Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 20: La voz de la verdadera Ester
La noche era extrañamente silenciosa.
En el Reino Dragón, Emilia no lograba dormir.
La imagen que había visto a través del vínculo seguía presente en su mente.
Había visto su verdadero rostro reflejado en los ojos de Derek.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo, sintió que alguien conocía a la verdadera Emilia Velázquez.
No a la villana.
No al príncipe.
Solo a ella.
Se levantó de la cama y caminó hasta el balcón.
El cielo estaba cubierto de estrellas.
Una suave brisa movía los árboles plateados del jardín.
Sin darse cuenta, llevó una mano a la marca que había aparecido sobre su muñeca.
El símbolo del dragón rodeado por sombras comenzó a brillar.
Entonces sintió un fuerte dolor de cabeza.
Cerró los ojos.
Y una voz desconocida habló.
—Ese no es tu lugar.
Emilia abrió los ojos sobresaltada.
Miró a su alrededor.
No había nadie.
La voz volvió a escucharse.
Más triste.
Más cercana.
—Ese cuerpo... era mío.
El corazón de Emilia comenzó a acelerarse.
—¿Quién eres?
Un silencio profundo llenó la habitación.
Después, una joven apareció frente a ella.
No era un cuerpo real.
Era una figura transparente.
Cabello negro.
Ojos rojos.
Hermosa.
Pero sus ojos estaban llenos de soledad.
Emilia dio un paso atrás.
—¿Eres... Ester?
La joven asintió lentamente.
Muy lejos de allí, Derek también despertó sobresaltado.
El vínculo había reaccionado.
Podía sentir el miedo de Emilia.
Y una tristeza que no le pertenecía.
Apoyó una mano sobre su pecho.
—¿Emilia?
No obtuvo respuesta.
Entonces la marca de su muñeca brilló.
Y una voz femenina llegó hasta él.
—Cuídala.
El joven abrió mucho los ojos.
—¿Quién eres?
—Alguien que perdió todo.
La voz desapareció.
Pero Derek comprendió una cosa.
La verdadera Ester seguía viva.
En la habitación del príncipe dragón.
Emilia y el espíritu de Ester permanecían frente a frente.
La joven noble llevaba un vestido negro antiguo adornado con pequeños bordados rojos.
Su belleza era impresionante.
Pero había una profunda tristeza en su mirada.
Emilia bajó la cabeza.
—Lo siento.
Nunca quise ocupar tu lugar.
Ester la observó en silencio.
—Lo sé.
—Si existiera una forma de devolverte tu vida...
Lo haría.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del espíritu.
—Eres diferente a mí.
—¿Por qué dices eso?
—Porque yo habría odiado a quien me arrebatara todo.
Emilia sintió un nudo en la garganta.
—No te arrebaté nada.
Yo también perdí mi mundo.
Ester cerró los ojos.
Y por primera vez alguien comprendió su dolor.
—Desde pequeña me enseñaron que solo valía por mi apellido.
Mi padre amaba el poder.
Mi madre amaba las apariencias.
Nadie me preguntó qué quería.
Emilia permaneció en silencio.
—No deseaba casarme con Eduardo.
No deseaba convertirme en una herramienta política.
Solo quería ser libre.
Una lágrima recorrió la mejilla del espíritu.
—Pero nunca tuve el valor para luchar.
Emilia sintió que aquellas palabras se clavaban en su corazón.
Porque ella también había pasado gran parte de su vida teniendo miedo.
—Entonces lucharemos juntas.
Dijo finalmente.
Ester levantó la mirada.
—¿Juntas?
—No pienso reemplazarte.
Quiero salvarte.
El espíritu permaneció inmóvil.
Como si jamás hubiera esperado escuchar esas palabras.
A la mañana siguiente.
En el Reino de Edredón.
La reina Elena convocó una reunión secreta.
En el salón solo estaban presentes Frederick, Adolfo y Emma.
La reina extendió un antiguo pergamino sobre la mesa.
En él aparecía el símbolo que compartían Emilia y Derek.
—Ha vuelto a aparecer.
Dijo con seriedad.
Frederick observó el dibujo.
—Pensé que esa leyenda había desaparecido.
Adolfo frunció el ceño.
—¿Qué significa?
La reina respiró profundamente.
—Hace siglos existieron dos almas destinadas.
Un heredero del dragón negro azul.
Y una portadora de la oscuridad.
Emma sonrió con desprecio.
—Entonces debemos destruirlos.
Elena guardó silencio.
Después respondió.
—Si la profecía es verdadera...
Puede que ya sea demasiado tarde.
Nadie notó que, detrás de la enorme puerta del salón, Eduardo había escuchado parte de la conversación.
Y el nombre que más llamó su atención fue uno.
Ester.
En el Reino Dragón, Morgana decidió acompañar a Emilia a los jardines reales.
El lugar estaba cubierto de flores azules.
Pequeños estanques reflejaban el cielo.
Y enormes árboles antiguos protegían los senderos.
—Derek.
Dijo la reina.
—Hay algo que quiero mostrarte.
La condujo hasta una estatua muy antigua.
Representaba a un enorme dragón.
A sus pies había una figura humana.
Una mujer.
Emilia sintió un extraño escalofrío.
—¿Quiénes son?
Morgana acarició la piedra.
—Nuestros antepasados.
La leyenda dice que un dragón entregó su corazón para salvar a la mujer que amaba.
Emilia recordó a Lyra.
Y la antigua visión.
—¿Qué ocurrió después?
La reina sonrió con tristeza.
—Nadie lo sabe.
La última parte de la historia desapareció.
Sin embargo, mientras observaban la estatua, una pequeña grieta apareció sobre la piedra.
Y una joya azul cayó al suelo.
Morgana abrió mucho los ojos.
—Es imposible.
Emilia tomó la joya.
En cuanto la tocó, una imagen apareció ante ella.
Vio a un hombre escribiendo un libro.
Sus manos se movían rápidamente.
Sobre la portada podía leerse un nombre.
"Debajo de tu sombra".
Antes de poder ver su rostro, la visión terminó.
Aquella noche, Emilia habló con Derek a través del vínculo.
Le contó todo.
El encuentro con Ester.
La estatua.
La visión del libro.
Derek permaneció en silencio.
—Cada vez aparecen más preguntas.
—Y menos respuestas.
Respondió Emilia.
Hubo un pequeño silencio.
Luego Derek habló con una voz tranquila.
—Quiero decirte algo.
—¿Qué sucede?
—Cuando vi tu verdadero rostro...
Sentí que ya te conocía.
Emilia sintió que sus mejillas se calentaban.
—Eso es imposible.
—Tal vez.
Pero mi corazón me dice otra cosa.
Ella no supo qué responder.
Miró la luna.
Y recordó las palabras de Lyra.
"Las almas destinadas jamás caminarán solas."
—Derek.
—Sí.
—Prométeme que pase lo que pase no dejarás que las sombras nos separen.
El joven sonrió.
Aunque ella no pudiera verlo.
—Te lo prometo.
Y si algún día recuperamos nuestros cuerpos...
Quiero conocerte como realmente eres.
Emilia cerró los ojos.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
—Yo también.
En una antigua torre olvidada, el hombre de la máscara negra contemplaba un enorme reloj de arena.
La arena negra comenzaba a caer.
A su lado apareció una figura encapuchada.
—¿Despertó la verdadera Ester?
Preguntó.
El hombre asintió.
—Sí.
Y pronto recordará la verdad.
—¿Qué ocurrirá cuando descubra quién escribió la novela?
Una sonrisa apareció bajo la máscara.
—Entonces comprenderá que Emilia Velázquez nunca fue elegida al azar.
Porque mucho antes de nacer...
Alguien ya había escrito su destino.
Y en un rincón oscuro de la habitación, un viejo libro se abrió solo.
Sus páginas comenzaron a pasar rápidamente.
Hasta detenerse en una hoja completamente en blanco.
Poco a poco, unas palabras aparecieron escritas por una mano invisible.