A veces el amor no es un cuento de hadas, sino una promesa de sangre y espinas que el tiempo no pudo marchitar.
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Capítulo 11
Él despertó de un salto, su instinto de supervivencia disparándose antes que su conciencia. Sus manos se cerraron en puños y sus ojos buscaron una amenaza antes de enfocarse en ella. Al reconocerla, su cuerpo se relajó con un suspiro que sonó como un quejido.
—Zhi Zhi... ¿qué haces aquí tan temprano? —su voz era apenas un hilo de aire, cargada de una fatiga que le rompió el alma a la chica.
—¿Qué te estás haciendo, JiNian? —ella tomó una de sus manos vendadas, deshaciendo los nudos con delicadeza. Al ver la piel viva y las quemaduras por fricción, las lágrimas que había estado conteniendo durante días finalmente cayeron—. ¡Mírate! Estás destruyéndote. ¿Es por el dinero? ¿Por las deudas de A-Guang? Si es por eso, yo puedo...
—¡No! —la interrumpió él con una dureza que la hizo retroceder—. No es por A-Guang. Y no quiero tu dinero, Zhi Zhi. Te lo dije una vez: no soy uno de tus proyectos de caridad.
—¡Entonces dime por qué! —gritó ella, frustrada por su orgullo—. ¡Vienes aquí, te matas trabajando en los muelles después de estar todo el día en el taller! ¡Te he visto, JiNian! Te he seguido. Sé que estás haciendo turnos ilegales. ¿Por qué arriesgas tu vida así?
JiNian la miró, y por un momento, la máscara de "chico malo" se desmoronó por completo. Había una vulnerabilidad tan pura en su mirada que Zhi Zhi sintió que estaba viendo su alma desnuda.
—Porque quiero darte algo —confesó él, bajando la cabeza—. Porque el 14 de febrero, todos esos imbéciles con sus coches y sus títulos te darán cosas que valen millones, pero que no significan nada. Y yo... yo no tengo nada, Zhi Zhi. No tengo nombre, no tengo futuro, no tengo un maldito centavo que no haya ganado con sangre.
Se acercó a ella, reduciendo el espacio hasta que sus frentes se tocaron.
—Quiero que, por una vez, tengas algo que sea real. Algo que nadie pueda quitarte. Algo que te recuerde que, en este agujero de mierda llamado Distrito Norte, hay alguien que te mira y no ve a la "hija del Director Shen", sino a la chica que se ensucia las manos para curar a un vago. Pero para eso necesito dinero. Necesito comprar...
—No necesito nada comprado, JiNian —lo interrumpió ella, rodeando su cuello con los brazos, ignorando el olor a sudor y trabajo que desprendía su ropa—. Ya me has dado más que nadie en toda mi vida. Me has dado la verdad.
—No es suficiente —insistió él, su mano herida subiendo para acunar su rostro con una ternura infinita—. Mereces algo hermoso. El mundo te ha dado flores de plástico en jarrones de oro. Yo te voy a dar algo que tenga raíces.
Se quedaron así, abrazados en el suelo frío del taller, rodeados de piezas de metal y sombras. Zhi Zhi lloró en silencio contra su hombro, no por tristeza, sino por la abrumadora comprensión de que aquel chico, al que el mundo llamaba villano, tenía un corazón mucho más noble que cualquier "héroe" de su mundo de cristal.
—Prométeme que tendrás cuidado —susurró ella—. No quiero un regalo si el precio es que te pase algo.
—Estaré bien, Princesa —mintió él, besando su frente—. Los de mi clase somos difíciles de matar. Tenemos la piel dura.
Pero mientras ella se alejaba esa noche, JiNian volvió a mirar sus manos. Le quedaban tres días. Tres turnos más en los muelles. Su cuerpo se sentía como si fuera a romperse en mil pedazos, pero cuando cerraba los ojos, veía la imagen de las rosas que planeaba conseguir. No eran cualquier tipo de rosas; había oído hablar de un jardín abandonado en la zona vieja, donde crecían flores salvajes, resistentes al frío, pero custodiado por perros y guardias de seguridad de las fábricas.
Él no compraría las rosas en una floristería de lujo. Él las arrebataría del mismo invierno para dárselas a ella.
"Espera un poco más, Zhi Zhi", pensó, volviendo a ponerse en pie con un esfuerzo sobrehumano. "Solo tres días más. Y entonces verás por qué un chico de barro es capaz de crear un cielo solo para ti".
El plan estaba en marcha. Un plan nacido de la desesperación, alimentado por el agotamiento y sostenido por un amor que, aunque todavía no se había pronunciado con palabras, ya estaba escrito en las cicatrices de sus manos. El 14 de febrero no sería un evento de negocios. Sería el día en que las espinas del Distrito Norte florecerían por primera vez para la chica de oro.
Y mientras JiNian caminaba de regreso a los muelles, bajo la mirada indiferente de la luna, una sombra lo seguía desde lejos. Una sombra que vestía el uniforme de la Academia Shengli y que sostenía un teléfono móvil, grabando cada uno de sus movimientos. El paraíso estaba empezando a cerrarse sobre ellos, y el tiempo se agotaba más rápido de lo que ambos imaginaban.