Tiene una nueva oportunidad para redimirse y busca ser feliz junto a las personas que ama.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Colton 2
Durante toda esa semana, la presencia de Colton se volvió parte del ritmo cotidiano de la tienda, como el sol entrando por la ventana o el aroma constante de las hierbas secándose. Llegaba cada mañana sin anunciarse, siempre con una excusa distinta y ninguna a la vez. Acomodaba cajas, limpiaba frascos, alcanzaba herramientas… y, sin darse cuenta, llenaba el lugar de una calma distinta.
Lavender comenzó a esperarlo.
Una tarde, mientras acomodaban raíces recién secadas, ella lo miró con curiosidad sincera.
—¿No estás faltando a tu trabajo por estar aquí? No quiero causarte problemas.
Colton negó de inmediato, con una sonrisa tranquila.
—No.. He viajado mucho… demasiado. Ahora me quedaré en el pueblo un tiempo. Al menos hasta que nazcan mis sobrinos.
Lavender alzó las cejas.
—Entonces tu hermana debe necesitar ayuda.
Colton soltó una risa suave, negando con la cabeza.
—Si fuera por mi cuñado, mi hermana estaría dentro de una burbuja.. Solo para que él pueda verla.
Lavender no pudo evitar reír.
—¿Tan exagerado es?
—Peor.. Estoy seguro de que preferiría que nadie la visitara. Ni doctores. Ni amigos. Tal vez ni yo.
La risa de Lavender llenó la tienda, clara y libre.
—Pero eres su hermano —dijo, aún sonriendo.
Colton se encogió de hombros, divertido.
—Así es él. Muy celoso. Muy protector. Aunque sé que quiere mucho a mi hermana… solo tiene un carácter muy particular.
Lavender lo miró con ternura. Le gustaba cómo hablaba de su familia, sin rencor, con una mezcla de paciencia y afecto.
Colton, por su parte, estaba completamente fascinado. Cada vez que ella reía, sentía que algo en su pecho se acomodaba, como si ese sonido le perteneciera de alguna forma, aunque no se atreviera ni a pensarlo en voz alta.
Siguieron trabajando, intercambiando historias pequeñas, risas suaves, silencios cómodos.
Y sin que ninguno lo dijera, ambos sabían que esa semana no había sido solo de ayuda en la tienda… sino el comienzo de algo que crecía despacio, con cuidado, como las plantas que Lavender protegía cada día.
La tarde siguiente, la luz entraba oblicua por la ventana de la tienda, tiñendo los frascos de vidrio con tonos dorados. Colton estaba acomodando unas cajas cerca del fondo cuando, casi con timidez, hizo la pregunta.
—Lavender… ¿tienes familia?
Ella levantó la vista. No hubo sorpresa en su rostro, solo esa calma honesta que la caracterizaba. Se tomó un segundo antes de responder, apoyando las manos sobre el mostrador.
—Sí.. Pero es pequeña.
Colton dejó lo que estaba haciendo y se volvió hacia ella, atento.
—Somos solo mi abuela Rosie y yo.. Ella me crió desde que era muy pequeña. Todo lo que ves aquí, el campo, las plantas, la tienda… lo levantamos juntas.
Mientras hablaba, sus ojos se suavizaron con recuerdos.. mañanas frías, manos arrugadas enseñándole a secar hojas, voces compartiendo el silencio del trabajo.
—No somos ricas.. Nunca lo fuimos. Pero siempre tuvimos lo necesario, porque trabajamos duro.
Colton la miraba como si cada palabra fuera valiosa. No la interrumpió ni una sola vez. Había algo en la manera en que Lavender hablaba de su abuela, sin queja ni victimismo, que le apretaba el pecho.
—Ella es mi hogar.. Y este lugar también.
Colton tragó saliva. Sus ojos brillaban con una emoción que no intentó esconder.
—Eso… es admirable.. De verdad.
Lavender se encogió de hombros, un poco incómoda con el elogio.
—Es solo la verdad.
Pero para Colton no era “solo” nada. Cada vez que ella hablaba, él sentía una certeza profunda: que estaba frente a alguien fuerte, leal, luminosa… alguien a quien valía la pena cuidar.
Y mientras la observaba volver a su trabajo, supo que no solo estaba conociendo a Lavender, sino también deseando, sin darse cuenta, formar parte de ese pequeño mundo que ella había construido con tanto amor.
Colton guardó silencio unos segundos después de escucharla. Luego habló con voz más baja, más pensada.
—Entonces… ninguno de los dos tiene padres.
Lavender asintió despacio.
—No.. No los recuerdo.
Colton respiró hondo, como si esa confirmación hubiera abierto algo que llevaba tiempo guardado.
—Mi padre… No fue un buen hombre.
No hubo rencor en sus palabras, solo una claridad serena. Lavender no lo apuró.. lo miró con atención, dándole el espacio para continuar.
—Pero mi hermana es distinta.. Es buena. Muy enérgica, valiente. Siempre lo ha sido.. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.. Supongo que… eligió no parecerse a él.
Lavender le devolvió la sonrisa, suave.
—Eso dice mucho de ella.. Y de ti también.
Colton negó con un gesto leve.
—Yo solo la seguí.. Ella siempre fue más fuerte.
Continuaron hablando así, sin solemnidad excesiva, como dos amigos que se descubren poco a poco. Hablaron del campo, del pueblo, de viajes pasados de Colton, de las historias de Rosie cuando joven. Las palabras fluían con naturalidad, entre risas pequeñas y silencios cómodos.
Pero aunque intentaba mantenerse tranquilo, Colton no podía evitar mirarla. Cada vez que Lavender sonreía, algo en su pecho se iluminaba. La admiración se le notaba en los ojos, en la forma en que se inclinaba apenas hacia ella, como si quisiera acercarse sin atreverse.
Lavender, por su parte, sentía esa mirada cálida, constante, pero no incómoda. Era una presencia que acompañaba, que cuidaba, que parecía decir sin palabras.. te veo..
Y así, entre frascos de hierbas y conversaciones sencillas, lo que nació como amistad seguía creciendo, lento y firme, alimentado por una ilusión silenciosa que Colton ya no sabía.. ni quería.. esconder.