Sin spoyler
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CONSECUENSIAS
La fiesta terminó cerca de la medianoche.
Los últimos invitados abandonaban el salón mientras el personal comenzaba a recoger las mesas y la decoración.
Sofía se despidió de sus compañeros y salió del edificio sin imaginar que, en el último piso, las luces seguían encendidas.
En la oficina del presidente reinaba un silencio absoluto.
Frente al enorme escritorio estaban Adrián, su padre y el jefe de seguridad.
—¿Qué encontraron? —preguntó el presidente.
El jefe de seguridad dejó una carpeta sobre la mesa.
—Revisamos las cámaras. La señorita manipuló la copa unos minutos antes de acercarse al joven Adrián. Además, encontramos un pequeño sobre con un polvo blanco entre sus pertenencias.
Adrián permaneció serio.
No parecía sorprendido.
Solo confirmó lo que ya había sospechado.
—¿La interrogaron?
—Sí, señor.
—¿Qué dijo?
El hombre respiró profundamente.
—Primero lo negó todo. Después admitió que alguien le ofreció una gran cantidad de dinero para hacerlo, pero se negó a decir quién fue.
El presidente apoyó las manos sobre el escritorio.
Su expresión se endureció.
—Esto ya no es una simple falta a las normas de la empresa.
El jefe de seguridad asintió.
—No, señor.
Hubo unos segundos de silencio.
Finalmente, el presidente habló con firmeza.
—Despidan a esa empleada de inmediato y entreguen toda la información a las autoridades para que investiguen lo ocurrido.
—Entendido.
Adrián estuvo de acuerdo.
No sentía deseos de vengarse.
Solo quería saber quién estaba detrás de aquello y evitar que volviera a suceder.
...
Mientras tanto, en el estacionamiento subterráneo de la empresa, la joven caminaba apresuradamente.
Miraba una y otra vez sobre su hombro.
Tenía las manos temblorosas.
Sacó su teléfono.
—Contesta... por favor...
Nadie respondió.
Volvió a marcar.
Nada.
—¿Por qué no contestas?
Guardó el celular con desesperación.
En ese momento, una camioneta negra se detuvo a pocos metros de ella.
La joven retrocedió.
La puerta lateral se abrió lentamente.
No alcanzó a distinguir quién iba dentro.
Su rostro perdió el color.
—No...
Dio media vuelta y echó a correr.
La oscuridad del estacionamiento ocultó lo que ocurrió después.
...
A la mañana siguiente...
La noticia sorprendió a todos en Corporación Vértice.
La empleada que había asistido a la fiesta no se había presentado a trabajar.
Los rumores comenzaron a extenderse rápidamente.
—Dicen que renunció.
—No, escuché que la despidieron.
—¿Qué habrá pasado?
Sofía escuchaba las conversaciones sin prestarles demasiada atención.
Después de todo, apenas conocía a aquella mujer.
...
En la oficina del presidente, el ambiente era muy distinto.
El jefe de seguridad acababa de recibir una llamada.
Su expresión cambió por completo.
—Señor...
El presidente levantó la vista.
—¿Qué sucede?
—Encontraron a la exempleada sin vida en las afueras de la ciudad.
La habitación quedó en silencio.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué?
—La policía abrió una investigación. Aún no se sabe quién es responsable.
El presidente cerró lentamente la carpeta que tenía frente a él.
—Entonces alguien quiso asegurarse de que no hablara.
Nadie respondió.
Era una posibilidad inquietante.
Adrián recordó las palabras del jefe de seguridad.
"Alguien le pagó."
Si esa persona había llegado tan lejos para silenciarla...
Significaba que el verdadero responsable seguía libre.
Y que probablemente era mucho más peligroso de lo que habían imaginado.
Adrián miró por la ventana de su oficina.
Por primera vez en mucho tiempo sintió que aquello iba más allá de un simple intento de perjudicarlo.
Alguien estaba moviendo piezas desde las sombras.
Y apenas acababa de empezar.