amigo.
—El que está con ella es Gael Cárdenas —dijo otro—. Siempre aparece en Confesiones UMC. ¿Por qué salieron juntos de un hotel?
—Traen maletas. Seguro pasaron la noche ahí.
—Ese hotel cuesta una fortuna. El reloj de Gael vale más que un auto y dicen que tiene una pared completa de tenis de colección.
Alguien añadió que practicaba vela y que su familia tenía negocios entre México y Estados Unidos.
Bruno arrojó su botella vacía contra un bote de basura.
Todos sabían que llevaba semanas intentando salir con Nieves. Sus dos últimas conquistas habían aceptado en menos de siete días y sus amigos habían apostado que ella tampoco tardaría.
Casi un mes después, no había avanzado nada.
—Tal vez todo es imitación —dijo uno para consolarlo—. Si fuera tan rico, llegaría en un deportivo.
—Además, Nieves se ve demasiado tímida. Seguro en la cama ni se mueve —comentó otro—. Te aburrirías en dos días.
El grupo cambió de dirección y fue al escape room donde los esperaban Mateo y Renata.
Bruno los apartó de los demás.
—¿Nieves y Gael son novios?
—No —respondió Mateo—. ¿De dónde sacaste eso?
—Los vi salir de un hotel.
Renata entendió de inmediato.
—Fueron a terminar el proyecto de la optativa. Trabajaron en el lounge ejecutivo; los cuatro estamos en el mismo equipo.
Bruno frunció el ceño.
—¿Se reunieron en un hotel para hacer tarea?
—Gael puede pagar veinte mil pesos por una camisa. Para él estudiar en un hotel debe ser normal. Aunque sí creo que le gusta Nieves… y ella tampoco parece indiferente.
Bruno soltó una risa sin humor y se alejó.
Renata miró a Mateo.
—Tus amigos tienen cero educación.
Mateo levantó las manos, resignado.
***
Gael me condujo por varias calles hasta una pequeña fonda. El letrero anunciaba birria y consomé; adentro había mesas de fórmica y bancos de plástico desgastados.
El platillo más caro no llegaba a ciento veinte pesos.
—¿Este es el lugar que querías enseñarme?
—Mi abuelo lo recomienda. Se come bien.
Yo me había preparado para pagar una cuenta enorme.
—Tengo presupuesto. No necesitas elegir algo barato por mí.
—El precio no importa si a la persona invitada le gusta. Entra.
Gael limpió nuestra mesa y los bancos con varias servilletas antes de dejarme sentar.
Tenía hábitos muy parecidos a los míos.
—¿Comes picante? —preguntó.
—Sí, más o menos.
Pidió un birriamen picante para mí y un caldo de birria suave para él.
El mío llegó cubierto de carne, cebolla y cilantro, con un caldo rojo que olía delicioso.
Probé un fideo.
—Está muy bueno.
El picante tardó unos segundos en aparecer. Después me quemó la lengua y la garganta.
Tuve que abrir la boca para respirar.
—¿Demasiado picante?
—Un poco. Pero sí está rico.
Intenté demostrarlo con otro bocado y terminé peor.
Gael empujó su tazón hacia mí.
—Prueba este.
Tomé un poco de caldo. Era mucho mejor para mí.
—Me gusta más el tuyo.
—Cambiamos.
—Pero yo ya comí del mío.
Gael lo acercó y empezó a comer sin mostrar ninguna incomodidad.
Las orejas se le pusieron rojas y una capa de sudor apareció sobre el puente de la nariz. Él tampoco soportaba tanto picante.
—Voy a comprar algo de tomar.
La zona estaba llena de cafeterías y puestos de bebidas, pero no encontré una tienda. Compré dos aguas minerales con limón, medio dulces y con mucho hielo.
—Esto ayuda.
Gael bebió un largo trago.
—Está buena.
—¿Nunca la habías probado así?
—No. Casi siempre tomo café o refresco.
Terminé el caldo mientras él esperaba sin apresurarme. La cuenta de los dos fue de poco más de doscientos pesos.
Decidí que tendría que invitarlo muchas veces más.
—¿Tienes planes para la tarde? —preguntó al salir.
—Ninguno.
—¿Caminamos?
—Sí.
Avanzamos juntos, cada uno con su vaso de agua de limón.
Iván estaba por entrar a un local de videojuegos cuando reconoció la espalda de Gael.
Primero se sorprendió de verlo con una bebida tan sencilla. Después me vio a mí y corrió hacia nosotros.
Tocó el hombro izquierdo de Gael y se ocultó a la derecha. Gael volteó directamente hacia donde estaba.
—Siempre adivinas —se quejó Iván.
—Porque eres infantil.
Recordé que Gael había usado el mismo truco conmigo. Oculté una sonrisa.
Iván me miró, nervioso.
—¿No nos vas a presentar?
—Según tú, es la mujer de tus sueños. No necesitas presentación.
Iván tosió y se rascó la cabeza.
—Te he visto en Confesiones UMC. También estudio Sistemas con Gael.
—Es Iván Salas, mi amigo desde niños —aclaró Gael.
—Mucho gusto —respondí.
Iván se quedó sonriendo como un tonto. La mirada de Gael lo hizo retroceder.
—Tengo que ir por comida. Nos vemos.
Escapó hacia un puesto callejero.
—Tu amigo es divertido —comenté.
Gael giró lentamente el vaso entre los dedos.
—¿Te gustan los hombres así?
Super recomendable.
Apoyen a la autora con calificación 5 ⭐
Likes 👍
Votos semanales 🎟️🎫
Comentarios, Regalitos 🎁🎁
solo una observación no lo tomes a mal en este capítulo y en el interior repetiste párrafos. Deberías checar porque se confunde la lectura ☺️☺️☺️