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El Heredero Del Imperio Eterno

El Heredero Del Imperio Eterno

Status: En proceso
Genre:Héroes / CEO / Fantasía épica
Popularitas:297
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.

Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.

Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.

Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.

Un falso heredero ocupa su lugar.

Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.

Antiguas familias empiezan a perseguirlo.

Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.

Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.

Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.

Pero existe un problema todavía mayor:

Su identidad no fue simplemente robada.

Fue dividida.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Hombre Sin Sombra

Jian Mo insistió en no regresar al apartamento.

Adrián ignoró la recomendación.

—Ya saben dónde vivo —dijo Jian Mo.

—Eso no significa que deba abandonar todo cada vez que alguien me encuentra.

—No entiendes cómo funciona esto.

—Entonces explícame.

—Las Casas no atacan igual que criminales comunes.

—¿Cómo atacan?

—Primero eliminan tus rutas.

—¿Dinero?

—Dinero. Trabajo. documentos. amigos. información. refugios.

Adrián lo miró.

—No tengo casi nada.

Jian Mo sonrió.

—Por eso sobreviviste tanto.

La frase tenía sentido.

Adrián había vivido ocho años con pocas conexiones.

Pocas personas podían utilizarse contra él.

No tenía pareja.

No tenía familia cercana.

Sus amistades eran superficiales.

Tal vez aquello también había sido parte del plan.

—Necesito entrar al apartamento.

—¿Por qué?

—El medallón.

Jian Mo dejó de sonreír.

—Lo dejaste allí.

—Sí.

—Idiota.

—No sabía que iba a convertirme en un objetivo internacional antes del desayuno.

—Ya eras objetivo.

—Solo no lo sabía.

Llegaron al edificio.

La calle estaba normal.

Demasiado.

Jian Mo observó ventanas, coches y tejados.

—Tres.

—¿Qué?

—Tres personas vigilando.

Adrián no vio ninguna.

—¿Dónde?

—No mires.

Entraron.

El guardia nocturno ya había sido reemplazado.

El hombre nuevo no reconoció a Adrián.

—¿Apartamento?

—406.

El guardia revisó una lista.

—No aparece.

Adrián frunció el ceño.

—Vivo aquí.

—Nombre.

—Adrián Valerius.

El hombre buscó.

—No.

Adrián miró a Jian Mo.

Él levantó una ceja.

Rutas.

Subieron.

La llave de Adrián no funcionó.

La cerradura había sido cambiada.

Golpeó.

Una mujer abrió.

Cincuenta años.

—¿Sí?

—Este es mi apartamento.

La mujer pareció confundida.

—Vivo aquí desde hace tres años.

Adrián la observó.

Todo su interior se tensó.

—¿Tres?

—Sí.

Jian Mo lo agarró del brazo.

—Vámonos.

—No.

Adrián miró dentro.

El mobiliario era diferente.

Paredes distintas.

Ni rastro de su vida.

—Esto no es posible.

La mujer cerró la puerta.

Jian Mo lo arrastró hacia las escaleras.

—Ahora entiendes.

—Estuve aquí hace dos horas.

—No importa.

—¿Cómo pueden cambiar todo?

—No lo cambiaron.

Adrián se detuvo.

—¿Entonces?

Jian Mo bajó la voz.

—Estás mirando un velo.

—¿Una ilusión?

—Algo parecido.

—Rómpelo.

—No.

—¿Por qué?

—Porque hay alguien esperando que lo hagamos.

Adrián sintió la marca arder.

Giró.

Al final del pasillo había un hombre.

Traje negro.

Sin paraguas.

Sonriendo.

—Jian Mo.

Jian Mo llevó la mano a la espada.

—Hace años que no nos vemos.

El hombre miró a Adrián.

—Y tú debes ser el muerto.

Adrián no respondió.

—¿Quién es? —preguntó.

Jian Mo dijo:

—Wei Kuan.

Otra Casa.

—Casa Wei.

El hombre sonrió.

—Me halaga que todavía me recuerdes.

Jian Mo respondió:

—Es difícil olvidar una rata.

Wei Kuan no pareció ofendido.

—Vine a conversar.

—Con hombres ocultos afuera.

—Precaución.

Adrián habló.

—¿Qué quiere?

Wei lo miró.

—Verte.

—Ya lo hizo.

—No. Ver qué eres.

Adrián sintió algo.

La presión.

Wei Kuan liberó una energía invisible.

El pasillo pareció estrecharse.

Adrián respiró.

Su cuerpo reaccionó.

La Primera Puerta golpeó.

Jian Mo se colocó delante.

—No.

Wei sonrió.

—Así que es cierto.

—No sabes nada.

—Sé que respondió.

Adrián apretó los puños.

—¿Quién lo envió?

Wei negó.

—Nadie.

—No le creo.

—Las Casas no son ejércitos. Muchos tenemos intereses propios.

—¿El suyo?

—Curiosidad.

Jian Mo dijo:

—Miente.

—Claro.

Wei miró a Adrián.

—Pero no sobre todo.

Sacó una tarjeta.

La dejó caer.

—Si sobrevives tres días, llámame.

—¿Por qué tres?

Wei sonrió.

—Porque ya se emitió una Orden de Verificación.

Jian Mo palideció.

Adrián lo notó.

—¿Qué es?

Wei respondió:

—Una tradición.

—Explique.

—Cuando aparecen dos candidatos legítimos para una posición de sangre, las Casas pueden pedir una verificación.

—¿Combate?

—A veces.

—¿Prueba de ADN?

Wei rio.

—Las Casas son antiguas, no estúpidas. Usamos ciencia.

Pausa.

—Pero la sangre no es lo único que heredamos.

—¿Las Puertas?

La sonrisa desapareció.

Wei lo observó.

—Sabes más de lo esperado.

—Menos de lo que quisiera.

Wei Kuan retrocedió.

—Tres días.

Jian Mo dio un paso.

—No te vas.

Wei dejó de proyectar presión.

La luz parpadeó.

Cuando volvió...

había desaparecido.

Adrián miró el lugar.

—¿Cómo?

—Técnica de movimiento.

—¿Cultivación?

—Sí.

—Quiero aprender.

—No.

—No te pregunté.

Jian Mo suspiró.

—Abrir fuerza antes de conocer tu Puerta podría matarte.

Adrián recogió la tarjeta.

Solo decía:

Wei Kuan — Wei Meridian Holdings.

Un empresario.

Perfectamente normal.

Eso era lo inquietante.

—Necesito el medallón.

Jian Mo miró la puerta 406.

—Entonces tendrás que romper el velo sin activar la Puerta.

—¿Cómo?

—Recordando.

Adrián frunció el ceño.

—Tu espacio está ahí. El velo altera tu percepción.

—¿De todos?

—De quien no tiene vínculo.

—Yo tengo vínculo.

—Por eso puedes romperlo.

Adrián cerró los ojos.

Recordó su puerta.

La mancha en la pared.

La taza.

El armario.

Respiró.

No buscó energía.

Buscó memoria.

Cuando abrió los ojos, la puerta había cambiado.

Su cerradura.

Jian Mo sonrió.

—Bien.

Entraron.

El apartamento estaba intacto.

Adrián fue por el medallón.

Al tocarlo escuchó un susurro.

No en la habitación.

Dentro de su mente.

No dejes que el hombre sin sombra abra el registro.

Adrián giró.

Jian Mo estaba detrás.

Su sombra se proyectaba sobre la pared.

Entonces alguien más apareció reflejado en el espejo.

Un hombre.

Sin sombra.

Adrián atacó el reflejo.

El espejo explotó.

Una mano surgió desde un lado.

La caja negra fue arrancada de sus brazos.

El desconocido saltó por la ventana.

Adrián corrió.

Cuarto piso.

El hombre cayó.

No al suelo.

Aterrizó sobre una cornisa.

Después otra.

Jian Mo gritó:

—¡No lo sigas!

Adrián saltó.

Durante un segundo, la ciudad quedó debajo.

Su cuerpo recordó algo antiguo.

Rodó al caer.

Dolor.

Pero siguió.

El ladrón corría sobre tejados.

Adrián detrás.

La Primera Puerta golpeaba.

Una vez.

Dos.

Tres.

La marca crecía.

El hombre miró atrás.

—Así que todavía puedes usar Paso del Dragón.

Adrián no conocía el nombre.

Pero su cuerpo sí.

Saltó más lejos.

Lo alcanzó.

Golpe.

Bloqueo.

El ladrón retrocedió.

—Interesante.

—Devuelve la caja.

—No es tuya.

—Entonces ¿de quién?

El hombre sonrió.

—De Adrián Valerius.

Adrián se congeló.

—Yo soy Adrián Valerius.

—No.

El hombre levantó la máscara.

Su rostro era idéntico al de Adrián.

Mismos ojos.

Misma mandíbula.

Mismo cabello.

Adrián quedó inmóvil.

El desconocido sonrió con su propia cara.

—Tú solo robaste mi vida.

Y saltó del tejado.

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