En un reino donde las leyendas nunca mueren, una joven noble comienza a tener sueños con una vida que no recuerda y una tragedia que aún no ha ocurrido. Mientras la sombra de una antigua profecía vuelve a extenderse sobre el imperio, su destino se entrelaza con el del príncipe heredero, un hombre marcado para morir antes de reclamar el trono.
Cada recuerdo la acerca a una verdad capaz de cambiar el curso de la historia, pero también despierta a quienes han esperado siglos para impedir que el pasado se repita. En un mundo donde nadie es completamente inocente y cada decisión tiene un precio, proteger al príncipe podría significar condenarse a sí misma una vez más.
Porque algunas promesas sobreviven a la muerte... y hay destinos de los que ni siquiera una nueva vida puede escapar.
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Capitulo 21— Ecos del pasado
Nadie se movió.
Durante unos largos segundos permanecimos observando el lugar donde la niña había estado apenas un instante antes.
El bosque había recuperado su sonido, los pájaros cantaban otra vez, el agua del arroyo seguía corriendo con la misma tranquilidad de siempre, era como si nada hubiera ocurrido, como si todo hubiese sido un extraño sueño compartido, fui la primera en romper el silencio.
—¿Dónde está?
Miré detrás de los árboles, después alrededor de las rocas, incluso me acerqué unos pasos al lugar donde el viento había levantado las hojas, no había nadie.
Solo el pequeño pastelillo seguía sobre la hierba, completamente intacto, me agaché despacio para recogerlo, todavía estaba tibio, lo observé durante unos segundos antes de levantar la vista hacia mi padre.
—De verdad estuvo aquí...
Mi voz sonó mucho más bajita de lo que pretendía. Él caminó hasta donde yo estaba y se arrodilló a mi lado. Tomó el pastelillo entre sus manos, lo examinó cuidadosamente, después observó el suelo.
—Thomas.
El hombre se acercó inmediatamente.
—Mi señor.
—¿Ves alguna huella?
Thomas recorrió la zona con la mirada. Se agachó varias veces, apartó algunas hojas con la mano y revisó la tierra húmeda junto al arroyo. Finalmente negó lentamente.
—Ninguna.
Cassian frunció el ceño.
—Pero caminó hasta aquí.
—La vimos.
—Todos la vimos.
Los soldados comenzaron a murmurar entre ellos.
—Yo también la escuché.
—Y yo.
—No pudo desaparecer así.
Uno de los caballos volvió a relinchar con nerviosismo. Thomas acarició su cuello para tranquilizarlo. Mientras tanto, mi padre permanecía completamente inmóvil. Era la primera vez que lo veía realmente desconcertado. Alaric seguía observando el bosque. No había apartado la vista desde que la niña desapareció. Me acerqué despacio.
—¿La conocías?
No respondió, tiré suavemente de la manga de su túnica.
—Alaric...
El anciano parpadeó varias veces antes de bajar la vista hacia mí, su rostro parecía mucho más cansado que aquella misma mañana.
—Perdón, pequeña.
—¿Quién era?
Él guardó silencio, yo ya comenzaba a reconocer ese silencio. Era el mismo que utilizaban mi padre y Margaret cuando sabían algo que no querían contarme, inflé las mejillas.
—Otra vez...
Alaric sonrió apenas.
—¿Otra vez qué?
—Todos dicen que soy pequeña para entender.
Su sonrisa desapareció poco a poco, se agachó hasta quedar a mi altura.
—No.
Su voz sonó sorprendentemente firme.
—Jamás he pensado eso.
Lo miré fijamente.
—¿Entonces por qué nadie me explica nada?
Alaric respiró hondo, sus ojos buscaron durante un instante a mi padre, que hablaba con Thomas unos metros más allá, luego volvió a mirarme.
—Porque algunas respuestas llegan antes de que estemos preparados para soportarlas.
Fruncí el ceño.
—Eso tampoco lo entiendo.
Una pequeña risa escapó de sus labios.
—Lo sé.
—Hablas igual que mi padre.
—¿Eso es bueno?
—A veces.
Los dos sonreímos, eespués extendió una mano y acomodó con delicadeza el colgante de estrella que llevaba sobre el pecho, lo observó durante unos segundos.
—Prométame una cosa.
Asentí.
—No se quite nunca este colgante.
Lo miré sorprendida.
—¿Nunca?
—Nunca.
—¿Ni para bañarme?
Alaric soltó una carcajada, era la primera vez que lo escuchaba reír de verdad.
—Bueno... para bañarse sí.
Yo también empecé a reír.
—Me habías asustado.
Él volvió a ponerse serio.
—Pero cuando salga de viaje... o cuando esté lejos de casa...
Su voz bajó hasta convertirse en un susurro.
—Llévelo siempre con usted.
No entendía el motivo, pero asentí.
—Lo prometo.
No sabía por qué, sin embargo, sentí que aquella promesa era importante, muy importante.
Reanudamos el viaje poco después. El ambiente dentro del carruaje ya no era el mismo. Cassian había dejado de bromear. Mi padre permanecía en silencio mirando por la ventana. Incluso Alaric parecía perdido en sus propios pensamientos. Solo yo era incapaz de dejar de pensar en la niña. Apoyé la cabeza contra el cristal.
Los árboles comenzaron a desfilar nuevamente frente a nosotros, de pronto recordé algo.
—Padre.
Él levantó la vista.
—¿Sí?
—La niña dijo que conocía a mamá.
El silencio volvió a instalarse dentro del carruaje, mi padre tardó varios segundos en responder.
—La escuché.
—¿Crees que decía la verdad?
Vi cómo sus dedos se cerraban lentamente sobre los documentos que llevaba en las manos, después los dejó a un lado.
—No lo sé.
Era una respuesta sincera y precisamente por eso me preocupó. Porque si mi padre, que parecía tener respuesta para todo, no sabía qué pensar... Entonces aquello debía ser mucho más extraño de lo que imaginaba. Cassian también rompió el silencio.
—A mí me dio pena.
Lo miré.
—¿Por qué?
—Porque estaba llorando.
Asentí despacio, yo también lo había notado, no parecía una niña mala, ñarecía una niña muy sola.
—¿Crees que volveremos a verla?
Pregunté, nadie respondió, pero, mientras esperaba una respuesta, sentí un leve cosquilleo en el bolsillo donde guardaba la llave.
Era apenas un pequeño latido, como si quisiera responder por todos y, por primera vez desde que salimos de la residencia Valmont... Tuve la extraña sensación de que aquel viaje no nos estaba llevando simplemente al Palacio Imperial. Sino hacia algo... Que nos había estado esperando desde mucho antes de que yo naciera.