Bajo el velo de una sumisa y angelical monja que sana a los heridos en una ciudad infestada de demonios y avaricia corporativa, Verónica oculta una fuerza colosal y destructiva que late en sus mechas carmesíes, esperando el momento exacto para desatar a la bestia sagrada que lleva dentro.
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Capítulo 8: Sombras en las Torres Rivales
Las fisuras no gritaban. Aún no. Se manifestaban en detalles que solo los más atentos notaban: un reloj que se detenía exactamente a las 3:33 a.m. en tres distritos diferentes, un niño que despertaba llorando porque “las estrellas se estaban cayendo hacia adentro”, o un perro callejero que se quedaba mirando fijamente un callejón vacío durante horas, gruñendo a nada. Eran los primeros indicios. Pequeños desgarros en el velo entre el mundo humano y el abismo demoníaco. Nada que provocara pánico masivo, pero suficiente para que los sensores avanzados de las corporaciones registraran anomalías que no encajaban en los patrones habituales.
En el Barrio Bajo 17, Elena Vargas encontró una grieta negra y fina en el suelo del viejo metro, de apenas dos centímetros de ancho, que emitía un calor sutil y un olor a azufre antiguo. No salió ningún demonio de ella esa noche, pero el aire alrededor se sentía más denso, como si algo estuviera respirando al otro lado.
En el Convento de la Sagrada Misericordia, Verónica se despertó con un leve dolor detrás de los ojos. Las mechas carmesíes en su cabello palpitaron una vez bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Ella lo sintió con mayor claridad que nadie: las fisuras ya no eran solo grietas. Eran venas. Y algo más grande comenzaba a moverse a través de ellas.
Pero la verdadera atención no estaba en las calles ni en los conventos. Estaba varios pisos más arriba, en las torres relucientes que competían con hélix por el control económico y político de la ciudad y, eventualmente, del mundo.
En la Torre Eclipse, sede central de la corporación rival más agresiva contra hélix, se llevaba a cabo una reunión de alto nivel en el piso 92. La sala de conferencias era un óvalo de cristal y acero negro, con una mesa flotante de obsidiana donde se proyectaban hologramas en tiempo real de datos financieros, mapas de influencia y reportes demonológicos comprados en el mercado negro.
Cuatro personas ocupaban los asientos principales.
Al frente estaba Lilith Sinclair, CEO de Eclipse Dynamics, de 51 años. Mujer de cabello plateado cortado en ángulo recto, ojos verdes fríos y un traje negro con incrustaciones de micro tecnología que costaba más que un barrio entero de los Bajos. Su familia había construido su fortuna con armamento anti-demonio antes de que hélix monopolizara el sector premium.
A su derecha, Victor Kane, Director de Operaciones Estratégicas, un hombre calvo de complexión robusta y cicatrices visibles en el cuello —recuerdo de su juventud como cazador independiente antes de venderse al mejor postor.
A su izquierda, Sofia Moreau, jefa de Inteligencia y Relaciones Políticas, una francesa de 44 años con acento elegante y una mente capaz de anticipar movimientos tres pasos antes que sus rivales.
Y al fondo, de pie, Dr. Elias Roth, jefe de Investigación Demoníaca, un científico excéntrico que había sido expulsado de tres universidades por “ética cuestionable”.
Lilith activó el holograma central. Mostraba un mapa de la ciudad con marcadores rojos parpadeantes en las zonas donde se habían detectado las nuevas fisuras.
—Como pueden ver —comenzó con voz cortante—, las anomalías están aumentando un 31% respecto al mes pasado. hélix está respondiendo con sus métodos habituales: contratos caros y propaganda. Pero nosotros no podemos permitirnos seguir jugando a la defensiva. El Vaticano y sus iglesias aliadas están ganando terreno moral y político. Sus cazadores de la Orden de San Miguel son vistos como héroes desinteresados. Eso tiene que cambiar.
Victor Kane se inclinó hacia adelante, cruzando los brazos.
—hélix tiene el 68% del mercado de protección premium en esta ciudad. Nosotros estamos en 19%. El resto se reparte entre Kurogane Dynamics en Asia y los independientes. Si no desplazamos a hélix y debilitamos la influencia de la Iglesia, nos quedaremos como proveedores de segunda.
Sofia Moreau proyectó nuevos datos.
—El Vaticano respalda no solo a la Orden de San Miguel. Tiene acuerdos con más de 47 iglesias y órdenes en todo el mundo. Controlan el 40% de la ayuda humanitaria en zonas afectadas por demonios. Eso les da legitimidad. La gente confía en ellos. Mientras hélix es vista como elitista, la Iglesia es vista como accesible. Necesitamos romper esa percepción.
El Dr. Roth habló con entusiasmo casi enfermizo:
—Las fisuras son la oportunidad. Mis equipos han analizado muestras. No son portales normales. Hay un patrón de resonancia. Si logramos amplificar selectivamente algunas de ellas usando nuestros generadores de frecuencia demoníaca, podríamos crear incidentes controlados en zonas donde la Iglesia es fuerte. Luego ofrecemos soluciones “más eficientes” que los rezos y las bendiciones.
Lilith levantó una mano, deteniéndolo.
—Controlados, Elias. No queremos otro incidente como el de Shanghái del 24. Pero sí. La idea es clara: dejar que la Iglesia enfrente los problemas iniciales, exponer su lentitud y luego aparecer nosotros con tecnología superior, contratos más agresivos y, sobre todo, una narrativa mejor.
La reunión continuó durante casi dos horas. Discutieron estrategias detalladas.
Primero: **campaña de descrédito sutil**. Sofia propuso infiltrar agentes en los comedores comunitarios para sembrar dudas sobre la efectividad real de las monjas y sacerdotes.
—Podemos usar influencers pagados. Videos donde se muestre a cazadores eclesiásticos llegando tarde mientras Eclipse ya resolvió el problema. Enfocarnos en que “la fe no detiene garras”.
Segundo: **alianzas políticas**. Victor mencionó al senador Harlan, el mismo que hélix estaba cortejando.
—Ofrezcamos más. No solo dinero. Le daremos tecnología de supresión personal para su familia y un porcentaje de las ganancias en las nuevas zonas de exclusividad que creemos.
Tercero: **investigación avanzada**. El Dr. Roth presentó un prototipo: el “Núcleo de Resonancia Abisal”. Un dispositivo capaz de estabilizar pequeñas fisuras y convertirlas en fuentes de energía demoníaca controlada. Con eso podrían potenciar armas y armaduras más allá de lo que hélix había logrado.
—Imagina soldados que absorban esencia demoníaca sin volverse locos —dijo Roth con ojos brillantes—. Seríamos superiores a la Iglesia y a hélix.
Lilith escuchaba con atención, haciendo preguntas precisas. Su mente calculaba riesgos y beneficios constantemente. Sabía que el Vaticano no era un enemigo fácil. Tenían siglos de experiencia, reliquias antiguas y una red global de fieles dispuestos a morir por la causa. Pero también tenían limitaciones: burocracia, recursos limitados en comparación con corporaciones multimillonarias y una dependencia de la fe que podía ser explotada como debilidad.
—Necesitamos un evento catalizador —declaró finalmente Lilith—. No algo masivo. Solo lo suficiente para que la gente cuestione si la Iglesia sigue siendo suficiente. Un ataque en un comedor comunitario, por ejemplo. Dejamos que los independientes y los eclesiásticos luchen primero. Luego intervenimos con fuerza abrumadora.
La sala quedó en silencio unos segundos.
—¿Y si Verónica y las otras monjas interfieren? —preguntó Sofia—. Esa mujer del convento ha estado ganando respeto en los Bajos. Hay reportes de que cura con magia avanzada.
Lilith sonrió con frialdad.
—Entonces la convertimos en símbolo. O en mártir. Depende de cómo se desarrolle.
Mientras tanto, en otra torre rival —la sede de Kurogane Dynamics, una filial japonesa con fuerte presencia en la ciudad—, se llevaba a cabo una reunión paralela pero más discreta.
Akira Tanaka, vicepresidente regional, hablaba con sus asesores a través de una conexión segura holográfica. La sala era minimalista, con tatamis digitales y paredes que proyectaban jardines zen.
—hélix está creciendo demasiado rápido —dijo Tanaka con voz calmada—. Su modelo de protección selectiva es efectivo, pero vulnerable a cambios en la percepción pública. La Iglesia del Vaticano es el verdadero obstáculo. Mientras tengan legitimidad moral, las masas preferirán sus métodos “nobles”.
Uno de sus asesores, una experta en psicología social llamada **Yumi Sato**, intervino:
—Propongo una estrategia de “superioridad cultural”. Enfatizar que las soluciones tecnológicas japonesas son más limpias, más eficientes y menos dependientes de dogmas religiosos. Podemos financiar documentales que muestren cómo las reliquias vaticanas fallan frente a demonios Clase III mientras nuestras armaduras neurolinkadas responden en milisegundos.
Tanaka asintió.
—Además, aumentemos nuestra presencia en los Barrios Bajos. No con caridad abierta como la Iglesia, sino con microcréditos y protección barata. Hacemos que la gente dependa de nosotros económicamente. Cuando las fisuras empeoren, ya tendrán lealtad contractual.
Discutieron durante largo rato sobre cómo neutralizar la influencia vaticana sin confrontación directa. El plan incluía comprar medios de comunicación locales, presionar a políticos para leyes que limitaran el poder de las órdenes religiosas en zonas urbanas y desarrollar tecnología que imitara milagros (luces curativas artificiales, por ejemplo).
De vuelta en la Torre Eclipse, la reunión llegaba a su fin.
Lilith se levantó y caminó hasta el ventanal que daba a la ciudad. Las luces brillaban como un campo de estrellas artificiales. En la distancia, podía verse el convento como una pequeña isla de luz antigua.
—hélix cree que controla el miedo —dijo en voz baja—. Nosotros controlaremos la solución al miedo. Y para eso, la Iglesia debe perder su halo. Empecemos con las fisuras. Observemos. Y cuando llegue el momento, actuemos.
Los ejecutivos asintieron. El Dr. Roth ya estaba enviando órdenes a sus laboratorios para comenzar pruebas controladas de resonancia.
Esa misma noche, en diferentes puntos de la ciudad, las fisuras se ensancharon ligeramente. Un demonio Clase II logró filtrarse en un almacén abandonado cerca del Distrito Industrial. No atacó a nadie importante. Solo causó daños menores. Pero fue suficiente para que los sensores de Eclipse y Kurogane registraran el evento y comenzaran a planificar.
En el comedor comunitario, Elena y su grupo escucharon rumores sobre “algo nuevo en el aire”. Mateo reforzó la vigilancia en el convento. Verónica, en su celda, sintió el cambio con mayor intensidad, pero guardó silencio.
Las corporaciones rivales ya habían empezado su juego. No contra los demonios directamente. Sino contra la influencia moral que los mantenía a raya.
La verdadera guerra por el alma de la ciudad apenas comenzaba.
**Escenas extendidas de la planificación corporativa**
En una sala privada de la Torre Eclipse, Lilith se reunió a solas con Victor Kane después de la junta principal.
—¿Estás seguro de que podemos manipular las fisuras sin perder el control? —preguntó ella.
—Roth asegura que sí. Pero hay riesgos. Si el Vaticano detecta que estamos amplificándolas…
—Entonces negamos todo. Somos corporaciones. Ellos son los que creen en demonios y milagros. La opinión pública siempre prefiere la explicación científica.
Victor sonrió.
—Además, si logramos que un incidente ocurra cerca del convento de esa monja de las mechas rojas, podremos estudiar su reacción. Hay informes de que su magia es… diferente.
Lilith entrecerró los ojos.
—Interesante. Inclúyelo en el plan secundario.
En Kurogane, Akira Tanaka caminaba por un jardín virtual mientras hablaba con su equipo.
—La fe es poderosa porque es gratuita. Nosotros debemos hacer que nuestra tecnología sea indispensable. Ofrezcamos “fe tecnológica”. Apps de protección, amuletos digitales, todo respaldado por datos.
La estrategia era meticulosa, calculada y completamente desprovista de moralidad. Las corporaciones no veían demonios como una amenaza existencial, sino como un mercado en expansión.
Mientras la noche avanzaba, más fisuras aparecieron. Pequeñas. Silenciosas. Pero las torres rivales ya estaban despiertas, planeando cómo usarlas para derribar el último bastión de influencia moral que se interponía en su camino hacia el dominio total: la Iglesia y su red global respaldada por el Vaticano.
El velo se debilitaba.
Y los lobos corporativos afilaban sus dientes.