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Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.8k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15: El lago que se llevó a su padre

Mateo no volvió a acercarse durante dos días.

Eso, extrañamente, hizo que Aitana pensara más en él.

No de la forma en que pensaba en Leandro. Con Leandro todo era presencia: su mano en la espalda, el calor del vínculo, la seguridad de verlo junto a la puerta cuando alguien desconocido llegaba. Mateo era una pregunta distinta. Una ausencia cuidadosa. Un joven que había puesto su intención sobre la mesa y luego se había retirado para no convertirla en presión.

Leandro notaba cuando ella lo buscaba con la mirada.

No decía nada.

Eso lo hacía peor.

La tercera tarde, Abuela Remedios envió a Aitana al arroyo por hojas de hierba amarga. Dijo que necesitaba aprender a distinguirlas frescas, no solo secas. Leandro quiso acompañarla, pero Don Romualdo lo llamó para una reunión con los líderes visitantes que aún no se marchaban.

—Ve con Paloma —dijo él.

—Paloma está con Renato revisando los registros de los tratantes.

—Entonces espera.

Aitana cruzó los brazos.

—No puedo aprender medicina solo cuando todos estén cómodos con mi horario.

Leandro no sonrió.

—No es comodidad.

Ella suavizó la voz.

—Estaré cerca. Abuela Remedios mandó a Mateo a enseñarme la planta.

Ese dato no ayudó.

La marca del cuello se calentó.

Durante un segundo, Aitana creyó que Leandro iba a prohibírselo.

No porque tuviera derecho, sino porque ese mundo le había enseñado a los machos a confundir cuidado con orden. Ella lo vio pelear con el impulso. Lo vio cerrar los dedos, abrirlos otra vez, respirar por la nariz hasta que la tensión de su mandíbula bajó un poco.

Esa pequeña lucha le importó más de lo que quería admitir.

—Leandro.

Él cerró los ojos un instante.

—Lo sé. No soy tu dueño.

—No.

—Pero soy tu primer guardián.

—Y yo voy a volver antes de que caiga el sol.

Leandro le tomó la mano y besó la línea del vínculo en la muñeca.

—Si sientes algo raro, me llamas.

—Te llamaré.

Él todavía no se apartó.

—No estoy intentando encerrarte.

—Lo sé.

—Estoy intentando aprender la diferencia.

Aitana apretó su mano.

—Entonces estamos aprendiendo los dos.

El arroyo estaba más tranquilo que la manada. Mateo la esperaba junto a unas piedras cubiertas de musgo, con una canasta y un cuchillo pequeño para cortar raíces. Al verla, se puso de pie tan rápido que casi dejó caer todo.

—Aitana.

—Mateo.

La forma en que se dijeron los nombres hizo que ambos miraran a otro lado.

Él se aclaró la garganta.

—La hierba amarga crece cerca del agua, pero no dentro. Si la raíz está demasiado blanda, no sirve para fiebre. Sirve para dolor de estómago, pero en poca cantidad.

—¿Y si se usa mucha?

—Vómitos.

—Entonces no la confundamos.

Mateo sonrió.

Trabajaron un rato en silencio. Aitana agradeció que él no intentara retomar lo que había dicho en el patio. Le enseñó a tocar las hojas, a oler el tallo, a mirar el color de la raíz antes de cortarla. Sus manos eran cuidadosas. No temblaban cuando hablaba de plantas.

—Eres bueno en esto —dijo ella.

Mateo bajó la mirada.

—Mi madre es curandera.

—Doña Felina.

—Sí.

La respuesta fue demasiado corta.

Aitana esperó.

Mateo arrancó una hoja seca y la deshizo entre los dedos.

—No crecí con ella.

—¿No?

—Tenía muchos vínculos. Muchos hijos. Muchas responsabilidades. Yo era... fácil de dejar esperando.

Aitana sintió una punzada.

—Lo siento.

—No fue lo peor.

La voz de Mateo cambió. Se volvió más baja.

—Mi padre era del Clan Lince, pero no tenía rango. Pescaba en el lago grande. Me llevaba con él cuando yo era pequeño. Decía que el agua no juzgaba si tus garras eran fuertes o no.

Aitana dejó la raíz en la canasta.

Mateo miró hacia el arroyo, pero sus ojos estaban en otro lugar.

—Una temporada llovió demasiado. El lago subió. Mi madre estaba atendiendo un parto. Mi padre fue a revisar las redes. Yo quise seguirlo. Me dijo que esperara.

Tragó saliva.

—No esperé.

Aitana no se movió.

—Lo vi caer. El barro se rompió bajo sus pies. Grité, pero la lluvia era demasiado fuerte. Cuando los demás llegaron, ya no pudieron encontrarlo.

El arroyo siguió sonando, cruelmente tranquilo.

—Mateo...

—Durante años pensé que si me hubiera quedado quieto, él no habría girado para buscarme. Que tal vez no habría pisado esa orilla.

—Eras un niño.

—Eso dicen.

—Eso es verdad.

Él la miró entonces. Tenía los ojos húmedos, pero no lloraba.

—A veces la verdad no alcanza para quitar la culpa.

Aitana conocía esa sensación. Culpa por vivir bajo un techo que no era hogar. Culpa por comer. Culpa por necesitar ayuda. Culpa por no ser lo que otros esperaban.

Se acercó un poco.

—Mi tío me decía que mis padres habrían sufrido menos si yo hubiera nacido fuerte.

Mateo abrió los ojos.

—Eso es cruel.

—Sí.

—Y mentira.

Aitana sonrió apenas.

—Eso también dicen.

Mateo entendió. La miró de una forma que no intentaba conquistarla. Solo acompañarla en un lugar feo.

El aire entre ellos cambió, pero no se volvió peligroso. Se volvió honesto. Aitana descubrió que podía estar cerca de Mateo sin que eso borrara a Leandro, y esa idea la asustó de una manera distinta. No por deseo todavía. Por posibilidad.

En su vida anterior, posibilidad era una palabra que otros cerraban antes de que ella la tocara.

Allí, bajo los árboles, con las manos manchadas de tierra medicinal, Aitana sintió por primera vez que su futuro podía tener más de una puerta. No todas tenían que abrirse ese día. Pero saber que existían ya alteraba el cuarto entero de su corazón.

—Entonces te lo diré hasta que alcance —dijo.

El vínculo en la muñeca de Aitana palpitó, no con alarma, sino como si Leandro sintiera la intensidad de la conversación desde lejos. Ella respiró despacio para no preocuparlo.

—Gracias por contarme —dijo a Mateo.

—No sé por qué lo hice.

—Quizá porque el agua sí escucha.

Mateo soltó una risa pequeña, triste.

Aitana se inclinó para recoger la canasta. El movimiento le revolvió el estómago.

Se quedó quieta.

—¿Aitana?

—Estoy bien.

La náusea subió de golpe.

Esta vez no pudo sostener la mentira. Se llevó una mano a la boca, se apartó de Mateo y corrió hasta unos arbustos.

El vómito la dobló en dos.

Mateo llegó a su lado sin tocarla.

—Aitana, respira. ¿Comiste algo raro?

Ella negó, con los ojos llorosos.

Otra arcada la sacudió.

Mateo revisó la canasta con rapidez, separó las raíces cortadas y olió sus dedos para confirmar que no hubiera savia amarga en su piel.

—No hay veneno —dijo, más para sí mismo que para ella—. No hay manchas en la lengua, no hay sudor frío...

—Qué tranquilizador —logró murmurar Aitana, antes de volver a inclinarse.

Mateo se quitó el pañuelo del cuello y lo mojó en el arroyo. Lo dejó sobre una piedra junto a ella, no en su mano.

—Para la cara. Cuando puedas.

Ese cuidado a distancia, tan exacto, la conmovió incluso en medio de la náusea.

La marca del cuello ardió con fuerza.

Leandro.

Lo sintió antes de verlo: el tirón del vínculo, la alarma cruzando la distancia, una presencia acercándose demasiado rápido.

Mateo levantó la cabeza.

—Viene.

Aitana intentó hablar, pero el estómago volvió a cerrársele.

Y entre el sonido del arroyo y sus propias arcadas, escuchó el rugido bajo de Leandro llamándola por su nombre.

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Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
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