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BAJO LA PIEL DEL DESEO

BAJO LA PIEL DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Lidia Ashcroft es una mujer hermosa e inteligente, el tipo de mujer que despierta miradas donde vaya. Está comprometida con Adrián Calloway, dueño de una pequeña agencia de viajes que lucha por abrirse camino en el mercado. A pocos meses de la boda, Lidia cree que por fin está construyendo el futuro que siempre soñó.

Sin embargo, su mundo se derrumba cuando descubre que Adrián le ha sido infiel. Traicionada y con el corazón hecho pedazos, comienza a cuestionarse si el amor que defendió durante años fue solo una mentira.

En medio de su dolor aparece Damián Blackwood, un poderoso y enigmático CEO de tecnología, fundador de NovaCore Technologies, una de las empresas más innovadoras del país.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 19

Los días siguientes transcurrieron entre la felicidad de haber encontrado lo que buscaba y una inquietud silenciosa que empezaba a crecer en la sombra. Lidia notaba cambios en Damián: llamadas a horas intempestivas, reuniones a puerta cerrada de las que salía con el ceño fruncido, papeles que guardaba con llave y una tensión en los hombros que no lograba disimular por completo. Una tarde, mientras revisaban juntos unos informes en su despacho, ella decidió preguntar, con voz suave pero directa.

—Damián, últimamente te veo cargado —dijo, dejando el bolígrafo sobre la mesa y mirándolo a los ojos—. Pasan cosas que no me cuentas. He visto cómo te miran algunos en las reuniones… y no es respeto lo que veo. Es envidia. O algo peor.

Él suspiró, se recostó en el sillón y se pasó una mano por el cabello, como si estuviera decidiendo cuánto decirle. La miró con cariño, pero también con una seriedad que le hizo comprender que el asunto era grave.

—El éxito nunca es gratis, Lidia —empezó despacio—. Cuando construyes algo desde cero, cuando logras lo que otros solo sueñan, hay quienes te admiran… y hay quienes esperan que caigas. NovaCore no es solo mi empresa. Representa poder, influencia, dinero. Y hay personas que quieren eso a cualquier precio. Algunos están fuera… y otros están mucho más cerca de lo que deberían.

Lidia sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Se inclinó hacia él, con el corazón latiéndole más rápido.

—¿Cerca? —repitió—. ¿Aquí mismo en la empresa?

Damián asintió lentamente, sin apartar la vista de ella.

—Hay consejeros, socios, personas que trabajan conmigo desde hace años… que creen que saben mejor que yo cómo dirigir esto. Que no les gusta cómo tomo decisiones. Y si no pueden controlarme, intentarán destruirme. Han hecho movimientos en la sombra, maniobras para debilitar la empresa, para sacarme de mi propio puesto. Hasta ahora he podido contenerlos, pero la batalla no ha terminado.

—¿Y no puedes hacer nada? —preguntó ella, con angustia—. ¿No hay forma de detenerlos?

—Conozco sus trucos —respondió él con firmeza—. He sobrevivido a peores situaciones antes. Pero quiero pedirte algo importante, y necesito que lo entiendas. Confía en mí. No te metas en asuntos que no te corresponden, no investigues lo que oigas, no hables con nadie de esto. Hay gente que no dudaría en usar a quien yo quiero para lastimarme. Y tú eres lo más valioso que tengo. No permitiré que te pongan en peligro.

Lidia se quedó callada un instante, comprendiendo la gravedad de sus palabras y el peso que llevaba sobre los hombros. Se levantó y rodeó el escritorio para sentarse cerca de él, tomando sus manos entre las suyas.

—Me asusta —confesó con sinceridad—. Pensar que hay personas tan cerca, esperando hacer daño… me preocupa por ti.

—Y a mí me preocupa por ti —corrigió él, apretando sus manos con firmeza—. Por eso te pido que confíes en mi criterio. No busques respuestas por tu cuenta. Si hay algo que necesites saber, te lo diré. Pero déjame protegernos a ambos. No intentes luchar mis batallas. Yo las pelearé por los dos. Solo mantente al margen, a salvo, y déjame encargarme del resto.

—¿Me prometes que si las cosas se ponen peor, me lo dirás? —preguntó ella, buscando seguridad en su mirada—. Que no me ocultarás nada por miedo a asustarme?

Damián le acarició la mejilla con ternura, aunque sus ojos seguían siendo graves.

—Te lo prometo. Pero ahora mismo, lo mejor que puedes hacer es mantenerte alejada de todo esto. No des pie a rumores, no preguntes más de lo necesario, y si alguien se acerca a ti con intenciones de sonsacarte información… me lo dices de inmediato. ¿De acuerdo? No subestimes hasta dónde serían capaces de llegar.

—Está bien —asintió ella, aunque el nudo en el estómago no se le fue—. Confío en ti. Haré lo que me pides. Pero ten cuidado, Damián. Por favor. No quiero que te hagan daño.

—Nada me hará daño mientras sepa que estás a salvo —respondió él, atrayéndola hacia sí y abrazándola con fuerza—. Y nada nos separará. Ni enemigos, ni intrigas, ni nada. Esto es solo una tormenta. Y pasará. Pero mientras dure… déjame ser tu refugio. Como tú eres el mío.

Lidia apoyó la cabeza en su hombro, sintiendo el peso de esa verdad que él le acababa de revelar. Sabía que no era el final de las dificultades, sino el comienzo de algo más grande y peligroso que los rodeaba. Pero también sabía que mientras estuvieran unidos, podrían enfrentarse a cualquier cosa. Juntos.

Lidia se quedó mirándolo, con el corazón apretado al pensar en todo lo que cargaba en silencio mientras sonaba firme y seguro frente a todos. Le acarició el rostro con las dos manos, como queriendo ver más allá de esa apariencia impasible.

—¿Y todo este tiempo has llevado esto tú solo? —le preguntó con voz suave pero con un dejo de dolor—. Cada decisión, cada amenaza, cada noche sin dormir… ¿sin tener a nadie con quien hablarlo?

Damián cerró los ojos un instante bajo su tacto, y cuando los abrió, había en ellos un cansancio que rara vez dejaba ver.

—Así aprendí a vivir —respondió con calma—. Mi padre me enseñó que mostrar debilidad es darle una ventaja al enemigo. Durante años creí que pedir ayuda era perder el control. Y me acostumbré a que la soledad fuera el precio de todo lo que construí. Hasta que llegaste tú. Y ahora… ahora me doy cuenta de lo pesado que es cargar con todo solo.

—Ya no estás solo —le dijo ella con firmeza, apretándolo suavemente—. No tienes que llevarlo todo sobre tus hombros como si fueras de piedra. Soy tu pareja, Damián. Y eso significa que lo bueno y lo difícil lo compartimos. No me protejas ocultándome la verdad. Protégemos juntos.

Él le tomó las manos entre las suyas y las besó con reverencia, conmovido por esa valentía que no venía de la fuerza, sino del cariño.

—No te oculto las cosas porque no confíe en ti —le explicó despacio—. Lo hago porque te quiero a salvo. Hay gente aquí dentro que no tiene escrúpulos. Si ven que te importo, sabrán que eres mi punto débil. Y te usarían para lastimarme. Eso es lo único que no podría soportar.

Lidia sintió un escalofrío, pero no se apartó. Se acercó más, mirándolo a los ojos con claridad.

—Entiendo el peligro —dijo ella—. Pero también entiendo que el amor no es esconderse. Si me hago a un lado y dejo que luches solo, entonces no estoy a tu lado. Estoy lejos. Y yo quiero estar contigo, en las buenas y en las malas. Solo dime qué puedo hacer. Cómo ayudarte sin meterme en problemas.

Damián la miró largo rato, viendo en ella esa determinación que lo había cautivado desde el primer día. Sabía que no podría encerrarla ni alejarla, y que intentarlo solo los separaría.

—Está bien —dijo él, asintiendo despacio—. Te diré lo que necesites saber. Pero con una condición: confías en mi juicio. Si te digo que te alejes de alguien o que no hables de cierto tema, lo haces sin cuestionarme. No porque no te crea capaz, sino porque yo conozco el terreno y sé dónde están las trampas. ¿Trato hecho?

—Trato hecho —respondió ella sin dudar—. Pero tú también confía en mí. Sé cuidarme. Y sé distinguir quién me habla con sinceridad y quién no. No soy ingenua. Me lastimaron una vez, pero aprendí la lección.

—Lo sé —dijo él con una sonrisa tierna y orgullosa—. Eres la mujer más fuerte que conozco. Y precisamente por eso me asusta que te hagan daño. Pero aprenderé a confiar en que tú también sabes defenderte. Y si alguna vez sientes que algo no está bien, que alguien te incomoda o te presiona… me lo dices antes de intentar resolverlo sola.

—Te lo diré —prometió ella—. Y tú haces lo mismo. No te guardes las preocupaciones para ti. Habla conmigo. Aunque yo no pueda arreglarlo todo, al menos te escucharé. Y eso también ayuda.

Damián la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza, sintiendo cómo ese peso que llevaba tantos años cargando se volvía un poco más ligero al compartirlo. Apoyó la barbilla sobre su cabeza y suspiró profundamente, como si por primera vez pudiera respirar con calma.

—No sabes lo que significa para mí tenerte así —le dijo con voz baja—. Alguien que no quiere nada de mí salvo a mí mismo. Todo el mundo ve la empresa, el dinero, el poder. Tú me ves a mí. Y eso es lo único real que tengo.

—Y eso es lo único que necesito —respondió ella, abrazándolo de vuelta—. Tú. No NovaCore, ni tu nombre, ni tu casa. Solo tú. Y juntos podemos con lo que venga.

—Sí —dijo él con seguridad—. Podemos. Porque lo que tenemos es más fuerte que cualquier intriga, cualquier enemigo, cualquier tormenta. Y mientras nos mantengamos unidos, no podrán con nosotros. Jamás.

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