Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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Capítulo :15
ELARA:
El aire gélido del mediodía me golpea el rostro en cuanto cruzo el arco de piedra que da al patio de armas, pero el frío del Norte ya no me hace ni cosquillas.
Al contrario, siento la sangre hirviendo en mis venas y la piel todavía sensible por los toques urgentes de Killian contra la puerta de su despacho.
Reajusto los guantes de cuero de mis manos con una sonrisa de absoluta satisfacción que no me molesta ocultar y a mi lado, Killian camina con su habitual porte de depredador soberano, impecable, aunque con los ojos rubíes un poco más oscuros y fijos en mí.
Unos pasos atrás, su comandante Ivan nos sigue con una ceja alzada mirándonos de reojo con una tremenda sonrisa de burla.
Es obvio que el muy astuto sabe perfectamente por qué nos tardamos tanto en salir del despacho.
El patio es un caos de actividad militar y cientos de soldados corpulentos, vestidos con pesadas armaduras y pieles chocan sus espadas, levantan hachas y entrenan cuerpo a cuerpo sobre la tierra congelada.
En cuanto Killian y yo pisamos la arena, el ruido de los aceros se va apagando gradualmente y una ola de murmullos recorre las filas.
Los rudos guerreros del norte detienen sus prácticas clavando sus miradas en mis pantalones de cuero ajustados y en la trenza alta que recoge mi cabello oscuro y sus rostros reflejan una mezcla de shock, confusión y la clásica arrogancia de los hombres que creen que una mujer de la capital solo sirve para adornar un salón de té.
Siento la figura de Killian tensarse a mi lado al instante y una vibra asesina y sofocante emana de su cuerpo, y su mano desciende de inmediato hacia el pomo de su espada real lanzándole una mirada tan mortífera a las tropas que la mitad de los soldados baja la cabeza de inmediato por puro instinto de supervivencia… El lobo está listo para arrancar cabezas si alguien me mira de más.
Le doy un sutil toque con mi codo en su costado recordándole nuestro trato con una mirada divertida. Controla a tu bestia, mi archiduque, que este es mi show.
—¡Atención!
La voz de Ivan truena en todo el patio, rompiendo el hielo.
—A partir de hoy, la Archiduquesa entrenará en la arena. Las órdenes del Archiduque son claras: la tratarán con el mismo respeto que a cualquier oficial de alto rango.
Un sargento enorme con una cicatriz que le cruza el ojo izquierdo y un hacha de batalla colgada a la espalda, da un paso al frente.
Mira a Killian, hace una reverencia rígida y luego me barre con una mirada cargada de escepticismo.
—Con todo respeto, comandante Ivan... Las damas de la corte no están hechas para el peso del acero del norte, no quisiéramos herir accidentalmente a la esposa de su excelencia con un roce de espada.
Dice el sargento y un par de soldados detrás de él sueltan risitas burlonas.
Sonrío de medio lado dando un paso al frente y saliendo de la protección del brazo de Killian.
La adrenalina de la jefa de la mafia que llevo dentro se activa en un segundo y sonrío.
—No te preocupes por mi piel, sargento.
Respondo con mi voz resonando clara, fría y cortante como el viento de la montaña.
— Me interesa más saber si tus hombres son tan buenos con las armas como lo son abriendo la boca para parlotear… Ivan alcánzame un sable ligero.
Ivan encantado con el drama, atrapa un sable de entrenamiento de los estantes y me lo arroja en el aire. Lo atrapo con un movimiento limpio haciéndolo girar en mis dedos para medir el peso y el equilibrio.
No es el peso al que estaba acostumbrada con mis armas de fuego en mi vida pasada, pero el instinto de combate cuerpo a cuerpo es el mismo, la memoria muscular de una criminal internacional no olvida cómo matar.
Me coloco en postura de guardia flexionando las piernas con elegancia y apuntando la punta del sable directamente al pecho del sargento gigantón.
—A ver sargento… Demuéstreme qué tan rústicos son los soldados del norte.
Lo provoco con una sonrisa felina.
—Intente darme un solo roce… Si lo logra, regresaré a mis aposentos a bordar pañuelos, pero si gano yo... Usted y su escuadrón limpiarán las caballerizas del castillo con sus propias manos durante un mes ¿Tenemos un trato?
El sargento mira a Killian buscando aprobación y mi esposo permanece inmóvil con los brazos cruzados sobre el pecho, observándome con una mezcla de posesividad salvaje y una intensa curiosidad… No va a detener esto.
El gigante desenvaina su pesada espada de práctica con una sonrisa confiada.
—Trato hecho, mi Archiduquesa… Intente no llorar si le ensucio el uniforme.
El tipo avanza con un rugido, lanzando un tajo descendente con una fuerza bruta que aplastaría a cualquiera, pero la fuerza sin velocidad no es nada para una mafiosa.
No intento bloquear el golpe; eso sería estúpido contra alguien que me duplica el peso, en su lugar me deslizo hacia la izquierda con la agilidad de una cobra, dejando que su pesada espada muerda el aire y choque contra el suelo y aprovecho su impulso hacia adelante, giro sobre mis talones y le conecto una patada brutal y seca directamente en la parte trasera de su rodilla izquierda.
Un crujido resuena en el patio y el sargento suelta un gruñido cuando su pierna cede, obligándolo a caer de rodillas sobre la tierra congelada.
Antes de que pueda procesar lo que acaba de pasar o intentar levantarse, doy un paso rápido, me coloco a su espalda y le planto la punta afilada de mi sable ligero firmemente contra la base de su nuca, justo donde la armadura deja la piel descubierta.
El patio de armas se queda en un silencio sepulcral y nadie respira.
Cientos de guerreros miran la escena con los ojos abiertos como platos y las mandíbulas desencajadas.
Les tomó exactamente tres segundos ver a su sargento más fuerte derribado por la "damisela de la capital"
—Movimiento lento, equilibrio terrible y dejas tu espalda completamente descubierta, sargento.
Le susurro al oído desde atrás manteniendo la presión del acero en su cuello.
—En mi mundo los hombres que atacan así terminan en una zanja antes del amanecer, las caballerizas lo esperan mañana a primera hora.
Suelto al hombre y doy un paso atrás haciendo girar el sable con total indiferencia antes de devolvérselo a Ivan, quien está aplaudiendo eufórico soltando una carcajada limpia.
—¡Por los dioses, Killian! Te lo dije, ¡esta mujer es un demonio hermoso!
Grita Ivan mirando a los soldados.
—¡Ya escucharon! ¡A entrenar el doble si no quieren que la Archiduquesa los mande a limpiar estiércol a todos!
Miro hacia donde está Killian y sigue en la misma posición, pero sus ojos rubíes brillan con un fuego ardiente, devorándome con una fascinación y una lujuria criminal que me acelera el pulso.
Su sonrisa de medio lado me lo dice todo: el "Monstruo del Norte" está completamente obsesionado con su nueva reina.
Le guiño un ojo discretamente mientras me limpio una brizna de polvo de la camisa de seda. El patio de armas ya es mío y este es solo el primer paso para conquistar el resto del imperio… Primero debo de empezar por este archiducado.
necesito fotos de ese guardián 🤭