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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 El frío que se quedó

Desde aquella mañana, el silencio volvió a instalarse en la casa, pero esta vez era distinto: no era un acuerdo, era un muro que él mismo había levantado y que ahora no sabía cómo derribar.

Mi hija volvió a encerrarse en su mutismo hacia él: no le contestaba aunque le preguntara, no lo miraba si se acercaba, tomaba mi mano y se escondía contra mí apenas lo sentía cerca.

Y yo, con los brazos todavía doloridos y el alma herida, tampoco le dirigí la palabra: ni un saludo, ni una mirada, ni la menor atención.

Cada mañana Nicolás se levantaba esperando quizás un gesto, pero solo encontraba indiferencia.

Si le decía: —Buenos días, mi niña— ella bajaba la cabeza y se ponía de espaldas.

Si intentaba acercarse a mí para decirme algo, yo me apartaba enseguida o me iba a otra habitación.

Comíamos en extremo silencio; el ruido de los cubiertos parecía demasiado fuerte.

Él se sentaba solo en un extremo, viéndonos a nosotras juntas, unidas más que nunca por el daño que él nos había causado.

Con los días empezó a notar lo que era estar verdaderamente solo.

Volvía del trabajo y no había nadie que lo esperara con una palabra.

Se quedaba mucho tiempo en la puerta sin atreverse a entrar del todo.

Pasaba horas sentado en el sofá vacío, mirando cómo jugábamos nosotras en el jardín, cómo nos abrazábamos, cómo nos contábamos cosas al oído…

y veía claramente que en ese lugar tan lleno de vida, él ya no tenía sitio.

Una tarde la niña estaba en el suelo armando sus piezas.

Él se sentó muy lejos y dijo bajito.

—¿Quieres que te ayude?

Sé cuál va aquí…

Ella no levantó la vista, negó con la cabeza y se cambió de lugar para quedar más cerca de mis pies.

Él suspiró profundamente y se llevó las manos al rostro.

Entendió que no solo me había perdido a mí al golpearme y gritarme: estaba perdiendo también a su propia hija.

Me vio un momento los brazos cuando me moví para recoger algo: las manchas moradas se habían vuelto amarillentas y azules, pero seguían marcadas, como un reproche silencioso que no se borraba.

Y comprendió con espanto que esas marcas eran lo único que él había logrado dejar en nosotras últimamente.

Intentó hacer cosas para llamar nuestra atención: compró sus dulces preferidos, arregló el columpio viejo, limpió el jardín entero.

Pero nada cambió.

La niña aceptaba lo que le daba sin mirarlo, yo lo agradecía sin decir una palabra.

Y cada vez se le veía más encogido, más triste, más perdido.

Como si la casa se le hubiera vuelto demasiado grande y demasiado fría a la vez.

Por las noches escuchaba sus pasos caminar sin rumbo, abrir y cerrar puertas, quedarse mucho tiempo parado delante del retrato donde yo aparecía sonriendo años atrás.

Una noche lo vi desde el pasillo: lloraba en silencio, apoyado en la pared, y decía muy bajito como si hablara con la foto.

—Las eché a perder…

Todo lo eché a perder.

Quería defender tu recuerdo y terminé haciendo lo que más temías.

Me quedé solo…

por mi propia culpa.

No entré, no dije nada.

Aún dolía demasiado.

Pero sentí que esa soledad que ahora cargaba sobre sus hombros pesaba más que cualquier castigo que yo pudiera desearle.

Él mismo se había quitado lo que más le daba aliento: la voz de su hija, mi presencia tranquila, la calma que antes reinaba entre nosotros.

Y ahora estaba aprendiendo, tarde y con mucho dolor, que proteger el pasado no servía de nada si terminaba destruyendo el presente.

Así pasaron las semanas: nosotras unidas, él cada vez más aislado, cada vez más consciente de que lo único que tenía que hacer para no estar solo, era pedir perdón de verdad, sin orgullo, sin rabia, sin intentar borrar lo que ya no se borra.

Mientras tanto el silencio seguía ahí, enseñándole lo valioso que es una palabra amable, una mirada, un abrazo que no lastima.

 

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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