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Dulce Amor

Dulce Amor

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance de oficina / Padre soltero
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: minxzy

un omega que es padre soltero, que se encuentra en una situación difícil ya que se quedo sin trabajo recientemente, se reencuentra con un excompañero de la escuela y le comenta que en la empresa que esta trabajando estan buscando personal que no descrimina a las personas por sus rasgos secundarios es ahi donde conocera a un alfa que le demuestrara lo que es el amor.

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una confianza que crece

Pasaron unos días más. Beom-seok ya llevaba el control de los registros diarios con tanta soltura que incluso Seong-jin comentaba que el trabajo del almacén fluía mucho mejor que antes. Kang-min seguía sus visitas habituales, manteniendo siempre la distancia profesional, pero cada vez había en sus miradas un matiz más suave, aunque difícil de notar para cualquiera que no estuviera atento.

Una tarde, de repente, el cielo se oscureció y empezó a llover con fuerza, golpeando los techos y las ventanas con ruido constante. El agua caía en gruesas cortinas, convirtiendo las calles en ríos en muy poco tiempo.

Cuando terminó la jornada, los demás empleados salieron corriendo con paraguas y abrigos, pero Beom-seok se detuvo en la puerta mirando hacia fuera. No llevaba paraguas, y su casa estaba lo suficientemente lejos como para llegar empapado y con riesgo de enfermar, algo que no podía permitirse con Seo-yun esperándolo.

Estaba esperando a ver si amainaba un poco cuando escuchó pasos a su espalda. Se giró y vio a Kang-min con su abrigo puesto y el maletín en la mano, listo para salir.

—¿Te quedas esperando? —preguntó el alfa sin rodeos, deteniéndose a su lado.

—Sí, no llevo paraguas —respondió Beom-seok con calma, sin mostrar incomodidad ni pedir ayuda—. Esperaré un rato, seguro que se calma en media hora.

Kang-min miró la intensidad de la lluvia, luego volvió la vista hacia él.

—No parará tan pronto. Te llevo en el coche. Queda de paso.

Lo dijo con su tono habitual, firme y sin dar espacio a negativas, pero sin sonar como si le hiciera un favor. Beom-seok lo miró unos segundos, evaluando la propuesta. Sabía que no tenía por qué aceptar, pero tampoco había motivo para rechazar algo que le resultaba práctico.

—De acuerdo —respondió con dignidad—. Gracias.

Caminaron juntos hacia la salida cubierta. Al cruzar la puerta para llegar al aparcamiento, el viento sopló con fuerza y levantó el borde del abrigo de Beom-seok. Sin pensarlo dos veces, Kang-min extendió una mano y lo sujetó con suavidad para que no se le abriera del todo. Fue un gesto rápido, natural, pero al tocar la tela, sus dedos rozaron el hombro de Beom-seok por un instante.

Ambos sintieron ese contacto breve, cálido y más cercano que cualquier cosa que hubiera pasado antes. Ninguno se detuvo, ninguno comentó nada, pero Beom-seok sintió cómo su respiración se hacía un poco más pausada, y Kang-min mantuvo la mano en el aire un segundo más de lo necesario antes de bajarla.

Entraron al coche y cerraron las puertas, quedando aislados del ruido y el frío de fuera. El interior estaba cálido y en silencio. Kang-min puso el motor en marcha y salió despacio hacia la calle.

—¿Todo bien en casa? —preguntó de pronto, sin apartar la vista de la carretera, pero con un tono más suave que en la oficina.

—Sí, todo en orden —respondió Beom-seok, mirando por la ventana—. Seo-yun estará esperando, pero con la vecina está tranquila.

—Es una niña muy educada —comentó Kang-min—. Se nota que la has criado con valores claros.

Beom-seok lo miró entonces, sorprendido de que hablara de ella.

—Gracias. Intento que aprenda a valerse por sí misma, igual que yo.

—Y lo estás logrando —respondió el alfa en voz baja.

El resto del camino transcurrió en silencio, pero no era un silencio incómodo. Cada vez que el coche daba una curva suave o frenaba despacio, sus brazos o rodillas se acercaban un poco, rozándose levemente sin querer, y cada vez esa pequeña cercanía hacía que el ambiente se sintiera más íntimo, sin necesidad de palabras.

Al llegar frente a su edificio, Kang-min detuvo el coche. Beom-seok se preparó para bajar, pero antes de abrir la puerta, se giró hacia él.

—Gracias por el viaje —dijo con sinceridad—. No se olvide que se lo devolveré con mi trabajo.

Kang-min esbozó una sonrisa casi imperceptible, algo que muy pocos habían visto.

—Lo sé. Solo cuídate y cuida a tu hija. Eso ya es suficiente.

Beom-seok asintió y bajó corriendo hasta la puerta. Antes de entrar, se giró un instante y vio que el coche seguía ahí, esperando hasta que él estuviera a salvo dentro. Solo entonces Kang-min siguió su camino.

Mientras subía las escaleras, Beom-seok no podía dejar de recordar el roce en el hombro, la cercanía en el coche y esa mirada que había sido tan distinta a la de siempre. Todavía no le ponía nombre a lo que sentía, pero sabía que algo había cambiado entre ellos, de forma lenta, discreta y segura.

Pasaron los días y la lluvia dio paso a un clima más templado, pero el trato entre Beom-seok y Kang-min ya no era exactamente el mismo. Seguían manteniendo las formas, el respeto y la distancia profesional, pero había en sus miradas, en sus gestos y en las palabras que se decían un matiz más cálido, casi imperceptible para cualquiera que no los conociera.

Beom-seok seguía al frente de sus tareas con la misma firmeza de siempre. Ahora se encargaba también de revisar los inventarios semanales, una labor que exigía más atención y responsabilidad, y que cumplía con tanta precisión que no había ni un solo error en sus registros.

Kang-min pasaba por el almacén casi todas las mañanas. Ya no solo revisaba cifras o mercancía; también se detenía unos minutos más, intercambiaba algunas frases breves y, de vez en cuando, surgían esos roces casuales que ninguno de los dos buscaba, pero que ninguno rechazaba.

Una mañana, mientras Beom-seok ordenaba unos archivos en la estantería más alta, se le cayó un cuaderno de las manos. Antes de que pudiera agacharse a recogerlo, Kang-min, que estaba justo a su lado, lo hizo primero. Al levantarlo, sus manos se encontraron sobre la tapa del cuaderno, quedando entrelazadas apenas un instante.

Fue un contacto breve, pero firme. Beom-seok sintió un calor que le subió por los dedos hasta el brazo, y por un segundo no apartó la mano de inmediato. Kang-min tampoco retiró la suya de golpe; simplemente sostuvo el cuaderno un momento más, mirándolo a los ojos con una expresión que ya no era solo la de un jefe, sino la de alguien que empieza a ver más allá de las apariencias.

—Aquí lo tienes —dijo el alfa con voz un poco más grave de lo habitual, entregándoselo despacio.

—Gracias —respondió Beom-seok, tomándolo con suavidad, manteniendo la mirada sin bajarla, aunque notaba que su respiración se había hecho un poco más lenta.

El resto de la mañana transcurrió con normalidad, pero ese pequeño gesto quedó en la mente de ambos como un recordatorio de que algo iba cambiando entre ellos, sin prisas ni presiones.

Al final de la jornada, cuando casi todos se habían ido, Beom-seok estaba guardando sus cosas cuando escuchó la voz de Kang-min a la entrada.

—Beom-seok, un momento.

Se giró con calma, limpiándose las manos en el trapo que llevaba en la cintura.

—Dígame, señor.

Kang-min se acercó con paso tranquilo, sin prisa.

—He revisado los inventarios de esta semana. Están impecables. Muchos empleados con más años aquí no logran ese nivel de orden.

—Solo hago lo que corresponde —respondió Beom-seok con su habitual dignidad—. Si cada cosa tiene su lugar, todo es más fácil.

—Y por eso —continuó el alfa—, a partir de la próxima semana te asignaré también la supervisión de las entradas de proveedores. Es más trabajo, más responsabilidad y el sueldo se ajustará según lo que corresponde a ese puesto. No es un favor, es un reconocimiento a lo que haces.

Beom-seok lo miró directamente, sin sorpresa exagerada, solo con la seguridad de quien sabe que se lo ha ganado.

—Lo acepto. Haré lo posible para no defraudar.

—Lo sé —respondió Kang-min, y por un instante su mano se acercó un poco más, como si quisiera tocarle el hombro, pero se detuvo a tiempo, limitándose a una mirada más profunda antes de añadir—: Que tengas buena noche. Saluda a Seo-yun de mi parte.

Beom-seok asintió, sintiendo una calma extraña en su interior.

—Así lo haré. Igualmente.

Cuando salió de la empresa y caminaba hacia su casa, pensó en esas palabras, en ese gesto casi interrumpido, en la forma en que lo miraba. Todavía no le ponía nombre a lo que sentía, pero sabía que ya no era solo respeto por su jefe; era algo más cercano, algo que le hacía sentir que, por primera vez en mucho tiempo, alguien veía su valor tal cual era.

Kang-min también se quedaba con esa sensación. Sabía que debía ir despacio, respetar el ritmo de Beom-seok y su orgullo, pero cada día le costaba más mantener esa distancia estricta. Lo que empezó como admiración por su trabajo, se había convertido en algo más profundo, que crecía con cada mirada y cada gesto sutil.

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Ofelia Juarez
no entiendo por qué la niña menciono al jefe de su papá acaso la lleva a su trabajo??
Jezyn: si por que la vecina tuvo que hacer una diligencia y no la podía llevar asi que la llevo a la empresa donde Beom-seok trabaja
total 1 replies
Jezyn
Es mi primera historia con mucho cariño para ustedes
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