"En mi vida pasada morí como una tonta; en esta, seré tu peor pesadilla."
Valeria murió traicionada por su esposo y su prima, mientras el único hombre que intentó salvarla fue Damian, el rival que ella siempre despreció.
Tras despertar tres años antes de su muerte, Valeria decide cambiar las reglas: no habrá más lágrimas, solo una fría venganza. Para destruir a quienes la pisotearon, se aliará con el hombre más peligroso y poderoso de la ciudad: el enemigo de su marido.
¿Podrá convencer al hombre que siempre la amó en secreto de que esta vez ella está de su lado?
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La nueva cara del poder
El sol de la mañana entraba con una claridad despiadada por los ventanales de la mansión de Damián. Me miré al espejo mientras una estilista de confianza de Blackwood terminaba de retocar mi peinado. Había elegido un traje sastre de un blanco inmaculado; quería proyectar pureza, pero también una frialdad arquitectónica. Ya no había rastro de la seda negra ni de las sombras de la noche anterior en mi rostro, solo una determinación de acero.
Damián entró en la habitación, ya vestido con un traje oscuro que exhalaba autoridad. Se detuvo a mis espaldas y me puso las manos sobre los hombros. Sus ojos grises se encontraron con los míos a través del reflejo.
—¿Estás lista? —preguntó. Su voz era baja, pero sentía la vibración de su apoyo—. Afuera hay más de cincuenta periodistas. Julián ha intentado enviar un comunicado desde la celda diciendo que lo "manipulaste", pero nadie lo escucha. El mundo quiere verte a ti.
—No solo voy a dejar que me vean, Damián —respondí, dándome la vuelta para ajustar su corbata—. Voy a hacer que se olviden de que Julián existió alguna vez. A partir de hoy, el apellido Rossi vuelve a sus raíces.
Salimos de la mansión hacia el centro de conferencias del Hotel Grand Imperial, el mismo lugar donde empezó esta pesadilla. Al bajar del coche blindado, el estruendo de los flashes fue cegador. Damián no me tomó del brazo como lo hacía Julián para "guiarme"; caminó a mi lado, manteniendo una distancia respetuosa que gritaba igualdad.
Subí al podio. El silencio que cayó sobre la sala fue tan pesado que podía escuchar mi propia respiración.
—Durante años —comencé, mi voz resonando clara y firme por los altavoces—, el nombre de mi familia fue utilizado como un escudo para actividades que yo desconocía y que hoy repudio con cada fibra de mi ser. Julián no solo traicionó la confianza de sus socios y del Estado; traicionó el legado de mi padre y mi propia vida.
Hice una pausa dramática, dejando que la prensa asimilara mis palabras.
—He solicitado formalmente la recuperación total de los activos de la Constructora Rossi. Pero no lo haré sola. Hoy anuncio una alianza estratégica con Blackwood Holdings para auditar y reconstruir cada cimiento de lo que fue mi empresa. No descansaré hasta que cada centavo desviado sea recuperado y cada persona involucrada, incluyendo a mi propia sangre, pague ante la justicia.
—¡Señora Rossi! —gritó un periodista en primera fila—. ¿Es cierto que vive usted ahora bajo la protección de Damian Blackwood? ¿Es esta una traición por amor o por negocios?
Miré a Damián, quien permanecía a un lado del escenario, observándome con una sonrisa imperceptible. Volví a la prensa.
—Es una alianza por justicia —respondí con una frialdad que congeló la sala—. El señor Blackwood fue el único que tuvo el valor de mostrarme la verdad cuando yo vivía en una mentira. Lo que ustedes llaman "traición", yo lo llamo despertar.
La sala estalló en preguntas, pero ya había terminado. Bajé del podio mientras los flashes se intensificaban. Damián me esperaba al final de la escalera.
—Lo has destruido —susurró mientras salíamos por la puerta lateral—. Julián acaba de pasar de ser un "empresario con problemas" a ser el villano nacional. No le queda ni un solo aliado fuera de la cárcel.
—Eso es lo que quiero —respondí, entrando al coche—. Que se sienta solo. Que cuando Mónica lo mire en la sala de visitas, solo vean el fracaso del otro.
—Hablando de Mónica —dijo Damián, su tono volviéndose serio mientras el coche arrancaba—, sus abogados han solicitado una audiencia privada contigo. Dicen que tiene "información sensible" sobre tu padre que solo te entregará a ti, a cambio de que retires los cargos por intento de homicidio de anoche.
Mi corazón dio un vuelco. Mónica estaba usando su última carta. Ella no sabía que yo ya tenía el informe médico, pero sospechaba que yo buscaba algo.
—Quiere negociar con un cadáver —dije, apretando los puños—. Cree que todavía tiene algo que yo quiero.
—¿Vas a ir? —preguntó Damián, escrutando mi reacción—. Si vas a esa prisión, estarás cara a cara con la mujer que intentó matarte hace menos de cuarenta y ocho horas.
—Iré —sentencié—. Pero no para negociar. Iré para mostrarle que su secreto ya no tiene poder sobre mí. Quiero ver sus ojos cuando se dé cuenta de que ya no tiene nada con qué comprar su libertad.
Damián tomó mi mano y la besó.
—Entonces iremos esta tarde. Pero entrarás con un micrófono. Quiero escuchar cada palabra que esa víbora te diga.
Miré por la ventana, viendo cómo la ciudad pasaba a toda velocidad. El enfrentamiento con Mónica en la cárcel sería el golpe final. Ella creía que tenía un as bajo la manga, pero no sabía que yo ya conocía el juego completo.
En la Prisión de Mujeres de San Andrés:
Mónica estaba sentada en la celda de transición, mirando sus uñas rotas y su traje sastre ahora arrugado y sucio. Una sonrisa torcida apareció en sus labios cuando el guardia le anunció que tenía una visita.
—Sabía que vendrías, Valeria —susurró para sí misma—. Eres tan predecible como tu padre. Y cuando escuches lo que tengo que decirte sobre cómo murió realmente... me suplicarás que me dejes salir de aquí.
Mónica no sabía que Valeria no venía a escuchar... venía a sentenciar.