Liam un joven marcado por la traición y el alcohol presencia cómo un hombre (Dimitri) golpea y abandona en la nieve a una joven embarazada (Sasha). Al ver que ella sangra y entra en parto prematuro, la sube a su viejo sedán y conduce desesperadamente hacia el Hospital Central, logrando que sea ingresada a urgencias antes de caer inconsciente. Este acto desinteresado abrirá nuevas puertas en la vida de Liam, ya que no solo había salvado a alguien de una familia poderosa sino que entre el hermano de sasha y Liam comienza a crecer un magnetismo inevitable.
NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3: La carrera contra el tiempo
Al ver caer a la mujer, una llamarada de rabia hirviente atravesó el pecho de Liam. La escena desencadenó un eco doloroso en su memoria: el recuerdo de la mano de Enrique impactando contra su propia piel, la humillación de verse tirado en el suelo sin que nadie intercediera por él y la sensación de abandono absoluto.
Olvidó su cansancio, olvidó el dolor de sus propias heridas y echó a correr a través de la nieve densa hacia el callejón. Se arrodilló de golpe junto a la joven, importándole muy poco que el agua helada de la nieve derretida empapara rápidamente las rodillas de sus pantalones.
—¡Hey! ¡Tranquila, por favor! ¿Puedes escucharme? ¡Mírame! —exclamó Liam con urgencia, sujetando suavemente los hombros temblorosos de la chica para evitar que se golpeara la cabeza contra el bordillo.
La joven era muy joven, tal vez de no más de veinte o veintiún años. Su piel tenía un tono pálido, casi translúcido, y sus labios comenzaban a ponerse morados a causa de la hipotermia. Una marca roja y abultada se extendía por la mejilla donde había recibido el golpe. Sus ojos, de un azul intensísimo y aterrorizado, se fijaron en los de Liam con una desesperante súplica de auxilio.
—Me duele... ¡Dios mío, siento que me desgarro por dentro! —gritó la joven, apretando la tela de la chaqueta de Liam con una fuerza sorprendente para su delicada contextura.
Al deslizar la mirada hacia la parte inferior de su cuerpo, Liam sintió que el corazón se le detenía por un segundo. El vestido claro de la chica estaba completamente empapado y una mancha oscura y densa de sangre mezclada con fluido amniótico comenzaba a teñir la nieve sobre la que yacía. La bolsa se había roto de forma traumática y el sangrado era abundante.
—Escúchame bien, vas a estar bien. No te voy a dejar sola aquí, ¿me oyes? —dijo Liam, forzándose a mantener la voz lo más firme posible para contagiarle calma, aunque por dentro sus propios nervios amenazaban con paralizarlo—. Mi auto está aparcado a unos metros. Tengo que moverte de aquí ahora mismo.
Con extremo cuidado, buscando una postura firme en la superficie resbaladiza del suelo, Liam deslizó un brazo debajo de la espalda de la joven y el otro por debajo de sus rodillas. Hizo fuerza con las piernas y la levantó en brazos. La chica ahogó un alarido de dolor que resonó trágicamente en la calle desierta.
Avanzando paso a paso, luchando por no perder el equilibrio sobre las placas de hielo escondidas bajo la nieve fresca, Liam transportó el cuerpo de la joven hasta su sedán. Abrió la puerta del copiloto con torpeza, utilizando el codo, y la acomodó en el asiento ajustando la inclinación para que no sufriera presiones innecesarias. Cerró la puerta bruscamente, rodeó el auto corriendo y se colocó tras el volante.
Insertó la llave con la mano temblorosa. El motor del viejo coche carraspeó dos veces, emitiendo un sonido metálico angustioso, antes de responder con un rugido asmático. Liam encendió los limpiaparabrisas, puso la calefacción a la máxima potencia y engranó la primera marcha, haciendo rechinar los neumáticos sobre el pavimento congelado mientras salía a toda velocidad hacia el hospital más cercano de la ciudad.