En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Mohys
El viaje terminó al caer la mañana siguiente.
Lila descendió del barco abrazando con fuerza su pequeño bolso de tela.
El pueblo era mucho más grande que el anterior.
Las calles estaban llenas de comerciantes, carruajes y viajeros que iban y venían sin detenerse demasiado. Había puestos de frutas, pan recién horneado, telas de todos los colores y artesanos que exhibían pequeñas figuras talladas en madera.
Sus ojos brillaban de curiosidad.
Todo era nuevo.
Todo era diferente.
[Qué bonito...]
[Es mucho más grande de lo que imaginaba.]
Pero el sonido de su estómago la devolvió rápidamente a la realidad.
Tenía hambre.
Sacó una de las pequeñas bolsas de monedas y contó unas pocas.
[No debo gastar demasiado.]
[No sé cuánto tiempo tendré que vivir con este dinero.]
Comenzó a caminar buscando algún puesto donde pudiera comprar un trozo de pan o algo caliente.
Fue entonces cuando alguien habló a su espalda.
—Pequeña.
Ella se detuvo de inmediato.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Dio un paso hacia un lado, manteniendo la distancia.
Al girarse encontró a un anciano observándola con una expresión serena.
Vestía una larga túnica de color celeste.
Los bordes estaban bordados con delicadas figuras plateadas que parecían formar constelaciones y antiguos símbolos que ella no reconocía.
Su larga barba blanca llegaba hasta el pecho y apoyaba ambas manos sobre un bastón de madera clara.
El anciano sonrió con amabilidad.
—¿Con quién estás viajando?
Lila no respondió.
Lo observó con atención.
[¿Por qué me pregunta eso?]
[¿Será un estafador?]
[¿O alguien que secuestra niños?]
Sujetó con más fuerza el bolso contra su pecho.
—Estoy bien.
Respondió con educación, pero sin acercarse.
El anciano dejó escapar una pequeña risa.
No parecía ofendido por la desconfianza.
Al contrario.
—Es bueno que seas precavida.
Eso solo hizo que Lila desconfiara aún más.
[¿Cómo puede decir algo tan tranquilo?]
El hombre levantó lentamente una mano para demostrar que no tenía malas intenciones.
—No debes tener miedo. Soy un mago del templo.
Lila continuó inmóvil.
No bajó la guardia.
El anciano pareció comprender perfectamente aquella reacción.
—Y además... Tú tienes una marca de alma.
El tiempo pareció detenerse.
Lila parpadeó.
[¿Una... qué?]
Su expresión cambió apenas un instante.
El anciano sonrió con satisfacción.
—Veo que no conocías ese término.
Ella permaneció en silencio.
—Las marcas de alma son muy poco comunes.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Aparecen en personas que conservan recuerdos de otra vida.
Lila sintió que el corazón dejaba de latir durante un segundo.
—Recuerdos... De otro mundo.
El anciano la observó directamente a los ojos.
—Creo que tú sientes que has reencarnado, pero tu alma solo ha reencarnado una vida anterior.
La pequeña abrió ligeramente la boca.
Por primera vez desde que había llegado a ese mundo...
Alguien acababa de decir exactamente lo que ella era.
[No puede ser...]
[¿Cómo lo sabe?]
[¿Existen más personas como yo?]
La sorpresa fue tan grande que olvidó ocultar su expresión.
El anciano soltó una suave carcajada.
—No te preocupes. No eres la primera persona con una marca de alma que conozco.
Lila lo miró fijamente.
Buscando alguna señal de mentira.
Pero solo encontró tranquilidad en sus ojos.
—Además...
El anciano inclinó ligeramente la cabeza.
—Puedo sentir magia dentro de ti.
Ella parpadeó.
—¿Magia?
—Sí.
Aunque aún duerme.
Su voz era completamente segura.
—Por eso me gustaría pedirte que fueras conmigo al templo.
Lila volvió a desconfiar de inmediato.
[¿Y si todo esto es una mentira?]
[¿Y si solo quiere llevarme a otro lugar?]
[Ya no soy una adulta.]
[Ahora soy una niña.]
[No puedo confiar tan fácilmente.]
El anciano pareció adivinar exactamente lo que estaba pensando.
—No tienes que decidir ahora mismo. Puedes seguirme manteniendo toda la distancia que desees. Si en cualquier momento deseas marcharte... Eres libre de hacerlo.
Aquellas palabras le dieron un poco de tranquilidad.
No porque confiara en él.
Sino porque nadie que quisiera obligarla a hacer algo le daría la opción de marcharse.
Después de pensarlo unos segundos...
Asintió.
—Iré.
El anciano sonrió.
—Excelente.
Comenzó a caminar.
Lila lo siguió varios metros detrás.
Siempre atenta.
Siempre preparada para correr si ocurría algo extraño.
El anciano nunca intentó acercarse.
Ni siquiera volvió la cabeza para comprobar si seguía allí.
Simplemente caminaba con tranquilidad por las calles.
Eso hizo que, poco a poco, la tensión en los hombros de Lila disminuyera.
Tras varios minutos llegaron a un enorme edificio construido con piedra blanca.
Altas columnas sostenían la entrada principal.
Los vitrales reflejaban la luz del sol formando destellos de colores sobre el suelo.
El símbolo de un círculo rodeado por siete estrellas estaba tallado sobre las puertas.
Lila levantó la vista lentamente.
[Es enorme...]
Cuando atravesó la entrada quedó completamente sorprendida.
El interior estaba lleno de personas.
Había largas filas esperando atención.
Algunos sostenían un brazo vendado.
Otros parecían agotados.
Una mujer llevaba a un niño dormido entre los brazos mientras esperaba pacientemente su turno.
Y por todo el lugar caminaban hombres y mujeres vistiendo túnicas similares a la del anciano.
Algunas eran celestes.
Otras blancas.
Otras tenían bordados dorados.
Cada uno parecía ocupado atendiendo a alguien.
En una esquina, una joven apoyó sus manos sobre el hombro de un anciano enfermo.
Un suave resplandor verde envolvió la herida de inmediato.
En otra sala, dos magos trabajaban juntos para sanar la pierna fracturada de un muchacho.
Lila observaba todo con los ojos muy abiertos.
[¿La magia...]
[¿Se usa para ayudar a las personas?]
Había imaginado castillos, nobles y hechizos.
Pero nunca un lugar donde la magia sirviera para aliviar el dolor.
Sin darse cuenta, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Aquello le recordaba, de alguna manera, al hospital de su vida anterior.
Solo que allí no había máquinas.
Sino magia.
El anciano se volvió finalmente hacia ella.
—Bienvenida al Templo.
Hizo una pequeña reverencia.
—Mi nombre es Mohys.
Lila inclinó ligeramente la cabeza por educación.
—Mucho gusto...
Mohys sonrió.
—Hay alguien que quiero que conozcas.
Comenzó a caminar por uno de los largos pasillos.
—La gran maga Roun. Ella será quien pueda explicarte qué es realmente una marca de alma... Y también por qué puedo sentir que dentro de ti duerme una magia muy especial.