Tras ser brutalmente traicionada por su compañera y su objetivo en una misión de alto riesgo, la letal agente Jannet Cayswell muere en un accidente orquestado. Despierta en el cuerpo de Zafiro Lawrence, la heredera de una Casa Noble en un imperio de corte de época antigua, con toques mágicos. Atrapada en una vida de etiqueta y política palaciega, Zafiro debe fingir la amnesia para sobrevivir mientras domina sus nuevas habilidades y el funcionamiento de este mundo.
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Capítulo 08
El salón de baile, que apenas unos minutos antes era un santuario de seda y música, se transformó en un hervidero de pánico contenido. El colapso del Rey Noah Lancaster no fue un simple desmayo; fue la señal de salida para los buitres que aguardaban en las sombras del Imperio de Celes.
Zafiro entró de nuevo al gran salón, esquivando a los nobles de las casas Arryn y Tully que se amontonaban cerca de las puertas. Su mirada, afilada por los años de entrenamiento como agente, escaneó la estancia buscando el estandarte de los Lawrence. Lo encontró cerca del estrado real. Liam estaba allí, con la mano en la empuñadura de su espada, rodeado de guardias de la casa Mormont, formando un escudo humano alrededor de sus padres, Dante y Malory.
—¡Zafiro! —gritó Liam cuando la vio. Su rostro, habitualmente sereno y burlón, estaba congestionado por la preocupación. Se abrió paso entre la multitud y la tomó por los hombros con una fuerza que casi le dolió—. ¿Dónde demonios estabas? Te dije que no te alejaras. El palacio está en cierre de emergencia.
—Estoy bien, Liam. Solo estaba tomando aire —respondió ella, suavizando su voz para calmar la agitación de su hermano—. ¿Qué ha pasado con el Rey?
Dante Lawrence, el Archiduque, se acercó a ellos. Su expresión era sombría.
—Se lo han llevado a sus aposentos. Cassis Arryn ha sellado el ala norte. Se habla de un ataque al corazón, pero en este palacio, el aire suele estar viciado de algo más que polen —dijo Dante en un susurro cargado de intención. Miró a su hija con ojos penetrantes—. Zafiro, quédate cerca de tu hermano. Malory, debemos prepararnos. Si el Rey no sobrevive a la noche, el consejo de regencia se reunirá al amanecer.
—¿Y Ethan? —preguntó Zafiro, fingiendo una curiosidad casual que su corazón desmentía.
—El Príncipe está con los médicos —respondió Malory, apretando el pañuelo en sus manos—. Pobre muchacho. Cargar con el peso de un imperio en un momento así...
Zafiro asintió, pero su mente ya estaba trabajando en otro plano. En su vida pasada, Noah Lancaster murió en tres días. Su muerte desencadenó una guerra civil silenciosa donde las familias menores, apoyadas por los Bolton, minaron la autoridad de Ethan. Y en medio de ese caos, Carlos Crane se acercó a ella como un "amigo" preocupado.
Como si el pensamiento lo hubiera invocado, vio a Carlos Crane moviéndose por la periferia del salón. El joven conde no parecía asustado; parecía estar observando quién se acercaba a quién. Cuando sus ojos se encontraron con los de Zafiro, él forzó una expresión de tristeza y comenzó a caminar hacia ellos.
—Zafiro, por los dioses, qué tragedia —dijo Carlos al llegar, ignorando el gruñido de advertencia de Liam—. No puedo imaginar el miedo que debes sentir. Si necesitas un lugar seguro fuera de la capital mientras la situación se estabiliza, las tierras de mi padre están a tu disposición. Tenemos una fortaleza pequeña pero inexpugnable.
Zafiro sintió una oleada de asco. En la otra línea temporal, esa oferta de "refugio" fue el primer paso hacia su cautiverio.
—Señor Crane —dijo Zafiro, dando un paso al frente para quedar cara a cara con él—. Los Lawrence no buscamos refugio. Nosotros somos el refugio. Mi padre es el Archiduque, y mi hermano es el futuro jefe de los ejércitos del norte. Si alguien debe sentirse inseguro hoy, es aquel que cree que este momento de debilidad es una oportunidad.
Carlos parpadeó, desconcertado por la agresividad de la respuesta.
—Solo quería ayudar...
—Ayude retirándose —intervino Liam, interponiéndose entre ellos como una torre de acero—. Mi hermana no necesita la "seguridad" de un conde que no puede ni mantener sus propios caminos libres de bandoleros. Vete, Crane. Ahora.
Carlos hizo una reverencia rígida y se alejó, pero Zafiro notó cómo su mano se apretaba en un puño. Sabía que él no se rendiría tan fácilmente, pero ella ya no era la presa que él recordaba.
—Liam, tengo que ir a ver a Ethan —susurró Zafiro una vez que Carlos estuvo fuera de oído.
—¿Estás loca? —Liam la miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza—. El palacio está bajo ley marcial. Nadie entra en el ala real sin permiso expreso del Gran Maestre o de Cassis Arryn. Además, ¿por qué te importa tanto ese príncipe arrogante?
—Porque si Ethan cae, nosotros caemos con él —dijo Zafiro, usando la lógica política para convencer a su hermano—. Somos los aliados más poderosos de la corona. Si el Rey muere y Ethan no tiene el apoyo inmediato de la casa Lawrence, los Tyrell o los Martell intentarán imponer a un candidato más manejable. ¿Quieres ser el títere de un consejo, Liam? ¿O quieres que tu hermana sea la futura Emperatriz?
Liam se quedó helado. La ambición en las palabras de Zafiro era algo nuevo, pero la lógica era impecable.
—Está bien —gruñó él—. Te llevaré hasta la puerta del ala real. Pero si los guardias de la casa Clegane intentan detenernos, no esperes que me quede de brazos cruzados.
Caminaron por los pasillos dorados del palacio, donde la tensión se sentía en el aire como la electricidad antes de una tormenta. Los criados corrían de un lado a otro con palanganas de agua caliente y hierbas medicinales. Al llegar a la intersección que conducía a las habitaciones del Rey, cuatro guardias de armadura pesada les cerraron el paso.
—Nadie pasa —dijo uno de ellos, su voz resonando dentro del casco.
—Soy Liam Lawrence, heredero del Archiducado —dijo Liam con voz de mando—. Y esta es mi hermana. Tenemos asuntos urgentes con el Príncipe Heredero.
—Órdenes de Su Alteza, Lord Lawrence. Nadie entra.
Zafiro dio un paso adelante, sacando de su escote el pequeño frasco de cristal azul que Ethan le había dado la noche anterior. Lo sostuvo en alto para que la luz de las antorchas lo iluminara.
—Díganle al Príncipe que la dama que posee la esencia de flor de luna de los Arryn está aquí. Él sabe lo que significa.
Los guardias intercambiaron una mirada de duda. Uno de ellos entró en las habitaciones y, apenas un minuto después, regresó.
—Solo la dama puede pasar. Lord Lawrence debe esperar aquí.
Liam se puso tenso, pero Zafiro le puso una mano en el brazo.
—Estaré bien, hermano. Confía en mí.
—Si no sales en diez minutos, entraré derribando esa puerta —prometió Liam, cruzando los brazos sobre su pecho.