Rúbia y Alexia Pesto son gemelas criadas bajo las estrictas reglas de la mafia búlgara, dirigida por su padre, Solano Pesto. Mientras Rúbia sigue fielmente las normas, Alexia desafía el mundo que la rodea, escapando de las convenciones y casándose con Gregor Voltrim, un poderoso capo de la mafia.
Tres años después, el matrimonio entre Alexia y Gregor es solo de fachada. Alexia mantiene una vida secreta y peligrosa, escondiendo secretos que podrían costarle la vida. Rúbia, ahora obligada a permanecer en la mansión, se ve rodeada de secretos, intrigas y tensiones entre su hermana, su cuñado y la familia.
Entre lujos, conspiraciones y una rutina marcada por el miedo y la vigilancia, Rúbia descubre que el destino de Alexia podría estar sellado. Entre lealtad, secretos y traiciones, tendrá que decidir hasta dónde puede proteger a su hermana antes de que sea demasiado tarde.
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Capítulo 20
Algunos días después.....
Compré todo lo que necesitamos para acampar con la ayuda de Rubia, ella entendía más que yo, y la dejé en casa, y fui a trabajar con Paulo, por la noche regresé a casa.
Encontré a mi esposa sentada en la escalera y con una copa de vino en la mano. Me quité el saco y me senté a su lado, y tomé la copa y bebí un poco.
Gregor- ¿Por qué estás bebiendo?
Rubia- Maura acaba de salir de aquí, con las esposas de la mafia.
Gregor- Y...
Rubia- Unas creen que tomé el lugar de Alexia, por ser copia de mi hermana.
Gregor- Yo no creo eso, tú eres mucho mejor que ella, y fuiste la elección correcta para mí.
Creo que hablé de más, ella me mira, casi cerrando los ojos.
Gregor- Creo que lo hiciste bien en la cena, eso quise decir.
Rubia -Ajá, qué bueno.
Rubia me miró una vez más.
Rubia- Sí, salí bien, las puse en su lugar, y mostré que soy la verdadera dueña Voltrim, muchas gracias, marido.
Gregor- Humm, entonces lo hiciste perfectamente, esposa, de nada, a tu disposición.
Rubia- Ellas me odian, Gregor, estoy siendo irónica.
Gregor- No necesitas la aprobación de ellas, Rubia, y no hiciste más que tu obligación como una Voltrim, por eso no esperes agradecimiento de ellas, hiciste exactamente como una esposa de mafioso debe actuar.
Rubia- En serio, quería ser amiga de ellas.
Gregor- Después te aceptan.
Rubia- Pero puse a una persona para afuera.
Gregor- ¿A quién?
Rubia- A Olivia, vino a afrontarme, y la puse para afuera.
Gregor- Hiciste muy bien entonces.
Rubia- Las mujeres te llenaron de elogios, quiero saber por qué, señor Gregor.
Listo, ahí viene ella.
Gregor- Tenía fama de mujeriego, cuando estaba casado con Alexia.
Rubia dio un buen trago a la copa de vino mirándome.
Gregor- Estoy cambiando mucho.
Rubia- Ajá, ya sé.
Gregor- Parece que te pasaste de la cuenta por hoy, ¿no crees? Es mejor parar, Rubia.
Rubia- Creo que sí, este vino aquí, nuestra... es.
Rubia se carcajeó.
Rubia- Es tan dulce, Gregor, y muy, muy sabroso, igual a ti.
Gregor- Basta de bebidas, Rubia, hora de dormir.
Rubia- No estoy borracha, y no tengo sueño.
Gregor- Si no te vas, te cargo a la fuerza y aún te lanzo dentro de una ducha con agua helada.
Amenacé a Rubia y ella sonrió.
Rubia- No puedes hacer eso, marido.
Gregor- Puedo sí, soy tu marido.
Rubia- Me vas a poner a dormir e ir, para Olivia.
Negué con la cabeza.
Gregor- No, no voy, quiero quedarme contigo, siempre.
Me tragué la voluntad de decir que la amo tanto, aún que me sacara de quicio. Lidiar con una Rubia callada era extraño para carajo, ahora la que hablaba mucho y rebatía, me desorientaba, y ella estaba un poco alterada.
Gregor- Pero vamos a dormir. Ahora no es hora para que conversemos sobre eso, es tarde y necesitas descansar.
Rubia- ¿Vas a salir de nuevo?
Rubia hizo un mohín con los labios, dejando la copa de lado. Su pregunta me sorprendió, realmente casi todas las noches salía para divertirme y relajarme con una puta, pero no con ella, desde que nos casamos estoy esperando por ella, y quiero esperar, quiero conquistar a Rubia.
Gregor- Eres una cosita fastidiosa, ¿sabías?
Me levanté y extendí una mano.
Gregor- Ven, voy a llevarte para nuestro cuarto.
Ella agarra y se levanta y fuimos de manos dadas para el cuarto, ella se sienta y me jala con ella. Caí encima de ella, nuestros labios casi cerca uno del otro.
Rubia- ¿Por qué salías tanto?
Gregor- Porque iba atrás de algo que no tenía en casa, cuando estaba casado con Alexia.
No vi por qué mentir, conté luego aprovechándome que estaba borracha, y estaba casi besando esa boca carnuda de ella.
Gregor- ¿Satisfecha?
Rubia- Soy tu esposa y no puedes traicionarme, estás oyendo.
Rubia me dio un puñetazo leve en el pectoral. Y me empujó, y se levantó.
Rubia- ¿En serio creíste que estaba borracha? Sólo tomé media botella, oíste lo que dije, ¿no?
Gregor- ¿Quieres decir que ahora vas a ser mi esposa de verdad?
Rubia- ¿Y si yo quiero, hum, y si yo quiero ser tu mujer de verdad?
Rubia miró dentro de mis ojos, casi tocando su boca en la mía.
Gregor- No sabes lo que dices y te vas a arrepentir por eso mañana.
Rubia- Veremos, eso mañana, Gregor, creo bueno, entrar en la línea, o mando enterrarte vivo, con la cabeza para afuera.
Me carcajeé con las amenazas de ella, y decidí agarrarla en el colo y llevarla para el baño para cepillar nuestros dientes.
Rubia- Ah, ponme en el suelo, Gregor, te odio, voy a mandar cortar tu mano.
Gregor- Todo bien, eso no me importa, aún voy a golpear tu trasero, así.
Doy una palmada en su trasero y ella da un grito.
Rubia- Ay, Gregor, eso dolió, mi trasero va a quedar rojo.
Su comentario encendió las groserías que tengo en mi mente, para poner en práctica, así que ella sea mía de vez.
Gregor- Te gustó, que sé yo.
Doy otra y la pongo en el suelo del baño.
Rubia- Tu mano es pesada.
Ella pasa la mano en el trasero, y yo le entrego el cepillo de ella.
Gregor- ¿Quieres en serio ser mi esposa, de verdad?
Su rostro se ruboriza.
Rubia- Creo que sí, ya estamos casados, y yo gusto sólo un poquito de ti.
Rubia cerró los ojos, para no mirarme.
Gregor- ¿Sólo un poquito?
Ella no responde, lava la boca y va para el closet a cambiarse, y yo hago lo mismo, pero me acuesto a su lado sólo en calzoncillos, después del ritual de ella, y luego adormeció encostada con el rostro en mi pectoral, a ella le estaba gustando dormir así, y yo amaba eso.
En un movimiento, su cabello golpeó en mi rostro, quité y olí ellos. Ella me abraza más fuerte y yo también, cómo amo a esta pequeña, y ella no tenía noción de lo tanto que me encantaba, y no necesitaba hacer nada para encantarme.
Gregor- Ha, Rubia, si supieras que te amo, creo que saldrías corriendo.
Adormecí abrazado a ella.