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SANADOR DESCARTADO

SANADOR DESCARTADO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Invocado a otro mundo como sanador, fue descartado por su propio equipo por no hacer daño.
Herido y abandonado en la frontera, comenzó a curar a quienes nadie miraba: plebeyos, soldados rotos, niños enfermos.
Con conocimientos del mundo moderno y una magia que evoluciona al salvar vidas, su nombre empieza a recorrer el reino.
Cuando la guerra y la peste alcancen la capital, descubrirán que descartaron al único que podía salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El precio de curar en la ciudad

Ravenhold despertaba antes que el sol.

Los carros de mercancías comenzaban a crujir por las calles empedradas cuando Ren ya estaba de pie, con la túnica sencilla ajustada al cuerpo y las manos limpias, esperando frente al almacén del gremio. El aire olía a pan recién horneado mezclado con el hedor del puerto. Una mezcla que solo las ciudades que viven del tránsito conocen bien: promesas y podredumbre compartiendo el mismo espacio.

—Vengo por el kit de suministros asignado —dijo Ren al encargado del almacén.

El hombre hojeó un registro con gesto distraído.

—No figura entrega para hoy.

Ren frunció el ceño.

—Ayer me confirmaron el reabastecimiento semanal.

—Ayer no es hoy —respondió el encargado, encogiéndose de hombros—. Vuelve mañana.

Ren apretó los labios. No levantó la voz. Había aprendido que en las ciudades grandes, la fricción rara vez se manifiesta como un “no” directo. Era una cadena de “no hoy”, “no ahora”, “vuelve luego” que, acumulada, terminaba costando vidas.

Salió del almacén con el estómago apretado.

En el puesto médico del gremio, una fila de heridos aguardaba. No eran aventureros de alto rango. Eran estibadores del puerto con la espalda rota por el peso, aprendices con cortes mal cerrados, un niño con fiebre alta sostenido por su madre.

Ren se arremangó.

—Vamos uno por uno —dijo, con la voz calma—. Nadie se va a quedar sin que lo veamos.

Activó Diagnóstico Claro de forma casi automática. La información se ordenaba ante sus ojos como un mapa invisible: infecciones tempranas, deshidratación, heridas sucias que pedían limpieza antes de cualquier magia. Usó Curación Dirigida para ahorrar maná, reservando la Estabilización Rápida para los casos que rozaban el colapso.

—Gracias… —murmuró la madre del niño, con los ojos brillantes.

Ren le indicó cómo hervir el agua, cómo limpiar las manos antes de tocar al pequeño. La mujer asintió, como quien recibe un secreto que nadie se había molestado en compartirle.

Al mediodía, el calor volvió espeso el aire del puesto. El sudor le corría por la espalda. El maná le pesaba como un hilo que se estiraba demasiado.

Un joven acólito del templo se asomó a la puerta.

—El evaluador Arven pregunta por ti.

Ren salió al pasillo.

—El almacén “olvidó” mi reabastecimiento —dijo sin rodeos.

Arven suspiró.

—No es un olvido. Es una forma de medir cuánto te cansas de pedir.

—Mientras miden, la gente se infecta.

—Lo sé —respondió Arven—. Y no a todos les molesta.

Arven lo condujo por corredores estrechos hasta una sala pequeña donde una mujer de mediana edad revisaba registros. Tenía el cabello recogido, la mirada afilada.

—Esta es Selene Var —dijo Arven—. Administra los suministros del ala baja del templo.

Selene levantó la vista hacia Ren.

—Tú eres el sanador que insiste en hervir el agua.

—Y en lavarse las manos —respondió Ren.

Selene curvó una sonrisa mínima.

—Eso nos está reduciendo los casos de infección en dos barrios. Lo cual… no le agrada al administrador del puerto. Menos enfermos, menos “tasas de atención”.

Ren sintió un golpe de rabia frío.

—Están cobrando por la enfermedad.

—Están cobrando por la desesperación —corrigió Selene—. No es lo mismo, pero se parece demasiado.

Selene deslizó un sello sobre la mesa.

—Puedo autorizarte kits adicionales si canalizamos las entregas como “campañas de prevención”. Es un lenguaje que no asusta a los contables.

Ren asintió, sin ironía.

—Gracias.

—No me agradezcas —dijo Selene—. Ayúdame a demostrar que menos enfermos no significa menos orden. Significa menos funerales.

Los kits llegaron esa tarde.

No muchos. Suficientes para seguir.

En el barrio del puerto, un andamio había cedido de nuevo. Dos hombres quedaron atrapados bajo vigas. Ren llegó con un par de aprendices del gremio. Usó Estabilización Rápida para ganar tiempo, organizó la extracción con cuidado, y dejó instrucciones claras para la rehabilitación.

—No vuelvan al trabajo mañana —les dijo—. Si lo hacen, la pierna no sanará bien.

—Si no vuelvo, no comemos —respondió uno.

Ren apretó los dientes.

—Entonces vuelve… con un vendaje limpio y descansos cada dos horas. Y lava la herida.

No era justicia. Era supervivencia.

Al caer la noche, un mensajero del gremio lo buscó.

—Un noble quiere verte —dijo—. Dice que tu método le interesa.

Ren cerró los ojos un segundo.

—Dile que mañana.

—Insiste.

Ren suspiró.

El noble lo recibió en una sala amplia, perfumada, con tapices caros. Tenía manos suaves. Demasiado suaves para alguien que hablaba de “optimizar la sanación en barrios problemáticos”.

—Tu enfoque reduce costos —dijo el noble—. Si entrenas a mis administradores, puedo financiarte.

—¿Para qué? —preguntó Ren.

—Para mantener a la mano de obra… funcional.

Ren lo miró en silencio.

—La gente no es maquinaria.

—La ciudad funciona como una —respondió el noble, con una sonrisa educada—. Y tú puedes ser su lubricante.

Ren se puso de pie.

—No vine a aceitar engranajes —dijo—. Vine a evitar que se rompan personas.

El noble no se ofendió. Los poderosos rara vez lo hacen cuando no obtienen lo que quieren de inmediato. Sonrió como quien guarda una herramienta para después.

Al volver al anexo, Ren se dejó caer en la silla. El cansancio le pesaba distinto aquí. No era el cansancio del barro y el humo. Era el cansancio de las paredes que escuchan y los ojos que calculan.

Arven apareció en la puerta.

—Estás empezando a entender —dijo—. Curar en la ciudad no es solo manos y magia. Es elegir a quién no venderte.

Ren respiró hondo.

—No vine a venderme.

—Nadie viene —repitió Arven—. Y aun así, el mercado siempre te encuentra.

Esa noche, Ren miró la ciudad desde la ventana. Las luces seguían brillando. Los carros seguían pasando. La gente seguía respirando.

Y él, en medio de esa maquinaria ruidosa, se prometió una cosa sencilla y brutal:

No dejar que la ciudad le enseñara a cobrar por la vida.

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Elba Lucia Gomez
no come? enfermo atendiendo? débil? no se......
btcclic cuenta3
Espero los próximo nuevos capítulos, welcome, perfec./Scare/
Annyely
gracias , tratare de publicar otro isekai este mes, para que me sigas apoyando☺️
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
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