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La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Completas
Popularitas:71
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Andreia lo tenía todo: el amor de un futuro Rey Alfa, la promesa de un destino compartido y la certeza de que la luna los había elegido. Hasta la noche en que Máximo la rechazó frente a toda la manada para presentar a otra mujer como su Luna.

Humillada y con un secreto creciendo en su vientre, Andreia huyó. Lejos de las manadas, lejos de los tronos, construyó una vida en el silencio: una confitería pequeña, una casa rodeada de árboles y una hija llamada Kim que lo era todo para ella.

Pero Kim no es una niña común. A los cuatro años ya se transforma en loba, sus ojos brillan con un poder que no debería existir en alguien tan pequeña, y la luna parece responder cada vez que ella ríe o llora. Porque Kim es la verdadera heredera de una profecía que todos creyeron pertenecía a otra.

Cuando el pasado toca a la puerta y Máximo descubre lo que perdió, nada volverá a ser igual. Entre secretos de sangre, conspiraciones familiares y un poder ancestral que despierta con cada latido, Andreia deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger a su hija.

Porque en el mundo de las manadas, el amor puede ser la fuerza más peligrosa de todas.

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capítulo 3

Los días que siguieron al rechazo fueron grises, incluso bajo el sol. Andreia dejó la manada antes del amanecer, llevando solo lo esencial y un corazón demasiado destrozado para mirar atrás.

Se instaló en una cabaña antigua que usaba para esconderse cuando todo se ponía difícil. Estaba apartada, cerca del límite del territorio, un lugar que pocos frecuentaban, olvidado hasta por los más atentos.

Allí intentó juntar los pedazos de sí misma, convenciéndose de que el dolor disminuiría con el tiempo. No disminuyó.

En la tercera noche, mientras recogía leña, sintió el escalofrío conocido en la nuca. El instinto gritó antes de que sus ojos vieran. Andreia se giró rápidamente, ya en posición defensiva.

ANDREIA— No deberías estar aquí —dijo, con voz firme, aunque el corazón amenazaba con salírsele por la boca.

Máximo estaba a pocos metros, recargado en un árbol, como si aquel encuentro fuera casual. Vestía ropa sencilla, sin los símbolos de la manada, pero su presencia aún cargaba el peso de un futuro Rey Alfa.

MÁXIMO— Necesitaba verte —respondió—. Te fuiste sin darme la oportunidad de explicar.

Andreia soltó una risa seca.

ANDREIA— ¿Explicar qué? —rebatió—. ¿Que me humillaste frente a toda la manada? ¿Que me descartaste como si fuera nada?

Máximo dio un paso al frente.

MÁXIMO— No fue así.

ANDREIA— Fue exactamente así —lo interrumpió—. Y si viniste para aliviar tu conciencia, perdiste el tiempo.

Él respiró hondo, pasándose la mano por el cabello. Un gesto que Andreia conocía bien. Eso solo aumentó su rabia.

MÁXIMO— Todavía te quiero —dijo él, por fin—. Lo que tuvimos no se acabó.

Andreia sintió que el estómago se le revolvía.

ANDREIA— ¿Enloqueciste?

MÁXIMO— No como Luna —se apresuró a explicar—. Pero como mía. En secreto. Nada tiene que cambiar entre nosotros. —Le extendió el collar que ella había tirado al suelo, con la esperanza de que cambiara de opinión.

El silencio que siguió fue pesado.

ANDREIA— Me estás pidiendo que sea tu sombra —dijo ella, lentamente—. Tu vergüenza escondida.

MÁXIMO— No es eso —insistió—. Es solo… complicado. Helena...

ANDREIA— No digas su nombre —cortó, con los ojos brillando de rabia—. No quiero saber nada relacionado con ustedes.

Máximo vaciló, pero continuó:

MÁXIMO— Helena no es solo una elección política. Es la Hija de la Luna, la loba de la profecía.

Las palabras flotaron en el aire como un trueno lejano.

ANDREIA— ¿Qué? —frunció el ceño.

MÁXIMO— Hace generaciones se habla de ella —explicó—. Una loba destinada a traer equilibrio, poder… alguien que fortalecerá la manada y garantizará nuestro dominio. Ella le dijo a mi padre que, si me caso con ella, seré el Rey Alfa más poderoso que haya existido.

Andreia sintió algo removerse dentro de sí, una sensación antigua, olvidada, pulsando bajo la piel. Pero la ignoró.

ANDREIA— ¿Entonces me cambiaste por una profecía? —preguntó, incrédula.

MÁXIMO— Hice lo que tenía que hacer —respondió—. Pero eso no borra lo que siento por ti.

Se acercó más, lo suficiente para que Andreia percibiera el olor familiar que algún día la había calmado. Ahora solo le causaba náuseas.

ANDREIA— Escúchame bien —dijo, alzando la barbilla—. Tú tomaste tu decisión. Y yo tomé la mía cuando me fui.

MÁXIMO— Andreia...

ANDREIA— No vuelvas nunca más aquí. —La voz le salió firme, definitiva, cargada de algo que Máximo no reconoció de inmediato: autoridad—. Si todavía sientes algo por mí —continuó—, déjame en paz.

Por un instante, él pareció entender. Asintió, dio un paso atrás.

MÁXIMO— Voy a respetar eso —dijo—. Por ahora.

Fue esa última parte lo que la hizo estremecerse. En los días siguientes, Andreia intentó convencerse de que aquel encuentro había sido el final.

Pero el bosque comenzó a cambiar. Pasos que cesaban cuando ella se giraba. El olor de Máximo en el viento, siempre presente. Por las noches, aullidos distantes, demasiado largos para ser solo avisos territoriales. Él la estaba vigilando.

En la octava noche, Andreia encontró marcas de garras en la puerta de la cabaña. No eran agresivas, pero eran demasiado claras para ser un aviso inocente.

ANDREIA— Esto no es protección —susurró para sí misma—. Es persecución.

Máximo apareció de nuevo dos días después, a la orilla del arroyo donde ella solía bañarse. No se acercó esta vez. Solo la observó, como un depredador paciente.

MÁXIMO— Te estás poniendo en peligro —dijo—. Así, sola.

ANDREIA— El peligro eres tú.

MÁXIMO— Mi padre sospecha —continuó, ignorando la respuesta—. Helena siente algo extraño viniendo de esta zona. Si descubren que estás aquí...

ANDREIA— Yo no hice nada malo, el problema eres tú. Así que vete —dijo—. Y llévate tu profecía contigo.

MÁXIMO— No puedo. Sueño con nuestras promesas, con nuestros momentos. —Respondió con una sinceridad cruel—. Y tú tampoco vas a poder esconderte por mucho tiempo.

Fue aquella noche cuando Andreia lo entendió. No importaba lo que dijera. No importaba lo que sintiera. Mientras estuviera allí, sería cazada. No por odio, sino por deseo, control y secretos que ella aún no comprendía del todo.

Comenzó a empacar sus cosas antes del amanecer. Enterró objetos que no podía llevar, borró rastros, cubrió su olor. Antes de partir, miró la cabaña una última vez. Allí dejaba atrás a la loba que había creído en promesas.

ANDREIA— No voy a ser el trofeo de nadie —murmuró.

Al cruzar la línea invisible que marcaba el fin de aquel territorio, Andreia sintió algo diferente despertar en su vientre.

Un calor suave, protector. Un instinto nuevo… maternal. Aún no lo sabía, pero ya llevaba dentro de sí a la verdadera heredera de la luna.

Y mientras Máximo creía perseguir a una loba común, Andreia huía para salvar algo mucho más grande que ella misma.

La Hija de la Luna no sería encontrada, y alguien mayor estaba por nacer.

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