“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
NovelToon tiene autorización de Claudia preciado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La llamada y la grieta
La ciudad parecía tranquila aquella madrugada, pero dentro del hotel el aire estaba cargado. Cada sombra en la habitación de Alison y Alisa parecía moverse con intención, alargando y acortando formas que ninguna de las dos podía explicar. La luz de Alisa parpadeaba suavemente, débil, como si el mundo mismo estuviera dudando de su presencia.
El padre despertó sobresaltado. Su teléfono vibraba sobre la mesa del comedor. Era un número desconocido. El instinto le gritó que contestara.
—¿Quién habla? —dijo, con la voz más firme que pudo.
—Sabes quién soy —respondió una voz grave, pausada—. Sé lo que pasó con ella.
El corazón del padre se detuvo por un instante. “Ella”, la madre de Alison y Alisa…
la mujer que la oscuridad había tomado años atrás, antes de que él pudiera protegerla. Recordó el incendio, el humo, los gritos y cómo nunca pudo alcanzar a salvarla. La llamada le recordaba todo lo que había prometido proteger de sus hijas.
—No sé de qué hablas —intentó mantener el control.
—La oscuridad se la llevó —dijo la voz—. Y ahora tus hijas también están bajo su influencia. Si no les dices la verdad, ellas lo descubrirán por su cuenta… y entonces será demasiado tarde.
El padre cerró los ojos y respiró hondo.
Sabía que la historia de la madre no podía contarse todavía. Su recuerdo estaba lleno de dolor y de un miedo que todavía lo acechaba. La oscuridad había empezado por ella, y ahora rondaba a sus hijas, manipulando sus emociones y su poder.
Mientras tanto, Alison despertó con la marca ardiendo. No era el ardor habitual:
era insistente, incómodo, como un recordatorio de que algo dentro de ella estaba fuera de control. Alisa, desde su cama, percibió cómo su luz parpadeaba débilmente, sintiendo la distancia emocional que ya se había formado entre ellas. Pequeños roces, pequeños gestos, ya no eran suficientes para mantener el vínculo.
Cuando Alison intentó acercarse, la marca reaccionó con un destello oscuro que hizo que Alisa se alejara, confundida y herida. —¿Qué pasa? —preguntó, con la voz temblorosa. —Nada —respondió Alison, evitando su mirada. La tensión estaba creciendo, silenciosa pero poderosa. La oscuridad estaba haciendo su trabajo:
dividirlas sin que ellas comprendieran por qué.
El padre las observaba desde la cocina.
Cada gesto, cada suspiro, cada pequeña incomodidad entre ellas era un golpe de advertencia. Quiso intervenir, reunirlas, forzar una conversación. Pero cualquier intento podría empeorar la grieta que la sombra ya estaba creando.
Muy lejos de allí, Jael y Dael avanzaban entre los bosques, siguiendo un camino que los llevaría hacia la ciudad. Sentían el desequilibrio a distancia: la división emocional de las hermanas les llegaba como un golpe en el pecho, como un eco de sufrimiento que no podían ignorar.
—Se están alejando —susurró Jael—. La oscuridad está jugando con ellas.
—Y si continúa así —contestó Dael—, podrían romperse por completo.
El bosque que rodeaba su camino no estaba en calma. Entre los árboles, un grupo de lobos salvajes los esperaba. Ojos amarillos brillaban en la penumbra, colmillos descubiertos, aullidos que rompían la quietud de la noche. No eran hombres lobo ni criaturas conscientes.
Eran bestias puras, instintivas, atraídas por la energía desequilibrada que las hermanas desprendían desde la distancia.
Los gemelos se pusieron en guardia. Jael liberó un gruñido, sintiendo cómo la sangre se agudizaba, los sentidos afilados por su vínculo con las chicas. Dael giró lentamente, evaluando los movimientos de los lobos. No había escapatoria simple.
Cada bestia avanzaba de forma calculada, como si supieran exactamente qué energía buscar.
El primero saltó hacia Jael. Él rodó, usando su fuerza y velocidad parcialmente transformada para derribar al lobo contra un árbol. Otro atacó a Dael, quien bloqueó con sus brazos, sintiendo los colmillos rasgar su chaqueta pero no su piel. El tercero rodeaba, esperando el momento perfecto para abalanzarse.
—¡Cuidado! —gritó Jael, interceptando al último lobo antes de que mordiera a su hermano.
Después de un combate rápido y brutal, los lobos huyeron. Pero el mensaje estaba claro: la oscuridad no atacaba solo emocionalmente, también podía atraer peligros externos, manipulando la naturaleza misma.
De regreso en la ciudad, Alison y Alisa seguían separadas. La tensión crecía como un muro invisible entre ellas. La sombra de Alison se proyectaba en la pared de la habitación como un tentáculo oscuro que parecía querer arrastrarla lejos de su hermana. La luz de Alisa parpadeaba, débil, como si intentara sostener algo que ya estaba fuera de su control.
—Tal vez… necesitamos espacio —susurró Alison, sin mirarla directamente.
—¿Espacio? —replicó Alisa, sintiendo cómo el corazón le dolía por dentro.
No hubo gritos, solo silencio pesado. La distancia ya no era física, sino emocional. La oscuridad había logrado sembrar rechazo. Las hermanas, por primera vez, dudaban de si podían confiar la una en la otra.
El padre las miraba desde la puerta, apretando los puños. Sabía que cada minuto de silencio, cada gesto frío, era obra de la misma fuerza que le había arrebatado a la madre de sus hijas años atrás. La grieta estaba creciendo y él todavía no podía contarles toda la verdad.
Jael y Dael, al llegar al borde de la ciudad, miraron hacia el horizonte, sintiendo que la energía de las hermanas era más frágil que nunca. —Si no hacemos algo, —dijo Jael—, la oscuridad no necesitará dividirlas más. Ellas mismas caerán.
La luna se elevaba lentamente, bañando la ciudad en un resplandor tenue. Y mientras la oscuridad trabajaba silenciosa dentro de la habitación, los gemelos comprendieron que la batalla por las hermanas recién comenzaba.