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NO ME ARRODILLARÉ ANTE EL REY

NO ME ARRODILLARÉ ANTE EL REY

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía / Completas
Popularitas:28.2k
Nilai: 5
nombre de autor: andrea

Dicen que el Rey de Varken nunca ha tenido que repetir una orden dos veces.

Dicen que con una sola mirada puede hacer temblar a generales experimentados, que ministros con décadas de servicio pierden la voz en su presencia, que incluso los nobles más altivos agachan la cabeza cuando él entra a una habitación. Dicen que es frío como el mármol de su trono, calculador como un ajedrecista que ya vio el final del juego antes de que el rival mueva su primera pieza.

Lo dicen con miedo. Lo dicen en susurros.

Y tienen razón.

Todo el mundo le teme.

Todo el mundo, excepto ella.

NovelToon tiene autorización de andrea para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

Llevaba ya un mes completo en Varken, y si alguien me hubiera dicho hace treinta días que terminaría acostumbrándome a corsés (relativamente), aprendiendo protocolo real, y desarrollando una habilidad sospechosamente útil para congelar habitaciones enteras con magia de hielo, probablemente me habría reído en su cara.

Y sin embargo, aquí estaba, sentada en mi habitación una mañana cualquiera, repasando mentalmente la lista de cosas que tenía pendientes para el día: recoger los vestidos que había encargado hacía una semana, y de paso, según había escuchado por boca de Marta, visitar una nueva repostería que había abierto recientemente en la ciudad y que, según los rumores, tenía algunos postres bastante prometedores que valía la pena probar.

No iba a perderme eso por nada del mundo.

—Mi lady —dijo Marta, entrando a mi habitación con esa expresión que ya reconocía como "tengo noticias que probablemente no le van a gustar del todo"—, sus padres insistieron en que lleve dos guardias con usted hoy.

—¿Dos guardias? —repetí, levantando una ceja—. ¿Para ir a recoger vestidos y comprar pasteles?

—Mi lady, usted apareció en el periódico de la corte la semana pasada —explicó Marta, con paciencia—. Toda la ciudad sabe quién es usted ahora. La futura reina de Varken caminando sola por las calles no es exactamente algo que sus padres consideren prudente.

Suspiré, sabiendo perfectamente que discutir ese punto sería una batalla perdida desde el inicio. Resultaba que mi pequeño numerito en el salón del consejo, sumado a mi actuación en el baile real, había sido suficientemente memorable como para que algún periodista de la corte decidiera escribir sobre "la prometida del rey que no teme contradecirlo", artículo que aparentemente había circulado por toda la capital con una velocidad que ni en mi vida anterior había visto en ningún tabloide.

—Está bien —cedí finalmente—. Los guardias pueden venir. Pero que se mantengan a una distancia razonable. No necesito que me sigan respirándome en la nuca todo el día.

—Por supuesto, mi lady.

El carruaje nos esperaba ya listo en la entrada, con los dos guardias asignados montando a caballo a cada lado, en una formación que claramente buscaba ser discreta pero que, para ser honesta, tenía exactamente el efecto contrario.

Subí al carruaje junto con Marta, y apenas el vehículo comenzó a moverse sobre el camino de piedra, sentí algo que llevaba notando desde mi primera semana en este mundo y que, definitivamente, no mejoraba con el tiempo: estos carruajes eran una tortura absoluta para cualquier trasero que hubiera conocido alguna vez la suavidad de un asiento con resortes.

—Marta —dije, después del tercer bache particularmente brutal que me hizo rebotar contra el asiento de madera—, esto es insoportable.

—¿Qué cosa, mi lady?

—Este carruaje —respondí, frotándome la zona afectada con una mueca de dolor—. Siento que voy a terminar con el trasero permanentemente magullado. ¿Cómo es posible que nadie en este reino haya pensado en poner algo más cómodo en estos asientos?

Marta soltó una risa disimulada detrás de su mano.

—Los carruajes son así, mi lady. Siempre han sido así.

—Pues eso no significa que tengan que seguir siéndolo —respondí, golpeando ligeramente la pared del carruaje con el puño en señal de protesta—. ¿Podemos detenernos un momento? Necesito un cojín antes de seguir, o juro que llegaré a la modista incapaz de sentarme correctamente durante una semana entera.

—¿Un cojín, mi lady?

—Sí, Marta, un cojín. Algo suave. Cualquier cosa que evite que mi trasero termine convertido en un mapa de cada piedra de este camino.

Marta, todavía conteniendo la risa, dio la orden al cochero de detenerse brevemente en una pequeña tienda cercana, donde, después de una breve negociación que probablemente confundió bastante al vendedor sobre por qué la futura reina de Varken necesitaba urgentemente un cojín relleno de plumas, finalmente conseguimos lo que necesitaba.

Coloqué el cojín en el asiento con una satisfacción que probablemente resultaba exagerada para algo tan simple, y en cuanto el carruaje retomó la marcha, sentí una diferencia notable.

—Mucho mejor —declaré, recostándome contra el asiento con considerablemente más comodidad—. Honestamente, no sé cómo la gente de este mundo sobrevive tantos viajes sin volverse completamente loca de dolor.

—Mi lady tiene ideas muy particulares —comentó Marta, todavía con esa sonrisa que llevaba usando con frecuencia desde que me conocía.

—Mi lady simplemente valora la comodidad básica —corregí—. Algo que, aparentemente, es un concepto revolucionario en este reino.

Llegamos a la tienda de la modista poco después, donde fui recibida con una reverencia rápida y una sonrisa que claramente todavía no terminaba de procesar del todo a la clienta que le había pedido, hacía una semana, ropa interior diferente y vestidos que llegaran a la rodilla.

—Lady Evelyn, todo está listo —dijo la modista, guiándome hacia la trastienda donde tenía los encargos organizados con un cuidado meticuloso—. Debo admitir que al principio tuve mis dudas, pero una vez que comencé a trabajar con los nuevos cortes, descubrí que el resultado es... bastante favorecedor.

Revisé cada pieza con atención. La ropa interior nueva, hecha de telas mucho más suaves y con un diseño considerablemente menos restrictivo que cualquier cosa que hubiera usado desde mi llegada a este mundo, me hizo sentir una satisfacción casi desproporcionada. *Por fin,* pensé, *algo que no se siente como una camisa de fuerza disfrazada de prenda íntima.*

Los tres vestidos también estaban impecables: el negro, sencillo y elegante, con un corte que se ajustaba a mi figura sin resultar exagerado; el morado oscuro, con ese ajuste ligeramente más pronunciado que la modista había aceptado hacer con cierta reticencia inicial; y el azul claro con detalles dorados, que al probármelo frente al espejo me hizo sentir, por primera vez desde que llegué a Varken, que la moda de este mundo realmente podía adaptarse a mis gustos en lugar de obligarme a adaptarme yo a ella.

—Son perfectos —dije, genuinamente satisfecha—. Gracias por la paciencia con mis... peticiones particulares.

—Ha sido un placer, mi lady —respondió la modista, aunque su expresión sugería que "placer" quizás no era exactamente la palabra que había usado durante el proceso de confección—. Si me permite decirlo, creo que varias damas de la corte han preguntado ya sobre estos nuevos cortes. Es posible que pronto se convierta en una tendencia.

Sonreí ante esa idea. *Quién diría que terminaría siendo una influencia en la moda de todo un reino solo por negarme a usar ropa interior incómoda.*

Marta empacó cuidadosamente cada prenda mientras yo terminaba de pagar, y salimos de la tienda con las cajas bien aseguradas, listas para continuar con la siguiente parada del día, la que sinceramente llevaba esperando con más entusiasmo desde que salimos de casa.

La repostería resultó estar a solo unas calles de distancia, un pequeño local con un aroma que se sentía desde la entrada y que de inmediato me hizo sentir una nostalgia inesperada por sabores que llevaba un mes sin probar.

El interior era acogedor, con vitrinas de cristal exhibiendo una variedad de pasteles, tartas y dulces que claramente representaban un esfuerzo considerable por parte de quien fuera que estuviera detrás de todo esto. Una mujer joven, con las mejillas sonrojadas por el calor del horno y una sonrisa nerviosa, nos recibió en cuanto entramos.

—¡Lady Evelyn! —exclamó, con una mezcla de sorpresa y emoción evidente—. Es un honor tenerla aquí. No esperábamos...

—Escuché buenos comentarios sobre su repostería —interrumpí, con una sonrisa genuina—. Quería venir a comprobarlo por mí misma.

La joven, que se presentó como la dueña del local, prácticamente vibraba de la emoción mientras me guiaba a través de las opciones disponibles. Terminé eligiendo varias piezas: algo de fruta confitada, un pastel pequeño con cobertura de crema que olía increíblemente bien, y un par de dulces más tradicionales que Marta insistió que debía probar.

Me senté en una pequeña mesa junto a la ventana para disfrutar de mi elección, con Marta acomodándose frente a mí, mientras los guardias esperaban discretamente afuera. Apenas había tomado el primer bocado del pastel cuando la campanilla de la puerta sonó de nuevo, y por puro instinto levanté la vista.

Ahí estaba él. Kael, vestido con ropa considerablemente más sencilla que la que normalmente usaba en la corte, lo cual probablemente explicaba por qué nadie en el local parecía haberlo reconocido todavía, a excepción de la dueña, que se había quedado paralizada detrás del mostrador con una expresión de pánico absoluto.

Sus ojos verdes recorrieron el lugar hasta encontrarme, y por un segundo pareció tan sorprendido como yo.

—Lady Evelyn —dijo, acercándose a la mesa sin esperar invitación alguna—. Qué coincidencia tan... conveniente.

—¿Me está siguiendo, Majestad? —pregunté, levantando una ceja mientras Marta, sabiamente, decidía de pronto que necesitaba revisar algo en el mostrador, dejándonos prácticamente solos.

—Por supuesto que no —respondió él, ya sentándose en la silla vacía a mi lado sin pedir permiso, con esa naturalidad exasperante que ya empezaba a serme demasiado familiar—. Tenía asuntos que atender en la ciudad. Esta repostería simplemente estaba en mi camino.

—Qué casualidad tan oportuna.

—Las coincidencias existen, Lady Evelyn.

—También las excusas poco convincentes —respondí, sin poder evitar la sonrisa que se me escapaba.

Kael miró mi plato con un interés que intentó disimular sin mucho éxito.

—¿Eso está bueno?

—Excelente, de hecho —respondí, cortando otro pedazo del pastel con calma deliberada—. Aunque, lamentablemente, no veo que nadie le haya ofrecido nada todavía.

—No vine a comer.

—Claro que no —dije, llevándome el bocado a la boca con una expresión que claramente disfrutaba de la situación—. Solo vino porque esta repostería "estaba en su camino".

—Exactamente.

—Y sin embargo, aquí está, sentado, mirando mi plato como si llevara días sin probar bocado.

Kael apretó la mandíbula apenas, esa expresión que ya reconocía como su forma de admitir una derrota sin decir las palabras directamente.

—Tal vez tenga curiosidad —admitió finalmente, con la dignidad forzada de alguien que claramente no estaba acostumbrado a ceder terreno tan fácilmente—. Nada más.

—Qué considerada coincidencia, entonces —respondí, empujando ligeramente el plato hacia él—. Pruebe, antes de que decida que se lo merece menos que yo.

Él me miró un momento, con esa expresión que oscilaba entre la sorpresa y algo más suave que no terminaba de identificar del todo, antes de finalmente tomar el tenedor que Marta, providencialmente, había dejado sobre la mesa.

—Si insiste —dijo, con un tono que intentaba sonar indiferente y que fallaba estrepitosamente.

—Insisto —confirmé, observando con cierta satisfacción cómo el rey de Varken, el hombre que hacía temblar a generales con una sola mirada, probaba un pedazo de pastel con la misma cautela con la que normalmente abordaría una negociación diplomática delicada.

Y cuando su expresión se relajó visiblemente al primer bocado, no pude evitar sentir que ese pequeño momento, robado entre vestidos nuevos y postres compartidos, se sentía considerablemente más real que cualquier baile real o conversación protocolar que hubiéramos tenido hasta ahora.

1
Vanessa Ibáñez Fernández
jajajajajajajajajaja esta es de las mías cuando llega el verano
Tinita77797
cómo le paró el carro al rey jaja
Del Valle TG
ya no se quien es la protagonista, Daphne o Evelyn? porque Evelyn parace una boba insípida
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente
Yesenia Hernandez
Excelente novela me encanta
Yesenia Hernandez
🤭🤣🤭🤭Ya quiero ver al rey ajajajau
Bea Ro
espectacular la novela
Maru Parera
esta muy linda, pero me falto más acción entre la pareja
luzceidy lovera
un enredo total con el nombre del protagonista
luzceidy lovera
es kael Modric o Rodrigo
Franshesca Acosta
En realidad confundió el "plan" con el "flan", sin embargo eso no quita que no podía sacar a cierta Rubia de ojos azules de su cabeza 🤣🤣🤣🤣
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente
Alma Morales
Esamuchacha tiene alma de detective 👍👍👍👍
Maru Parera
que vanidosa 🤣🤣🤣
Alma Morales
Se quedo con las ganas de besarla y por eso el humor de perros que trae😂😂😂😂
Alma Morales
ME LATE QUE DAF SERA LA FUTURA REINA DE AQUEL REINO😂😂😂
vale...🤍
Me encantan ellos dos son super lindos ❤️
Empoderada
haber Cassandra bruja como te vas a defender mostraste las cartas y no había terminado el juego
Alma Morales
Inteligente la hermanita 👍👍👍
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