Una noche, su amiga la arrastra a un exclusivo club nocturno en Italia. En el área VIP, rodeado de hombres trajeados como si fuera el dueño del lugar, un desconocido de ojos abrasadores la mira como si pudiera devorarla. Su voz ronca, su acento extranjero y sus manos tatuadas desatan algo que Lara nunca había sentido. Esa noche se entrega a él por primera y única vez.
A la mañana siguiente, él desapareció. Solo dejó un fajo de billetes y una nota que la hizo arder de rabia.
Lo que Lara no sabe es que ese hombre es Nikolai Pushkin, el Don de la Bratva rusa: un líder despiadado al que su propio imperio le prohíbe amar a una mujer fuera de su mundo. Y lo que Nikolai no sabe es que aquella noche dejó mucho más que dinero sobre la mesa.
Tres años después, cuando un giro del destino los vuelve a cruzar, Nikolai descubre que tiene un hijo. Y que la mujer que lo atormenta cada noche en sus sueños pasó por el infierno para sacar adelante sola a su bebé.
Ahora Nikolai está dispuesto a enfrentar a su familia, a sus aliados y a sus enemigos para recuperar lo que es suyo. Pero en el mundo de la mafia, reclamar a tu mujer y a tu heredero tiene un precio que puede cobrarse en sangre.
NovelToon tiene autorización de Jessilane Santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9
Meses después
Miraba mi barriga de nueve meses y sentía a mi pequeño patear. Descubrí a los cinco meses que era niño. Mi niñito, la fuerza que necesitaba para seguir luchando. No voy a decir que es fácil, porque no lo es. Tuve que renunciar a mis sueños; dejé el curso de enfermería porque no iba a poder mantener un bebé y pagar la carrera al mismo tiempo. Tuve que ahorrar bastante dinero para comprarle la cunita y la ropita. Claro que Eva siempre estuvo a mi lado. Fui juzgada por quienes pensé que me iban a apoyar: cuando pasaron los meses y mi barriga empezó a crecer, Gaby se fue del departamento alegando que no iba a vivir en una casa con un bebé. Tuve que renunciar al departamento porque no iba a poder mantenerlo sola, y Eva me acogió, me dio un cuarto en su casa. Fue un desastre total, pero ahora las cosas van yendo. A veces me engaño diciendo que todo está bien, que todo va a estar bien, pero por dentro soy un caos humano. Busqué durante meses su paradero, fui al antro y al hotel, y no conseguí nada. Los recuerdos de él siguen vivos en mi cabeza y en mi corazón; aunque me obligo a no pensar en él, a olvidar todo, no puedo. Se infiltró en mi corazón.
—La mesa tres te está llamando, hija mía.
—Ya voy.
Fui hasta la mesa. Era el mismo hombre alto de siempre; venía todos los días desde hacía meses, pero a diferencia de otras veces estaba acompañado por otro hombre. Me recorrió el cuerpo con la mirada y, como siempre, lo ignoré.
—Buenos días. ¿Qué van a querer?
Di mi mejor sonrisa. A diferencia de otras veces, estaba más atrevido, intentando agarrarme la mano. Me aparté.
—Lástima que tú no estés en el menú.
El otro sonrió, provocándome un odio.
—Creo que se equivocó de lugar. Aquí no es un prostíbulo y no estoy en venta. Y por si no se fijó, estoy embarazada. Aunque no lo estuviera, jamás le daría entrada.
Sonrió causándome escalofríos por todo el cuerpo. Se levantó junto con el otro y me agarró el rostro. Le aparté la mano y lo encaré.
—Vas a ser mía, aunque tenga que pagar muy caro por tenerte.
Se fue, dejándome nerviosa. Una chica rubia se acercó.
—¿Estás bien?
—Voy a estarlo.
—¿Te estaba amenazando?
—Ni embarazada y a punto de parir se libra una de que la acosen.
Solté una sonrisa forzada.
—Lo siento.
Conversé un poco con ella. Ayla parecía ser buena persona.
Días después
Desperté con dolor de espalda y Gael estaba muy agitado. Me senté en la cama y respiré hondo acariciándome la barriga.
—Calma, hijo.
Eva abrió la puerta y sonrió.
—Creo que hay un jovencito que quiere nacer.
—Ya es tiempo. Además del peso, no estoy pudiendo dormir bien porque decidió jugar con mi vejiga y me hace ir a hacer pipí cada cinco minutos. Estoy a punto de irme a dormir al baño.
Dije riendo y ella soltó una carcajada. Me levanté con algo de dificultad por la barriga. En cuanto me puse de pie sentí algo escurriendo por mis piernas y un escalofrío me recorrió la columna.
—Sin pánico. Respira.
Me dije a mí misma intentando no enloquecer.
—Voy a llamar un taxi.
Salió a paso rápido y controlé mi respiración.
—Ya puedes venir, mi amor. Mamá está lista para ti.
Llegó la hora de conocer al amor de mi vida. Eva entró con un señor que agarró las bolsas y me ayudó a bajar la escalera hasta el auto. Ella me fue dando apoyo hasta llegar al hospital.